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El Documentalista Enredado Entradas

La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (3)

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Como ya señalamos anteriormente, la profesión del Documentalista/Bibliotecario se redefine una y otra vez, como lo ha hecho a lo largo de su historia, según avanza el desarrollo de la gestión de la información y la aplicación de las nuevas tecnologías. Pero, a pesar del esfuerzo realizado por reconvertirse sobre sus viejas estructuras, el profesional se encuentra ante la dura realidad social sobre la que nos encontramos.

Los titulados que acaban sus carreras universitarias, preparados (¿o pre-parados?) y conscientes de su rol social, comienzan a reclamar como suyas, puesto que para ello poseen un título aprobado por la Administración, las plazas en bibliotecas y centros de información que hasta entonces habían nutrido licenciados en Geografía, Historia, Filosofía, Filología y de otras ramas. El conflicto, y el debate, les asalta a estos profesionales recién formados dentro del término intrusismo que consiste en el acceso a esas plazas de personas o bien que no posee el título o bien que han realizado un cursillo sobre Biblioteconomía, según afirman ellos mismos. Personalmente, creo que en ocasiones se ha ninguneado erróneamente desde algunos sectores el trabajo realizado por verdaderos profesionales que, si bien tenían una formación deficiente, se preocuparon por ofrecer el mejor servicio posible a sus usuarios y aumentar la calidad de éstos.

Otro de los lastres que sulfura a los nuevos profesionales es la incapacidad de adaptación de la Administración pública que todavía hoy convoca plazas de empleo público para centros de información dirigidas para licenciados en casi todo, exceptuando la diplomatura en Biblioteconomía o la licenciatura en Documentación. Además, y desgraciadamente, en algunos pequeños municipios las plazas de bibliotecarios son consideradas para o bien ofrecer a un familiar no especializado un trabajo o bien ejercer mobbing (malos tratos psicológicos en el trabajo) a un funcionario no afín al partido político gobernante o bien la jubilación dorada de algún bedel.

Afortunadamente, estos dos hechos comienzan a ser transformados lentamente gracias en gran parte al trabajo sobresaliente, ilusionado e ilusionante que realizan las nuevas promociones de licenciados dentro de los puestos de trabajo a los que acceden, añadidas a las reclamaciones que se hacen desde los sectores profesionales de Biblioteconomía. Sin embargo, este gran esfuerzo que se está realizando no puede superar la realidad que vivimos hoy en día.

El primer hecho consiste en la deficiente calidad laboral en la que se encuentra inmersa España. Los trabajos son temporales y deficientemente remunerados, la renovación de contratos después de la finalización de una beca o una práctica en ocasiones se hace bajo la figura del falso autónomo, incluso por propia iniciativa la Administración, con los costes que debe soportar el trabajador. Además, aunque esto no es exclusivo de los Documentalistas, gracias a su formación, muchos nuevos profesionales se encuentran en la situación de que poseen mayores y renovados conocimientos que sus superiores y, sin embargo, no encuentran ni la complicidad ni la comprensión ni el apoyo necesarios para poder mejorar un servicio o desarrollar otro.

Para añadir un peldaño más al esfuerzo del nuevo documentalista, nos hallamos en un momento en el que existe un completo desconocimiento social de las funciones que un profesional de la información puede realizar dentro del ámbito empresarial. La sola mención de la carrera de ¿bibliotecoqué? provoca más de una carcajada, para pasar a la pregunta de: ¿Para eso hay que estudiar?

Esto nos debe trasladar al ámbito universitario, puesto que toda preparación que se pueda recibir se convierte en recursos financieros y humanos desperdiciados si se preparan a personas que posteriormente no encuentran demanda en la sociedad. Esto puede deberse por diversos factores, o bien porque no existe un vínculo entre la universidad y la empresa o bien vínculo porque la balanza oferta-demanda del mercado está desequilibrada. Ante esta situación, el nuevo documentalista tan sólo le restan realizar dos acciones: Sobrevivir con los contratos en precario que puedan surgir y/o bien prepararse oposiciones.

