El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

De titulitis y deformación

La formación frustradaNos hallamos en una travesía impestuosa hacia lo desconocido, navegando estos tiempos de crisis, toca a rebato, es la hora de la formación. Las aulas de las universidades rebosarán este próximo septiembre de jóvenes que empiezan su formación superior, mientras que otros alumnos ya no tan jóvenes que consideraban que no volverían a pisar una clase se encontrarán sentados en un pupitre de nuevo.

Los medios de comunicación nos amartillean con que la formación de trabajadores es uno de los pilares sobre los que se sustenta la reactivación económica, el avance de las economías industriales hacia las del conocimiento o incluso el post-conocimiento, ajustando la oferta con la demanda real de perfiles. Mientras, la formación continua es una necesidad para trabajadores y empresas en estos tiempos en que los cambios tecnológicos, económicos y sociales se producen rápidamente en el transcurso de un puñado de años. Sin embargo, ¿podemos encontrarnos satisfechos con aquello que nos enseñan en esos cursos de especialización profesional?

En el transcurso de cuatro años, he realizado varios cursos bastante largos, que abarcaban distintos meses. Se trataba de ofertas formativas bastante atractivas y de cierto empaque en las que acudía a aprender, aunque las experiencias a extraer no fueron todo lo satisfactorias que pudieron haber sido. De hecho, al final de una de ellas, me sobrecogieron comentarios de compañeros tipo: “Esto es un desastre, sólo quiero acabar para que me den el título” Porque no nos equivoquemos, en muchas ocasiones es el trabajador el que se financia la formación en busca de un futuro más dorado y duelen prendas a la hora de pagar 900 euros por cursos de 300 ó 400 horas.

En uno de ellos, los hechos fueron completamente escandalosos y razones no faltaron para solicitar la devolución del dinero. A saber, profesores que no empezaban el módulo a tiempo, mientras los alumnos esperaban durante una semana que el profesor diese señales de vida, teniendo que tomar cartas en el asunto la coordinación del curso; descoordinación total entre los profesores que se aventuraban a realizar las mismas preguntas cada vez que se iniciaba un módulo para desesperación de los participantes cansados de repetir la misma sonata semana tras semana. E incluso profesores un tanto desfasados que aprendían y rehacían los temarios sobre la marcha puede que sobrepasados por los nuevos acontecimientos de la Web. Y es que, como hemos señalado, no sólo los alumnos deben actualizar sus conocimientos, en ocasiones, hasta los mismos profesores no se percatan de los grandes cambios surgidos en breves lapsos de tiempo.

Me hubiese gustado que mi insatisfacción hubiese resultado puntual, un error o simplemente nacida de las circunstancias de un periodo de tiempo concreto. No es así. También he tenido que comprobar que desgraciadamente hasta los mejores centros de formación on-line descuidan los contenidos o incluso el trato hacia los alumnos, como si el pago de una matrícula sólo tuviese el objetivo de obtener una cartulina de dimensiones variables acreditando cierto título.

Así, por ejemplo, una de las actividades fundamentales de la formación son los debates a propuesta del profesor y que deben ser conducidos convenientemente. Aunque en ocasiones los preceptores parecen olvidarse de estas funciones, sugiriendo debates mediante postizos de años anteriores y cerrándolos con la misma premura y conclusiones, no atendiendo a las dudas de sus alumnos o los juicios un tanto perdidos de los cimientos de la materia que se han ido realizando a lo largo de las distintas actividades.

Pagamos para aprender, para disfrutar de nuevos conocimientos y compartir nuevos descubrimientos, tratando de ampliar el horizonte labortal. No es de recibo que se convierta esta tarea en frustración ante la dejadez completa de los profesores que se muestran como meros observadores de un trabajo que se encargan de expedir el “aprobado” sin importar el cómo se ha realizado. Así, no se aprende, sólo se pasa por caja y se cubre el expediente.

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  • Javier Leiva

    Jueves, 26 de agosto de 2010 at 18:20 |

    Coincido en que es necesaria la implicación del profesor, que debe dar materiales y explicaciones pero ante todo generar movimiento en el grupo para que todo el mundo aporte el máximo y la experiencia final sea satisfactoria.

    Es lo que humildemente intento hacer yo como formador y lo que intento que se haga en los programas de los que soy responsable (en Catorze o en otros ámbitos). Seguramente queda mucho que mejorar porque no siempre es fácil romper la inercia de lo recibido (y además uno mismo va aprendiendo, lo que significa que se equivoca muchísimas veces), pero el esfuerzo está ahí por dos motivos:

    1. Porque creo que es lo que sirve a la gente que invierte su tiempo y su dinero en ello
    2. Porque creo que otro planteamiento no puede sino llevar a la empresa a la ruina. Quizá no enseguida, pero a medio plazo no se puede sobrevivir con esquemas del pasado.

