El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

El libro imaginado por Frank Herbert

Nunca he sabido explicar mi pasión por Dune, pero lo cierto es que, desde que a los 14 años descubrí esta novela de ciencia-ficción de Frank Herbert, no ha pasado uno solo en el que no la haya leído al menos una vez (normalmente esta lectura suele ir acompañada de otra en la que releo los pasajes que más me gustan). Quizá porque tengo más tiempo para saborearla, o quizá porque el relato transcurre en un planeta desértico, donde el calor, el agua y la sed rigen la vida y la muerte, me gusta leer esta novela sobre todo en verano. Este año no iba ser la excepción y esta vez, en su lectura, he intentado ver algo más que la historia que narra, he querido descubrir la concepción que Herbert tenía sobre el futuro del libro cuando escribió Dune en 1966.

El universo de Dune describe un futuro lejano en el que, bajo un sistema galáctico de gobierno feudal, se entremezcla la tecnología con la tradición y el misticismo, los viajes espaciales son posibles y algunos humanos han desarrollado su mente de forma prodigiosa para superar a las máquinas, ya que “Hubo un tiempo en que los hombres dedicaban su pensamiento a las máquinas, con la esperanza de que ellas les harían libres. Pero esto sólo permitió que otros hombres con máquinas les esclavizaran”.

En 1966, cuando se escribió esta novela, la informática ya estaba en un proceso de evolución imparable. La fabricación de ordenadores con circuitos integrados daba paso a una tercera generación de ordenadores, y se producía una explosión en el uso de estos. Pero Herbert no imaginó un futuro tecnológico en el que los ordenadores interferirían en todos los ámbitos de la vida, como sucede en la actualidad. Quizá fue porque quiso seguir la premisa que estableció en su novela: “No construirás una máquina a semejanza de la mente del hombre”; o quizá porque, al igual que otros escritores de ciencia-ficción de su época, no fue capaz de vislumbrar la importancia que la informática y las nuevas tecnologías tendrían en la sociedad actual.

Esta visión “limitada” que Herbert nos ofrece respecto al uso de la informática se ve también reflejada en cómo describe en su novela los formatos de información, en general, y el libro, en particular: también aquí se dan la mano tradición y tecnología.

En Dune hallamos formatos tradicionales como: pergaminos, libros, mapas y otros documentos en papel, que a su vez se guardan en mobiliario también tradicional como librerías y archivadores metálicos, y se encuentran en bibliotecas. Pero asimismo hallamos “nuevos formatos” como: “librofilms” que a través de un visor muestran grabaciones (¿precursor del libro electrónico?), cilindros de mensajes que se desenrollan para leer (¿cómo los papiros?), cápsulas de “filmclips”, cintas y bobinas…

Pero entre todos estos nuevos formatos es imprescindible señalar la detallada descripción que hace de un libro muy especial, “anterior a los librofilms”:

Puso un objeto sobre la mesa, entre ellos dos: negro, oblongo, no más largo que la última falange del pulgar de Paul.
Paul lo observó. Yueh notó que el muchacho no hacía el menor gesto para tocarlo y pensó: Es cauteloso.
– Es una viejísima Biblia Católica Naranja hecha para viajeros espaciales. No es un librofilm, sino que está impresa en papel finísimo. Posee su dispositivo de aumento y un sistema de carga electrostática. –Lo tomó para mostrárselo-. La carga la mantiene cerrada, atrayendo entre sí las tapas. Pulsando con el dedo en el lomo… así, las páginas seleccionadas por uno se repelen y el libro se abre.
– Es muy pequeña.
– Pero tiene mil ochocientas páginas. Pulsad con el dedo… así, eso es… y la carga hace girar las páginas a medida que vais leyendo. No toquéis nunca las páginas con los dedos. La trama del papel es muy delicada. –Cerró el libro y se lo tendió a Paul-. Tomad.

Paul recorrió la tapa, encontró dos marcas, una menos profunda que otra. Oprimió la menos profunda y el libro se abrió en su palma, con el dispositivo de aumento deslizándose hacia su lugar.