Continuará el martes, 10 de agosto

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La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (2)

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El completo desarrollo de la informática en las organizaciones y el comienzo de la instalación de la telemática en España, que se produce en los centros de información a lo largo de la década de los años 90, coincide con la implantación de las carreras universitarias en España. Las nuevas tecnologías comienzan a generalizarse en todas las facultades ya se trate de facultades dedicadas a la investigación tecnológica como a las denominadas genéricamente de Humanidades. A mediados de la década de los 90, tímidamente, se comienzan a impartir en las carreras universitarias Nuevas Tecnologías aplicadas a la Documentación que exceden el cómo realizar una buena ecuación de búsqueda sobre una base de datos.

En un breve lapso de tiempo, la informática comienza a tomar posiciones en la toma de decisiones dentro de los centros de información. Sin embargo, son muy pocos los documentalistas y los bibliotecarios que están capacitados para realizar consejos sobre la implementación de las nuevas tecnologías en sus propios centros puesto que desconocen la disciplina Informática y sus fundamentos.

Esta situación de indefensión del profesional de la información no provoca un vuelco en las universidades sobre los contenidos a impartir y se prosigue aportando una educación más humanista que tecnológica. Este factor también tiene un impacto importante sobre el hecho de que la mayoría de los estudiantes que acceden a las carreras de Documentación provienen de opciones de bachillerato de letras o se trata de titulados carreras universitarias de Humanidades y se muestran inseguros y, en ocasiones, incapaces sobre asignaturas de corte más técnico.

Mientras tanto, Internet y sus protocolos se adueñan de la información apoderándose al mismo tiempo de los procesos productivos de la sociedad, reconvirtiéndola en la denominada Sociedad de la Información. Este hecho provoca un giro dentro de la disciplina de Documentación, se comienza a teorizar lentamente sobre el surgimiento de las nuevas organizaciones basadas en estructuras matriciales, sobre las necesidades informativas de estas nuevas organizaciones, sobre la gestión de los recursos de información de éstas, además de los nuevos contenidos de la web y su estructuración, la usabilidad de las páginas que la constituyen, etc.

Y, sin embargo, en algunos casos estas nuevas vías abiertas no se exportan de forma significativa hacia los planes de estudio que se mantienen de forma similar en las clásicas biblioteconomía, fuentes de información, literatura gris, bibliografía, documentación administrativa, catalogación y clasificación, lenguajes documentales y la citada archivística junto con sus asignaturas complementarias. Es durante el segundo ciclo universitario cuando comienzan a impartirse materias que marcarán de forma significativa la evolución de los profesionales de la información durante el siglo XXI. Se trata de materias como evaluación y calidad de servicios, bibliotecas digitales, gestión de la información en las organizaciones (GIO), diseño de documentos multimedia, etc.

Continuará el martes, 3 de agosto

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La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (1)

Dentro de esta profesión, como imagino que en el resto de profesiones, hay ocasiones para los encuentros y, claro, para los desencuentros. Sin embargo, para los profesionales de la información, el primer conflicto puede nacer con tan sólo leer el título de este artículo que me dispongo a escribir y cuya publicación prolongaré durante algunas semanas de verano. Mi interés fluye hacia otros derroteros, puesto que el conflicto sobre la dualidad «Bibliotecario – Documentalista» ya está claramente superada.

Así, diré que se trata de dos puestos laborales distintos y complementarios, que se encuentran unidos por un fino hilo que se resiste a ser roto. Por ejemplo, la educación universitaria en España tiene como objetivo la formación de bibliotecarios y documentalistas a lo largo de una diplomatura (tres años), mientras que la categoría de documentalista se amplía durante dos años más con la licenciatura, dando un total de ciclo formativo de cinco años.

Por otro lado, los que yo considero otros profesionales de la información, los archiveros, han tratado de desvincularse de estas dos profesiones con cierto desdén que nunca he alcanzado a comprender. A pesar de que es obvio que las tres especialidades disponen de materiales y métodos distintos, los objetivos son similares, si no próximos, y consisten en la descripción, almacenamiento y recuperación de la información. Y si bien en las distintas diplomaturas de Biblioteconomía ofrecidas por las universidades españolas se imparte archivística, paleografía, diplomática y numismática; los archiveros se resisten a ser englobados dentro de los Colegios Profesionales de Bibliotecarios y Documentalistas, reservándose así una cierta exclusividad de élite.

Estos colegios, los existentes como el de Cataluña y los que se encuentran en proyecto de ser constituidos como el de la Comunidad Valencia o Galicia, reafirman los lazos de las profesiones del bibliotecario y del documentalista, mientras prosiguen en sus intentos de tender puentes hacia la figura del archivero.

