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Categoría: Enredando

Con Gutenberg, WordPress cambió del todo

Si bien cuando tratas de editar un texto para la web en tu ordenador fuera del sistema de gestión de contenidos, dispones de muchas opciones; en el caso de que lo hagas directamente a través del CMS puede que tus opciones se encuentren más bien limitadas. Si este es el caso, el sistema ha de tratar de convercerte de que sus funcionalidades son las mejores y las más potentes disponibles entre todas las opciones disponibles. Si llevas ya unos años en el mercado y te has posicionado como una de las plataformas más populares en cuanto a distribución de contenidos, un gran cambio puede no satisfacer a tu comunidad.

WordPress decidió en 2008 cambiar su sistema de edición de contenidos y darle un reenfoque. Ya no sólo se trataba de un cambio tan sólo estético, sino que también abordaba cambios en cuanto la filosofía y cómo debería editarse en la Web. El nuevo sistema se denominó Gutenberg en honor al inventor de la imprenta, Johannes Gutenberg (1400-1468), y no faltó la polémica.

Diseñado para favorecer el proceso de edición. Gutenberg transformaba cómo se editaban los textos hasta el momento en WordPress. Si hasta el momento, se seguía una edición lineal como si de un documento en MS Word se tratase, desde Automattic se forzaba a trabajar con los denominados bloques dentro del texto. De esta manera, los textos y las imágenes podían agruparse dentro de ellos favoreciendo la edición, pudiendo trasladar estos bloques con facilidad dentro de la página a publicar. El objetivo era mejorar el proceso de edición tratando que el usuario pudiese ver el resultado mientras está redactando. Además, permitía la mejor implementación de shortcodes, widgets, menús y/o campos personalizados de manera que los usuarios avanzados pudiesen personalizar todavía más las páginas a publicar.

Este movimiento aunque polémico era considerado necesario atendiendo a la creciente competencia que tenía WordPress como producto debido a las nuevas plataformas de publicación de contenidos como Medium, Ghost o Wix. Hay que tener presente que si bien WordPress es un sistema que puedes descargarte e instalar en un servidor libremente, también dispone de un servicio de alojamiento de contenidos con un modelo Freemium que es justo lo que Automattic estaba tratando de hacer frente.

Por desgracia, la implementación se realizó de forma forzada durante la liberación de la versión 5.0, lo que provocó problemas en muchos plugins de amplio uso e incluso la comunidad sintió que se les imponía algo que todavía no estaba preparado para ser lanzado. Gutenberg recibió muchas críticas puesto que no parecía estar lo suficientemente integrado (en otras palabras, maduro) para ser implementado. A esto se añadía que debido a la nueva concepción de edición presentaba mayores barreras de entrada a los usuarios puesto que no todo el mundo encontraba el nuevo sistema como algo cómodo de usar. Se ha llegado al extremo que una parte de la comunidad se ha sentido traicionada y, de hecho, ya ha aparecido un fork de WordPress llamado Classicpress que trata de dejar las cosas como estaban.

De momento, está claro que Gutenberg ha llegado para quedarse y que irá recibiendo mejoras en muchos frentes. Creo que es un sistema es potente, aunque la curva de aprendizaje puede ser alta para algún usuario. Más allá de las resistencias, de hecho uno de los plugins más descargado es Classic Editor con el que puedes revertir el editor a TinyMCE y que será actualizado de forma oficial hasta 2022, creo que hay que darle una oportunidad e irse adaptándose a él y a todas las capacidades que tiene.

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Editores para abordar la pantalla en blanco

Hace unos años, escribir para la web era más difícil que hoy en día. Necesitabas entender qué era un lenguaje de marcado, las etiquetas que lo componían y cómo funcionaban. La edición se hacía sobre un texto plano y, obviamente, lo más difícil era no despistarte a la hora de cerrarlas, puesto que su filosofía era muy sencilla de entender.

Era toda una experiencia que imagino los informáticos expertos en código encontrarían simple en comparación a su trabajo diario. Pero la Web tenía una filosofía abierta y lo interesante era que cualquier persona pudiese publicar contenidos de la forma más sencilla posible. Incluso algún navegador, como Netscape, perseguía facilitar esa edición incorporando un pequeño editor WYSIWYG denominado Composer.