Con esta cuidada descripción, quizá Herbert, al igual que otros autores más actuales, quiso demostrar su amor a los libros y no renunciar a un mundo con libros en papel, aunque con algunas modificaciones. En cualquier caso, a mí no me importaría que el futuro del libro fuera éste.

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  • Marcos Ros

    Sábado, 20 de agosto de 2005 at 14:20 |

    Una muy buena novela que no podemos dejar de incitar a su lectura. Pero, ¿qué hay de los otros 5 libros sobre Dune de Frank Herbert? ¿Están al nivel del primero? Dejaremos de lado los desarrollados por otros pero que toman su base.

    En cualquier caso, Herbert imagina un libro en un formato curioso, la verdad, a pesar de patinar con los “filmclips”.

  • Maria Elena Mateo

    Sábado, 20 de agosto de 2005 at 21:34 |

    La verdad es que, a pesar de ser una fan absoluta de esta novela, nunca me he atrevido a leer las siguientes de la saga. Temo demasiado que me decepcionen.

    En esta novela, el libro cuya descripción he transcrito juega un papel muy importante en la evolución del personaje. También hay otra escena en la que un libro tiene un papel muy emotivo en la historia.

    Esta claro que Herbert amaba los libros.

  • Barbol

    Lunes, 22 de agosto de 2005 at 12:24 |

    Holaaaaaaaaaaaaa … recientemente me han comentado que el hijo de F.H ha continuado la saga por el principio (antes de la novela 1, que creo que son 6 en total) y ha escrito un puñado de novelas (precuelas) basándose en los esquemas y los árboles genealógicos dejados por el padre.

    Me gustan todas de la saga originales (las del hijo no las he leído, ni ganas que tengo) creo que merece la pena, aunque las que suelen gustar son las tres primeras (creo que especialmente la una y la tres, que son las de temita “desértico”) si no me equivoco en la última que creo que es Casa Capitular se vuelve a recuperar ese espíritu.

    “Dios Emperador Dune es la más difícil de leer, aunque tampoco es para tanto, es incluso la más interesante. Pero es cierto que muy poca gente se lo ha leído, es uno de esos libros malditos como el “Péndulo de Foucault”

    También he visto, que existe ésto, que sería un equivalente al Silmarillion de Tolkien, una recopilación de material no publicado. Aunque dudo que sea igual de bueno que el Silmarillion, que en mi opinión es mucho mejor que ESDLA.

    Por cierto, me ha dicho una amiga que se está leyendo las precuelas del hijo, que en las introducciones ya avisa de que entre las anotaciones del padre NO hay ninguna referencia al final de la serie, que queda abierto en Casa Capitular (sí lo siento, machacando finales 😉

    Ahora estoy releyendo la serie de Fundación de ASIMOV, y ¡vaya sorpresa! me había dejado una sin leer “Hacia la fundación”

    Saludos.

  • giorgio grappa

    Lunes, 22 de agosto de 2005 at 23:45 |

    ¡Qué casualidad! Yo también soy un fan (bastante reciente) de la saga Dune. Me gustó tanto la primera entrega que, en pocos meses, me pulí las otras cinco.
    Dejando aparte la original, mi preferida és la cuarta, Dios emperador de Dune, y, si bien no me pareció especialment difícil de leer (la segunda, por ejemplo, me resultó mucho más complicada), la encuentro llena de reflexiones muy intesantes sobre la naturaleza humana, el poder, el sentimiento de libertad.
    También he leido algunas de las precuelas (cuatro, no sé si son todas las que hay), y, francamente, no llegan al nivel de la saga original; la última que ha caído en mis manos, La jihad Butleriana, es incluso pobre. Hay que agradecer, sin embargo, al hijo de Frank Herber que no intentara acabar el séptimo: prefiero imaginarme un final distinto cada vez que releo una u otra de las novelas.

    Acabo de descubrir este blog y creo que volveré bastante a menudo. ¡Enhorabuena por los artículos!

  • Barbol

    Martes, 23 de agosto de 2005 at 07:16 |

    sip, tiemblo pensando en el hijo de F.H. escribiendo el final de Dune, mejorque se siga entreteniendo con las precuelas.

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