    No sé cómo ha quedado, no quería echarme flores sino decir cómo lo veo yo (además coincidimos). Ahí lo dejo 🙂

  • Reepiso

    Viernes, 27 de agosto de 2010 at 09:23 |

    Es curioso, como en los centros privados la exigencia de los alumnos son mayores que en las universidades públicas. No dejemos de pensar que cada alumno que está en una universidad pública le está costando 10500 € anuales de media al estado, aunque muchos piensan que con su matrícula tienen derecho ahasta a una cesta de navidad… El ciudadano debe ser consciente de que los servicios públicos son costosos, y que el profesional que no realice su trabajo conforme a lo establecido está robando a todos, y yo diría qu está robnado a los más pobres, que son a los presupuestos que acaban siendo recortados para cuadrar.

  • Marcos Ros-Martín

    Viernes, 27 de agosto de 2010 at 09:23 |

    Javier, por lo que he visto por ahí (y es lo bueno de ser un profesor 2.0), das un poco de “miedo” porque tus esquemas de enseñanzas son muy innovadores.

    😉

    Obviamente, esto tiene riesgos como por ejemplo que los alumnos se muestren reacios ante el profesor que les exige un poco más. De todas maneras, al igual que al alumno se le requiere un esfuerzo, a los profesores y coordinadores se les debería de requerir otro tanto (Al menos un poco de interés que para eso cobran).

    Mis experiencias más o menos descritas se refieren a cursos de formación impartidos por universidades y a éstas se les debería exigir un plus.

  • Carlos @seovalencia

    Viernes, 27 de agosto de 2010 at 09:50 |

    Tuve un profesor que me dijo que con él no iba a aprender nada… pero que me iba a enseñar a buscar los libros necesarios para poder aprender lo necesario…

    La mayoría de cursos son muy innecesarios habiendo tantos libros por leer.

  • Lía González

    Sábado, 28 de agosto de 2010 at 00:29 |

    “Pagamos para aprender, para disfrutar de nuevos conocimientos y compartir nuevos descubrimientos” totalmente de acuerdo.
    Y cuando pagas por un curso online, 2.0 (osea participativo) y los alumnos no aparecen, no se manifiestan y el profesor no sabe o no puede reconducir para motivar y generar debate y participación ¿Cómo se entiende? A la gente ¿no le importa pagar y no aprender? ¿pagar y no disfrutar de nuevos conocimientos? ¿pagar y pasar de compartir para enriquecerse con la experiencia de los demás?
    Cuando te ves embarcado en algo así donde hay matriculados 10 o 15 alumnos y solo participan 2 o 3 resulta de lo más frustrante y te hace sentir como bicho raro.
    Seguramente la mayoría de las veces sólo se trata de una mala elección del curso.

  • Marcos Ros-Martín

    Lunes, 30 de agosto de 2010 at 08:59 |

    Lía, completamente de acuerdo, sin embargo a veces lanzas preguntas para que te sean contestadas y cuando sólo recibes tibiezas, empiezas a sospechar que ese curso no es para ti. Obviamente todos debemos poner de nuestra parte, pero la ilusión del principio puede verse frustrada si el profesor no pone nada de su parte.

  • Rafa

    Miércoles, 1 de septiembre de 2010 at 13:07 |

    Estás de un inspirado que no veas, casi a post diario.

    Este me parece altamente interesante, me ha recordado un par de conceptos que siempre tocaba un peculiar profesor que tuve , la “paperofilia” y la “factofobia”:

    http://books.google.es/books?id=N8W0Hp63CxcC&pg=PA87&lpg=PA87&dq=factofobia&source=bl&ots=aa_2R_0k2W&sig=Dy57oZh3e1KNiDRFJygf5dIPLls&hl=es&ei=ajN-TOySK8eQjAfGrMHTDg&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=5&ved=0CDIQ6AEwBA#v=onepage&q=factofobia&f=false

    Salut!

  • joanb_palahi

    Sábado, 4 de septiembre de 2010 at 13:42 |

    Estoy al 100% de acuerdo con Marcos, creo que el post que ha escrito resume a la perfección la preocuación que tenemos los recién titulados que trabajamos en nuestro sector. Entre mis compañeros detecto una ansiedad por formarse solo en virtud de lo que se conseguirá al final, es decir el título, lo que es solo un mero trámito administrativo (dedicar horas+cumplir objetivos=título) y no en la adaptación al mercado laboral y, lo más importante, en la asimilación y digestión de contenidos. Ir sumando, sumando títulos per se. Esto no quiere decir que no entienda el tiempo que nos ha tocado vivir donde la formación será continua, sinó perpetua. Pero resume una de mis preocupaciones en los contextos informativos de hoy, nos centramos en la difusión i la rapidez y nos oblidamos de la asimilación. Es que no hay tiempo

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