Pero, respecto a las tres, permitidme añadir algo novedoso, un nexo que reafirma mi convencimiento de que son diferentes, mas, como ya señalé, complementarias. Me refiero al hecho fehaciente consistente en que las tres profesiones se deben reinventar y reciclar constantemente, derivándose la necesidad de que la formación de un profesional de la información no puede acabar tras cinco años de estancia universitaria.

La explicación al reciclaje es bastante sencilla. El pilar fundamental se halla en la elaboración y desarrollo de nuevos procesos de tratamiento informativo y documental que se derivan de la informatización, primero durante la década de los 80, y de la generalización de la telemática y los nuevos protocolos de compartición de la información.

Ante esta nueva situación, son el bibliotecario y el documentalista los que descubren lentamente y en un primer momento, mas sin duda maravillados, las nuevas posibilidades que Internet y las nuevas redes de información les ofrecen. Ante las numerosas fuentes de información que se hacen accesibles, comprenden la necesidad de integración de sus profesiones dentro de un nuevo marco en los que abandonan progresivamente el rol de ser intermediarios entre los usuarios de los centros y la información, pasando a ser recolectores, gestores y asesores de la misma. Este proceso de digitalización provoca el comienzo de la aparición de nuevas especializaciones dentro del complejo mundo de la Documentación, dando mayor relevancia a la información en sí que al soporte. Me estoy refiriendo a los infonomistas, gestores del conocimiento, gestores de la información y de contenidos, arquitectos de la información, etc.

Mientras tanto, el archivero parece permanecer ajeno, casi agazapado, a este cambio pensando quizá que tal vez Internet no vaya a producir un impacto efectivo en su modo de trabajo y, sin embargo, lo hace de forma irremediable a partir de la primera década del siglo XXI.

Las administraciones públicas comienzan a utilizar la nueva vía de comunicación que ofrece la Red, arrinconando lentamente pero de forma imparable, algunas gestiones que antes se realizaban con formularios sobre el soporte de papel. El desarrollo informático comienza a desarrollar y presentar soluciones fiables para el papel electrónico (e-paper), acompañándolo de la firma digital y nuevos recursos que conducen hacia la nueva administración digital. Por otro lado, los propios archivos históricos, que gestionaban los archiveros mayoritariamente, comienzan a salir del ostracismo bajo el que estaban sometidos por criterios de seguridad y conservación haciendo accesibles sus fondos a través de Internet. El proceso de digitalización también les alcanza y el papel de intermediario entre el investigador y el documento que realizaban los archiveros se ve cuestionado como les sucedió a sus primos hermanos, los bibliotecarios y documentalistas.

Continuará el martes, 27 de julio

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El software que no puede faltar en mi ordenador

A lo largo de mi experiencia como internauta, me he ido encontrando con pequeñas aplicaciones que aunque gratuitas o semigratuitas, me solucionaban pequeños problemas con los que me iba encontrando, a la vez que cubrían algunos que yo desconocía poseer. Incluso diré más, puesto que una vez que ocupaban una pequeña parte de mi disco duro, lo hacían también en una pequeña parte de mis necesidades como usuario.

Por ello, quiero realizar y ofrecer una pequeña recopilación del software gratuito, o en su defecto shareware, que yo considero una necesidad poseer y tener instalado en mi ordenador, en este caso un PC que corre en Windows. Por supuesto que se admiten reproches, pero la pregunta que me viene a la mente es: ¿Podríamos afirmar que se trata de software que todo Documentalista debería tener instalado en su ordenador?

No me aventuraría tanto, pero sí que lo considero como el software necesario para el internauta medio.

Navegador de Internet

Aunque debería promover aquí la utilización del navegador de Mozilla o del navegador Firefox, por cierto que cada vez que publican una nueva versión se superan a sí mismos, no lo voy a hacer. La razón es que si consideras que el Internet Explorer cubre tus necesidades, a pesar de ser un poco lento a la hora de cargar las páginas, puedo recomendarte la utilización de la aplicación de Avant Browser para sustituirlo.