En aquellos primeros pasos, para añadir complejidad, tenías que publicar las páginas HTML una a una, subiéndolas tú a tu servidor mediante FTP, preocupándote que estuviesen enlazadas las unas con las otras para que tu humilde sitio web tuviese cierta integración y coherencia entre sí. Por supuesto que la evolución fue rápida y empezaron a surgir los sistemas de gestión de contenidos que funcionaban con sus propias bases de datos que facilitaban esa subida de información.

Sin embargo, la edición de textos todavía se realizaba en ocasiones sobre texto plano, aunque la aparición de los sistemas WYSIWYG sobre estos sistemas de gestión de contenidos no tardarían en aparecer. La integración de TinyMCE en WordPress (nuestro gestor de contenidos para este blog) y en otros muchos sistemas CMS supuso un salto adelante sobre la edición de textos que facilitaba la publicación, la expansión y popularización de la publicación de contenidos propios en lo que denominó Web 2.0.

A nivel personal, nunca me gustó trabajar sobre el servidor. Siempre he tratado de escribir en alguna aplicación de escritorio para luego copiar y pegar el texto cuando estuviese más o menos listo. Para ello, casi siempre he utilizado LibreOffice que dispone de un editor de texto web que facilitaba esa traslación desde mi ordenador al servidor. He de reconocer que intenté utilizar Microsoft Word (se descarta rápido por el galimatías de código que genera cuando copias y pegas) e incluso el editor de textos Google Docs creyendo que obtendría un HTML limpio. Sin embargo, siempre acababa volviendo a LibreOffice ya que me era más cómodo y sencillo de utilizar.

Hoy en día, os invito a que probéis a utilizar cualquier editor de Markdown, un lenguaje de marcado ligero realmente sencillo de utilizar y que en el caso de composición para la web es más que suficiente. Existen infinidad de editores y sólo tenéis que encontrar aquel con el que estéis más cómodos a la hora de trabajar. En mi caso particular, utilizo Typora disponible en distintas plataformas y con distintos temas para que escribáis sobre la tipografía y el fondo sobre el que más os guste. Un editor claro, sencillo y limpio para escribir sin distracciones como muchos de los actualmente disponibles.

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Vótame (o no) como tu líder oculto favorito

Para votar, puedes hacerlo en esta página: Vota a los #lideresocultos.

Líder

El Col·legi Oficial de Bibliotecaris i Documentalistes de la Comunitat Valenciana me escribió hace unas semanas preguntándome si deseaba participar como “líder oculto” para las próximas Jornades Valencianes de Documentació que se celebrarán en el próximo otoño. Por supuesto que no me pude negar y accedí a que me incluyesen en una lista de líderes ocultos que se había confeccionado mediante una convocatoria abierta a los colegiados. Mi sorpresa provino cuando a posteriori descubrí que realmente se trataba de una votación para elegir al líder oculto más popular.

Como buen líder oculto, no pude resistirme y voté. Pero no a mí claro, si no a otro líder oculto, no sea que alguien vaya a descubrirme a estas alturas. Sinceramente, al leer los currículums de los otros “líderes”, consideré que no era digno de estar en esa lista e intenté no obsesionarme con el resultado de las votaciones.

Pero, he recapacitado. Nuestra profesión es versátil, con grandes profesionales y no necesariamente dentro del mundo de las bibliotecas. Sin embargo, para incluso para los bibliotecarios o documentalistas, hay puestos de trabajo que no son evidentes (como el mío como analista de inteligencia competitiva). Nuestro perfil es ambivalente al fin y al cabo, y puede posicionarse como valioso en este nuevo mercado laboral hipercompetitivo. Desde el Col·legi, se trata de dar visibilidad a todos los profesionales con actividades como “Conta’ns la teua (Cuéntanos la tuya)” y la de los líderes ocultos sería una más.

