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Tag: fake news

La desinformación en la guerra digital

La utilización de información errónea o incorrecta con el fin de que los adversarios tomasen decisiones erróneas o que se aproximasen lo más posible a los intereses de aquellos que la emitían se ha utilizado de forma sistemática en los ámbitos militares y políticos desde hace siglos. Hoy en día, con la capacidad de transmisión de esta información personalizada y casi instantánea, esos actos de desinformación más allá de los objetivos tradicionales se centran en la población en general. Es cierto que la población está más o menos habituada a la propaganda, que se fundamentó principalmente gracias al desarrollo de los medios de comunicación durante el siglo XX, aunque los actos de desinformación se han generalizado y, por utilizar un término del siglo XXI, viralizado gracias a las redes sociales.

Desde la Guerra Fría, los actos de propaganda se han convertido en más difusos e indiscriminados y ya no se centra en un punto concreto. De hecho, en ocasiones, ya no son sólo agentes externos a un país los mayores interesados en difundir este tipo de información, también entidades locales buscan establecer narrativas que favorezcan sus propios intereses.

Las fake news, la «post-verdad», los hechos alternativos herederos de la forma de entender de hacer política del presidente Donald Trump y la desinformación son una tendencia ascendente que han obligado a los medios de comunicación y también a los profesionales de la información de establecer herramientas para tratar de refutar esas acciones.

Sin embargo, la aceptación o no de la información que se nos transmite no sólo depende de la fiabilidad de la fuente, sino también de nuestra disposición a ser susceptibles y tener un punto crítico sobre lo recibido atendiendo a nuestros propios sesgos cognitivos. Lamentablemente, nuestras fuentes de información actuales, muy fundamentadas en las redes sociales (que obviamente trabajan en ofrecernos información próxima a nuestra forma de opinar desechando prácticamente el resto) y nuestros círculos más próximos, no nos ayudan a recibir puntos de vista que refuten nuestras creencias previas.

Como bien se señala en el artículo Weaponization of the Future: Digital Warfare & Disinformation, este choque entre hechos verificados, opiniones interesadas o sesgadas, afecta ya a nuestro día a día de forma significativa. Baste poner el ejemplo de la propia evolución de la pandemia global y su tratamiento dentro de las redes sociales y las fuentes de información, en general, en ocasiones menoscaba los cimientos de la lucha contra ésta y puede llegar a afectar a la resolución satisfactoria de la misma.

Como las agencias de publicidad que buscan realizar perfiles de nuestros hábitos gracias a nuestra huella digital en Internet, los agentes de desinformación pueden utilizar las mismas técnicas gracias a esta misma parametrización. Además, el coste de recopilación y procesado de esta información es relativamente bajo, lo cual hace que la sofisticación de estas técnicas aumente de forma significativa a lo largo del tiempo.

Por supuesto que las personas se percatan de que las engañan y son más escépticos respecto a los contenidos que reciben por fuentes on-line no verificadas, sin embargo la complejidad de este engaño también aumenta mediante las GANS. En 2016, las sociedades occidentales no estaban preparadas respecto a estas tácticas de desinformación y se han desarrollado soluciones para combatirlas, pero esto es una batalla incierta puesto que el contrario también desarrolla contramedidas para atajar las armas que se puedan establecer contra este tipo de desinformación.

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Ya no puedes creer todo lo que puedas llegar a ver

Aún recuerdo la estupefacción que me provocó ver el falso documental (Mockumentary) Dark Side of the Moon donde se ponía en tela de juicio que el hombre hubiese llegado a la Luna mediante la sonda Apollo XI. La presencia de altos mandatorios estadounidenses participando de forma activa y consciente en ese falso documental, bien servía para cimentar aquella broma, que sólo mostraba su intencionalidad al final de la cinta. Era en ese momento cuando los dignatarios, científicos y demás participantes se relajaban y comenzaban a reírse de los comentarios que se habían editado como ciertos en los minutos precedentes. Pero el objetivo final de la cinta se conseguía y de qué manera mientras contemplabas cómo el director había estado jugando contigo de principio o final.

La fotografía y el cine han sido un soporte para el ser humano para dar veracidad a un discurso y evento. Esa huella como prueba documental se está debilitando cada vez más gracias a la capacidad computacional que tienen los ordenadores actuales y su capacidad de transformar esas pruebas. Recordemos que durante los Juicios de Nuremberg, cuando se juzgó a los jerarcas nazis sobre los abusos y crímenes que había relizado el régimen alemán sobre la población de los lugares que habían ocupado, se presentaron como pruebas las fotografías que había conseguido sacar del campo de concentración de Mauthausen el fotógrafo español Francisco Boix. La defensa de los nazis adujo que las fotografías estaban manipuladas, que la técnica en ese momento permitía el tratamiento de las imágenes hasta niveles insospechados. Sin embargo, ese argumento se derrumbó puesto que Boix había extraído negativos y no copias fotográficas.

Pero actualmente el negativo físico apenas se utiliza y su uso ha relegado a una utilización anecdótica. Actualmente, la imagen son ficheros informáticos y en muchas ocasiones ese documento «bruto», no difiere en exceso con la copia. Además, como señalábamos previamente, la capacidad actual de los ordenadores e incluso de nuestros teléfonos móviles es capaz de reinterpretar una fotografía o incluso un vídeo. Como ejemplo, tan sólo hay que probar la aplicación Muglife, que permite a través de una sola fotografía preparar una pequeña pieza con el sujeto retratado negando o afirmando con la cabeza en sólo pocos clics. A pesar de que su finalidad está enfocada al ocio, nos permite echar un pequeño vistazo como usuarios a las capacidades que actualmente están desarrolladas sobre el retoque de la imagen.

Como señalábamos, esta aplicación para dispositivos móviles es totalmente anecdótica en comparación con lo que puede ser obtenido hoy en día con unos pocos medios más. Podemos recordar el vídeo de Barack Obama falso y creado mediante Inteligencia Artificial capaz de engañarnos respecto a las afirmaciones del dignatario, puesto que generaba discursos falsos del ex-presidente de los Estados Unidos. O el uso que está haciendo la BBC de un software para que un presentador de sus informativos hable distintos idiomas o el presentador falso chino generado mediante Inteligencia Artificial. Otra aplicación que se está desarrollando para esta tecnología es su uso para el doblaje de películas. De este modo, la cara de los actores se ajustará mejor a los idiomas sobre los que se expresan. Desde luego, la publicación de un vídeo como prueba documental podrá ser puesta en tela de juicio cada vez más frecuentemente según estas herramientas se implementen en más lugares comunes dentro de la sociedad.

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