Esta aplicación utiliza el núcleo del programa Internet Explorer, pero te ofrece una serie de ventajas añadidas que hicieron que yo no saltase a Mozilla a la hora de navegar por Internet. La principal es la navegación tabulada que todavía no incorpora Explorer, pero además una serie de opciones como un bloqueador de anuncios publicitarios, de pop-ups, la posibilidad de no cargar las imágenes y/o las animaciones en flash de los sitios que visites, de no reproducir los sonidos si tú no se lo permites, etc. Además, posibilita la realización de traducciones a distintos idiomas utilizando el traductor de Google. Por supuesto que está en español.

FTP

Otra de las herramientas que son completamente inherentes al internauta medio son los clientes FTP (File Transfer Protocol). Si posees una página web personal, creo que sentirás la necesidad de subir y bajar documentos a tu sitio web, incluso querrás poder administrarlo de una forma sencilla a la hora de crear y borrar directorios, por ejemplo. Desde que comencé a utilizar internet cuando fui administrador de la Revista Lletraferits, el programa WS_FTP había sido mi cliente preferido, sin embargo no me satisfacía completamente por la deficiente navegación entre los directorios de mi ordenador y de mi servidor.

La solución la encontré en Filezilla, que no tiene nada que ver con la fundación Mozilla, que es una solución de código abierto que supera a muchos clientes FTP que he probado. Este programa sólo se encuentra en inglés.

Firewall

Cuando nació el virus Blaster el verano de 2003, aquellos que ya teníamos una línea ADSL o nos conectábamos a través de una IP fija, descubrimos que éramos unos incautos. Claro que Microsoft también demostró que lo era dando tantas facilidades a los programadores de virus y tuvo que someter a sus usuarios a una reeducación intensiva. Afortunadamente, la solución ante este problema era relativamente sencilla y tan sólo teníamos que configurar el WXP para que protegiese nuestra conexión a Internet cerrando los puertos que no utilizasen los programas que estuviesen en ejecución.

Sin embargo, algunos quisimos dar un paso más y nos planteamos la instalación de un firewall para controlar los programas que accedían a Internet y la información que recibía nuestro ordenador. Uno de los mejores, y de los más sencillos de utilizar, es ZoneAlarm que dispone de una versión gratuita contanto sólo con el firewall y otra de pago con más soluciones como un bloqueador publicitario.

Zip y los archivos comprimidos

Cuando Microsoft publicó su nuevo sistema operativo Windows XP , instaló de forma predeterminada un sencillo compresor de archivos Zip para su explorador de sistema. De esta forma, el archiconocido Winzip descubría que su mercado se constreñía una vez más. Por supuesto que estos métodos de compresión no son los únicos. Existen una completa amalgama de programas que tratan de comprimir archivos y a la vez demostrar que su algoritmo de compresión es superior, como por ejemplo Winrar.

Ante tamaño caos de opciones, yo sólo deseaba un programa gratuito que lo comprimiese y descomprimiese todo a la vez. Los anteriormente citados ni son gratuitos ni comprimen y descompriment todo, por lo que la solución que descubrí fue IzArc que se integra perfectamente en el sistema operativo y es completamente gratuito.

Blogs y alimentador de RSS

Ya nombré a w.bloggar en un anterior envío en este blog y, por lo tanto, no creo que haga falta que lo vuelva a recomendar, así que paso directamente a los alimentadores de feeds.

He probado algunos con concepciones diferentes (Abilon y Pluck) pero, definitivamente, me quedo con Sauce Reader. Éste utiliza la tecnología Framework .NET de Microsoft, sin embargo es el único que todavía no me ha dado ningún problema, incluso se ha demostrado más ágil a la hora de mostrar los últimos envíos en mi ordenador. La única pega, si puede considerarse de este modo, consiste en que es un poco lento a la hora de ejecutarse y cerrarse, en cualquier caso todavía no le he encontrado ninguna más.

Otras necesidades a título personal

Si queremos rizar aún más el rizo, podemos añadir unas funciones más funciones a nuestro sistema. El sistema operativo de Apple, Mac-OS, dispone de un software instalado por defecto que consiste en pegar post-it digitales en el escritorio del usuario. Lo cierto es que un documentalista siempre está realizando tareas sobre el ordenador mientras que sigilosamente se le acumulan otras, ¿por qué no pegar unos recordatorios en el escritorio por si la memoria nos falla? El software que yo utilizo es el ATnotes disponible en castellano.