Así que os animo a que votéis, a cualquiera de los profesionales, aunque no podáis asistir a las jornadas. Pensad a quién querríais escuchar, de quién querríais aprender (podéis votar a varias personas a la vez) y depositad el voto. Que sea un acto reivindicativo de una profesión pequeña, puede ser, pero altamente valiosa y con profesionales de mucho nivel.

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Infonomía, Innovación, Inteligencia y Nuevas Tecnologías

 

No recuerdo exactamente en qué momento le puse subtítulo al blog. Debió tratarse en uno de esos cambios de plantilla que algunos no alcanzan a entender, pero que otros consideramos necesarios. Los tiempos cambian rápido, los elementos de los blogs también y hay que saber adaptarse. En aquel entonces, consideré que Biblioteconomía, Infonomía, Internet y Nuevas Tecnologías podría ajustarse bastante bien a los contenidos que íbamos publicando, sin embargo poco a poco aquel subtítulo me ha parecido añejo. Para bien o para mal, mi carrera profesional me ha llevado por otros derroteros.

La Biblioteconomía se fue tornando una disciplina más alejada para mí, nunca deseé enfocar mi carrera hacia el mundo de las bibliotecas o de los archivos, puesto que creía en el potencial de nuestro perfil y por fortuna así ha sido. Por otra parte, cuando empecé a escribir aquí, los grandes medios de comunicación no consideraban Internet como una información de gran interés, por lo que Internet sí que tenía cierto sentido. Respecto a Infonomía y Nuevas Tecnologías son una especie de cajón desastre, algo en lo que cabe todo y nada, por lo que de forma tramposa estos dos términos parecían adecuados.

Pero, tras el paso de los años, cada vez me he sentido más alejado de los contenidos del blog primigenio. Mientras los blogs se veían sobrepasados por el surgimiento del Social Media, el desarrollo de contenidos desde los medios generalistas enfocados a Internet y la gran popularidad de los blogs temáticos profesionales; el hecho de que empezase a trabajar a jornada completa, me restó tiempo y el esfuerzo dedicado al blog fueron menguando.

Llegó un momento en el que no me sentí identificado con El Documentalista Enredado, aquello parecía no ser mío. En cierto momento, consideré empezar a publicar un blog propio bajo mi nombre, con contenidos más cercanos al trabajo y las inquietudes que tenía en ese momento. Sin embargo, deseché en distintas ocasiones aquella idea. El trabajo desarrollado en este blog fue magnífico y creía que en cierta manera no le haría justicia a ese pasado.

El Documentalista Enredado nació, o al menos así lo entendí, como una manera de promocionar nuestra profesión, como una forma de enseñar y demostrar lo válido de nuestro perfil. Sin embargo, dentro de los profesionales de la información, parece que si no trabajas en un centro de información te encuentras desubicado, ya que nadie es capaz de reconocerte como bien les sucedía a Raúl Baños o Lara Rey, documentalistas y grandes profesionales de la Inteligencia Competitiva. Por ello, no creo que deba cambiar el título, no necesito un blog bajo la denominación Marcos Ros. En este blog está mi identidad y mi evolución. ¿No es acaso un blog una bitácora personal? ¿Un registro de nuestra actividad en la Red?

En cualquier caso, sí que es necesario un cambio en el enfoque y los contenidos, algo que ya ha ido sucediendo paulatinamente; y que puede no encuentren acomodo dentro de la comunidad tradicional de los archiveros, los bibliotecarios y los documentalistas. Pero, mi intención es demostrar, como siempre he hecho, que no todos los profesionales de la información nos dedicamos a ello, que hay otros nichos de mercado y otros puestos donde podemos crecer profesionalmente.

El nuevo subtítulo de este blog, Infonomía, Innovación, Inteligencia y Nuevas Tecnologías, puede que no entusiasme como lo hizo aquel Biblioteconomía, Infonomía, Internet y Nuevas Tecnologías; pero es a lo que me dedico profesionalmente actualmente. No se ajusta exactamente, ni todos los términos me gustan, pero «riman». No hay que detenerse, no hay que cerrar los ojos. El futuro puede ser brillante, sólo falta un poco de arrojo.

