Hace unos años, tratar de determinar la señal del ruido requería un alto esfuerzo intelectual (y de tiempo) de analistas que debían estar escaneando las actualizaciones frecuentes de los sistemas de vigilancia que tenían implementados en sus organizaciones. Para este proceso, había distintas aproximaciones y con cierto grado de automatización, desde el repaso diario de los principales medios hasta la incorporación de los temas candentes en bases de datos.
No es sorprendente afirmar que hoy en día, el procesado de esta información se puede simplificar mucho gracias a la utilización de las habilidades que ofrece la inteligencia artificial que, usada con cautela, puede servir de apoyo a la hora de destilar las principales noticias de interés dentro de los ecosistemas de información de cada sector.
Por supuesto que empresas especialistas en gestión de la información y del conocimiento, incluso algunas más alejadas con distintos alcances y productos, ofrecen herramientas apoyadas en la IA para digerir todo el conocimiento que se genera día a día dentro de un sector. Uno de los productos informativos que más se está aplicando la IA para su confección son las newsletters. Podemos afirmar que este es uno de los productos más directo, ya que incluso los creadores de contenido de Internet se apoyan en ellas para actualizarse y mantener informada a su audiencia. Sin embargo, me sorprende en ocasiones recibir newsletters automáticas sobre las que no se ha reflexionado en exceso y que se envían a veces de manera un tanto indiscriminada y que tienen el efecto contrario de lo que se quiere obtener.
Tal vez haya que aclarar que una newsletter no es un correo masivo enviado de forma indiscriminada (lo que caería dentro de la categoría de spam). Una newsletter es una publicación periódica destinada a una persona que decidió recibirla. Por supuesto, que hay muchos usos y tipos de ellas, con distintos alcances, pero deben incluir contenido relevante ya sea informativo o comercial para fortalecer la relación con la audiencia o con los clientes. Aquí ya encontramos su primera ventaja, puesto que se establece una comunicación personalizada y frecuente con los lectores que constituyen un tráfico cualificado puesto que demostraron interés en recibirla. Esto sirve de palanca para poder establecer una serie de métricas claras como tasa de apertura, clics sobre contenido y tasas de conversión en el caso de que se promocione un producto y servicio. Como contraparte, también puede generarse una sobresaturación de correos lo que puede provocar que la newsletter sea ignorada y peor calificada como spam. Esto puede caer tanto de parte del emisor (demasiados correos) como del receptor (demasiadas suscripciones).
La newsletter debe tener establecido un objetivo claro como fidelizar clientes, generar tráfico hacia nuestra web, posicionar una marca o un producto, la generación de tráfico cualificado hacia redes sociales (calls to action). Por ello, también es importante definir el tipo de contenido, el tono y la frecuencia del envío.
En el caso del análisis de información, una newsletter no debe ser genérica. No es suficiente, ni debemos conformarnos, con lo que es capaz de ofrecer un sistema de grandes modelos de lenguaje, sino que debe establecerse una serie de bloques o preguntas que debemos despejar y que hacen referencia en lo citado anteriormente. En primer lugar, sobre qué fuentes se debe construir esa newsletter (¿es una newsletter sobre mercado? ¿tecnológica? ¿de I+D?), en segundo lugar considerar el público objetivo de esa newsletter (¿a qué departamento o área pertenecen?) y establecer una serie de elementos de feedback (¿Me interesa? ¿Quiero más información?); sin olvidar que qué queremos obtener con esta newsletter. Debemos siempre tener presente que si la newsletter no aporta valor al destinatario acabará en la carpeta de spam. Por ello, tenemos que revisar siempre lo que enviamos y desconfiar en los automatismos. Además hay que tener presente que la IA suele ser “perezosa” en algunas ocasiones y sólo llega hasta cierto nivel de esfuerzo por lo que no es suficiente sólo con generar una newsletter si no que hay que revisar los contenidos, reescribirlos si fuese necesario e incorporar otros no detectados y aquí entrarían nuestro conocimiento como analistas.
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