Otra de las funciones que no están disponibles en MS Windows es el de la agenda. No todos disponemos de los recursos necesarios para poder disponer de un MS-Outlook para poder disfrutar de un calendario a modo de agenda y señalar los días más importantes del mes, además de poder acceder sin el menor esfuerzo a los meses que vinieron y se fueron. Rainlendar dispone de un gran estilo visual que puede cubrir las necesidades de aquellos que no disponemos de un estilo de vida de ejecutivo. Muy recomendable.

Y una función más, ¿cansado de que el programa de correo te ocupe espacio en la barra de tareas? Necesitas enviar un programa al Systray o área de notificación? 4t Tray es el programa que me solucionó poder disponer del iTunes, otro programa recomendable, en un espacio mínimo, además de tener el programa de correo siempre activo dispuesto a recibir e-mails en cualquier momento.

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Urs Hozle (Google) y los documentalistas

De vez en cuando, cuando el tiempo y mi humor me lo permite, arreglo los muchos papeles que se van amontonando en mi mesa. Es curioso la cantidad de papel que uno puede coleccionar durante un año, que piensa que no podría tirar, pero finalmente siente que debe de hacerlo para salvaguardar una parte. ¿A qué me suena esto…?

En cualquier caso, de lo que nunca me desprendería es de mis viejas revistas del Ciberpaís. Para aquel que lo desconozca, a finales de 1999 y principios de 2000, el Diario El País decidió relanzar su suplemento Ciberpaís como una revista de tirada mensual. En un principio, aquella revista estaba impresa en lo que se conoce en el argot periodístico como formato tabloide. Es decir, que cuando la abrías tenía el tamaño de un periódico, pero era una revista con sus páginas satinadas y con un precio de 300 pesetas de las de entonces, 1’8 € de los de ahora. Obviamente, las primeras cartas al Director fueron para elogiar la apuesta editorial del grupo editorial del Diario y para criticar el tamaño tan poco manejable de la revista.

Yo me compré los tres primeros, pero al cuarto me negué a seguir comprándolo hasta que no le redujesen el tamaño. Algo que finalmente hicieron, aunque por lo visto, no fue suficiente para poder remontar la crisis publicitaria y aumentar las ventas. Hay que indicar que la publicidad se resintió tanto en los medios de comunicación como en las aventuras puntocom a lo largo de los años 2000-2002 y la revista, finalmente, desapareció de los kioscos. Sin embargo, los redactores tuvieron tiempo de dejarnos algunas perlas. Y una de ellas me la encontré hace algunos sábados, echando un vistazo a un artículo especial sobre Google.

«[…]

Tras recibir premios y laureles en la Universidad de Michigan, (Larry) Page emigró a Stanford para seguir un doctorado en Ciencias de la Computación. Sergey Brin nació en Moscú, pero se ganó los laureles matemáticos en la Universidad de Maryland. Para su doctorado también eligió Stanford. Allí se encontraron los dos. Finales de 1995. Page de 22 años; Brin, de 21. Larry me pareció detestable, recordó posteriormente Brin. No paraba de hacer bobadas. Pero los dos coincidían en una cosa, recuerda Brin: Los buscadores de Internet de entonces eran absurdos. Clasificaban las páginas según las veces que se repetía en el texto la palabra que querías buscar. Su doctorado versaba sobre el abstracto tema de Nuevas vías de buscar información en Internet. Por entonces, Yahoo! (1994) era un directorio de páginas editado manualmente. Altavista (1995) había abierto camino con la búsqeuda automática, pero era tan exhaustiva como poco práctica.

Los buscadores bajaban todas las páginas. Miles. Entonces se elegía entre las que contenían todas las palabras de la consulta, las que iban en el titular o las que se repetían mucho. Altavista era interesante para los documentalistas, pero no para los internautas. El que habla es […] el vicepresidente Urs Hozle […]. El problema es que Internet crece cada vez más y la elección es difícil.

[…]»

MARTÍN, Javier. Googlandia. Ciberpaís nº 17, Diciembre 2000. p. 26

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¿Vacaciones? ¡Quién pudiese cogerlas!