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Diez años

Esta historia, este espacio personal, comenzó hace ya diez años. En algún momento de mayo de 2004, creí que era una buena idea comenzar una bitácora como las llamábamos entonces. Lo cierto es que demostró ser una buena idea y a pesar del tiempo pasado, de las horas sentado, de la pasión volcada, del esfuerzo dedicado, sigo creyendo que fue la mejor decisión que pude tomar entonces.

Son muchas las personas que he podido llegar a conocer gracias a este pequeño rincón, donde se cruzaron mis vivencias profesionales, mis reflexiones y mis experiencias vitales. Son muchos los ratos que fuera de la Red he podido compartir con algunos de mis lectores y de otras personas que no lo fueron tanto. Hubo un tiempo que mi weblog, sí también los llamábamos así, fue mi tarjeta de visita, nadie sabía quién era yo hasta que no pronunciaba El Documentalista Enredado. Nunca me importó que no se me conociese por Marcos, siempre me resultó divertido pasar completamente desapercibido. Por aquel entonces, la blogosfera me encantaba y la peleaba con pasión y, lo admito, con vehemencia en ciertas ocasiones. Luego la Conversación se fue dispersando por tantos rincones que el blog perdió su magia, aunque eso ya son batallas de abuelo.

Lo cierto es que con Enredado, siempre nos referíamos así al blog cuando Maria Elena publicaba también, como muchas otras cosas los tiempos se fueron dilatando, ensanchando hasta que parece algo lejano aquello que fue tuyo. Como sucedió con otros asuntos, supe quedarme con el qué y con el cómo, pero a lo largo de diez años fui olvidando el porqué. Porqué existe este blog, porqué sigo aquí, de vez en cuando paseándome, leyendo y escribiendo.

“Diez años es una edad digna, podría cerrar hoy mismo” me convenzo y es posible que nadie me echase en falta. Al fin y al cabo, quién lleva el recuento de las estrellas en el firmamento. Alguna podría no hacer acto de presencia una noche perezosa y nadie, o casi nadie, la echaría en falta. Hay muchas más, tantas más que no acabaríamos de contarlas hasta que el amanecer. Pero sé que yo sí lo echaría de menos, puesto que algunas cosas es necesario que sean dichas, algunos temas es necesario que sean recuperables y algunas historias es necesario que sean contadas.

Diez años, recordé ayer. Son tantos que creí superfluo escribir sobre ello, pero desgraciadamente son tantos que es digno de ser recordado.

Gracias a todos.

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Ahora que me voy poco a poco sin quererlo

“Esto ya no es como lo conociste”, me dijo el redactor mirándome a los ojos y con un gesto circunspecto. Sólo pude darle la razón, una parte de mi, se había ido lentamente, en el transcurso de los días, más bien de los meses. Tan despacio, tan sin quererlo, que la pérdida la había hecho mía, demasiado mía. Cuando me paseé por última vez, los pasillos me parecieron vulgares, como si el peso de las vivencias que se encaramaban por cada rincón ya no tuviesen importancia. Como si ya fuese terriblemente tarde.

Nos gustaría que las cosas acabasen justo cuando queremos. Como si nuestra voluntad pudiese sellar los hechos que en ocasiones desean andar solos. Imagino que no nos gusta permitir que el tiempo desgaste las situaciones o los lugares, tratando de fijar en mis recuerdos esas últimas veces que todos conocemos y otros, por fortuna, puede que no.

Pero, como todos bien sabemos, hay cosas inevitables, que el tiempo dobla aunque se fundan con el acero más fuerte. El devenir de los días, las responsabilidades, las ocupaciones, los intereses, los silencios, los olvidos, los quiero y no puedo, los estoy vacío, los lo haré luego, los qué dirán, los no me importa ya…

En ocasiones creo que ya no puedo escribir más, que ya no soy aquel que empezó con un proyecto web, que acabó escribiendo un blog y que el blog le enseñó que nunca hay que darse por vencido. Nunca lo hice. Sólo que me perdí creyendo que podría escribir como entonces, que sería el primero en reflexionarlo, en contarlo, en creerlo. Ya no hay necesidad de eso. Todo está escrito ya, todo está machacado y digerido antes de que me pueda sentar enfrente del ordenador y ponerme a corregir las letras que me señalan como un redactor torpe y presuroso.