Seamos francos, el equipo del Documentalista Enredado tiene unas ganas locas de coger vacaciones y poder disfrutarlas. Sin embargo, nos tememos que tendremos que esperar un año (más) para poder hacerlo, o al menos hasta octubre de 2004 si encontramos un hueco. Mientras tanto por motivos que no detallaremos aquí, nos vemos en la obligación de aparcar la actualización de la web durante el periodo estival. Así pues, durante los meses de julio y agosto no vamos a añadir noticias de forma diaria como veníamos haciendo hasta ahora.

A pesar de esto, os comunicamos que andaremos por aquí, que el Foro permanecerá abierto, seguirán habiendo trabajos, becas y oposiciones; que si se produce una noticia remarcable la recogeremos y que el este blog todavía se irá actualizando con algunos envíos que tenemos en la recámara.

Claro que si no vamos a poder torrarnos al Sol más de la cuenta o escalar alguna montaña, al menos trataremos de mejorar el portal de El Documentalista Enredado con algunos aspectos que tenemos descuidados casi desde que comenzamos. De esta forma, cerraremos algunas cosas pendientes que ya comienzan a dar vergüenza ajena así como la mejora de secciones y la incorporación de alguna nueva.

Esperamos que vosotros, los que podais, descanséis y que disfrutéis de estos meses.

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Etapas en la Auditoría de Información

1. Identificación de los aspectos relevantes

Esta identificación es interesante para el estudio de los objetivos, prioridades y otros, ya se trate de la unidad de información o de la organización a la que pertenece. En esta etapa, se especificarán tanto los aspectos generales de la unidad a estudiar como de la organización en su conjunto. Se detallará tanto su misión, los objetivos que posee a largo y corto plazo, el volumen de ventas, la tasa de penetración en el mercado, población atendida, así como el número de usuarios que posea.

2. Diseño de los modelos de recogida de información.

La información que hay que tener presente y debe recogerse es tanto la información de la propia empresa como estadísticas de venta o difusión, informes realizados para la organización, archivos y bases de datos de los departamentos; como información del sector al que pertenece la organización.

La tipología de la información que se recoge puede ser:

  • Tecnológica. Tanto de la organización como de los productos informativos que genera, el nivel de desarrollo en relación con el exterior e imagen.
  • Mercados. Volumen, facturación, crecimiento, concentración, localización geográfica.
  • Entorno. Políticas de información con el entorno, marco sindical al que está adscrito la organización.
  • Sobre la empresa. Actiidad global, capacidad técnica, habilidad económica y comercial, imagen de la organización frente los clientes.

Los pasos para la recogida de la información pueden ser numerados en:

  1. Identificación de los aspectos más relevantes para el estudio de objetivos, prioridades.
  2. Selección de los departamentos para las entrevistas que se realizarán.
  3. Asignación de la responsabilidad para las entrevistas.
  4. Diseño de un plan para la confección de los cuestionarios y su distribución.
  5. Confección de un plan para el registro de los datos.

3. Diseño del sistema de información de la organización

Una vez hecho esto, podremos tener información sobre la información consumida por la organización y sus departamentos, los flujos de información dentro de la organización y las fuentes de información tanto internas como externas de las que hacen uso, su tratamiento informativo y su difusión.

De esta forma, tendremos la situación de cada producto informativo así como capacidad de decisión sobre su expansión, reducción o la supresión de cada producto. También poseeremos las necesidades que cada producto satisface y el comportamiento de los consumidores.

La capacidad de evaluar la rentabilidad social de cada producto debe ser fruto de los resultados económicos que se obtengan de éstos en función de las expectativas, misión y objetivos de la unidad y de la organización.

4. Diseño de la estructura organizativa

Hay que tener presente que los canales de información son difíciles de cambiar, por lo que es preferible adaptarse a ellos. La confección de la estructura organizativa de la organización podrá permitirnos la asignación de tareas y vínculos de jerarquía y dependencia dentro de la unidad, así de poner de relieve los flujos de información dentro de la organización.

Hay que conocer qué información maneja cada departamento, dónde la adquiere, a qué tratamiento es sometida y hacia dónde es transmitida. Para ello habrá que identificar y señalar los canales internos de distribución que indican cómo se mueve la información hacia los puntos de decisión:

– Unidades para la transmisión física.
– Unidades para la anotación y preparación de la información.
– Unidades encargadas de la adquisición de la información primaria.
– Unidades para la obtención de aseveraciones técnicas para la decisión.
– Unidades para la interpretación de los objetivos de la organización.
– Unidades para la retención de la información.

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