Ya no puedo sorprenderos, sólo sorprenderos cuando presiono el botón “publicar” y recordaros que una vez estuve aquí, que una vez estuve dispuesto a darlo todo por aprender, por construir, por disfrutar con la reflexión, con los cambios y con los terribles retos que nos aguardaban frente al cambio tecnológico. ¿Qué será de esos libros? ¿Qué será de esos redactores ocupados y disgustados por hallar aquello que ya fue dicho?

Me hubiese gustado habéroslo contado, pero puede que ya no sea ocupación mía hacerlo. Si éste es mi adiós, al menos decido que así lo sea, si no lo es, será estupendo seguir con ello. Al menos hoy, puedo decir que me fui lentamente, sin querer haberlo hecho del todo.

Sí, ésta es una nueva etapa y, desde luego, que va a ser apasionante.

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Incertidumbre

Si los años no empezasen en Enero, seguramente deberían hacerlo en Septiembre. Después de un largo descanso para algunos, de ciudades desiertas e inactividad general provocada por el tórrido verano; recuperamos la realidad más cruda apartada, puede con sabiduría, por la necesidad de oxigenar nuestras ideas. El proverbio chino Te deseo que vivas tiempos interesantes parece dar una vuelta de tuerca en nuestra sociedad interconectada y globalizada, cada paso del camino se hace más rápido que el anterior abocándonos sin remedio a la duda más absoluta.

Se nos ha insistido que el término Crisis no tiene porqué conjugarse como algo negativo, que la definición de Crisis está más entrelazada con el concepto del cambio. Puede que sea un punto de vista necesario tras tantos años de «cambios» que no nos han conducido hacia un horizonte más soleado. En mi caso, siempre me han considerado un pesimista. Desgraciadamente, por mi forma de ser, siempre he sentido la necesidad de comprender cómo funcionan las cosas, es decir, informarme para poder formarme una opinión del asunto a abordar. Un pesimista es un optimista informado, reitero y si se me permite.

En cada conversación, sobre todo lo demás, flota la amargura de la incertidumbre. «Lo peor es la incertidumbre» consideraron en una de esas charlas estivales. No existe un cruce de caminos cercano, un oasis en el mar de arena, una isla que nos salve de la inmensidad del naufragio… O al menos eso parece. Aquello que se nos aseguró como inmutable, cambia en su definición, aquello que parecía seguro parece escurrírsenos entre las manos, aquello que parecía expandirse hacia el futuro se contrae lentamente, ahogándonos. Puede que nos lamentemos por nuestra desgraciada suerte, que tras estos años de Pax Americana nuestra Sociedad se convierta en algo impensable hasta hace poco, el declinar definitivo de Occidente como garante del Estado del Bienestar. Sin embargo, la geopolítica siempre ha evolucionado cambiando los pesos de influencia, desarrollándose conflictos militares y económicos. Nuestros tiempos, los de mayores prosperidad repartida socialmente, parecen fundirse en negro para nuestro desconcierto.

La incertidumbre no tiene porqué estar engarzada con el miedo. Es de hecho el miedo el que nos provoca la zozobra, no la incertidumbre. La incertidumbre invita al cambio, el avance hacia adelante; el miedo por el contrario invita contraerse, plegarse en uno mismo. Y sin duda alguna los dos juntos el caos.

Este año promete ser apasionante informativamente por lo que no deberíamos perderle el ojo. Si Facebook se derrumba definitivamente, ¿dónde quedarán los gurús del social media? Si Apple gana a Samsung, con ya serias dudas del veredicto, ¿dónde quedará la innovación? Si las bibliotecas públicas se desangran, ¿dónde quedará el acceso a la cultura universal? Si la I+D desaparece de las inversiones del Gobierno, ¿dónde quedará el futuro? Estas incertidumbres se irán desvelando en el día a día de un año muy duro, pero a la vez que se presenta apasionante en demasiados frentes. Mucha suerte.

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