Seguramente, podrás contar tus amigos con los dedos de la mano, aunque puede que seas muy afortunado y traslades el conteo a la cifra que muestras en Facebook. Bueno, pero antes que nada, deberíamos definir previamente lo que es un amigo para proceder a realizar el recuento. ¿Qué es para ti un amigo? ¿Un amigo es una persona con la que el silencio es suficiente para pasar un buen rato? ¿Un amigo es alguien que conociste en un viaje? ¿Un amigo es un compañero de trabajo? ¿Un amigo es un excompañero de estudios?
Difícil elección, ¿no te parece? Sin embargo, en los servicios de redes sociales en Internet, el término Amigo es tremendamente ambiguo y se utiliza para definir todas y cada una de las relaciones de un usuario respecto al resto sin tener en cuenta la intensidad de esos lazos afectivos (Familiares, conocidos y amigos, por ejemplo).
Ya comentábamos hace unos meses el aparente caos que supone agrupar las relaciones de una forma tan sucinta como se hace en estos servicios virtuales. Pero, esta crítica es bien conocida por las empresas, puesto que parece que las empresas que lo gestionan están decididas en mejorar su servicio fundamentándolo en la privacidad que a éste le debería suponer. Claro que los usuarios también pueden equivocarse a la hora de utilizarlo y pueden que acaben suplicando a cualquiera que les eche una mano para borrar lo allí escrito. Desde luego que el término amigo también supone ciertos niveles de privacidad y confianza que no se extrapolan actualmente a este tipo de servicios, aunque podamos intentar crearlos, pero no cabe duda de que siempre quedamos expuestos a lo que allí otros dicen, o puedan contar, de nosotros.
Publicaba recientemente The New York Times el texto Facebook Exodus en el que se trataba de explicar las decepciones de algunos de sus usuarios a la hora de utilizar el servicio. Desde aquellos que consideran que Facebook es el mal (Facebook is evil) considerándolo una especie de Gran Hermano que fagocitará nuestros datos privados, hasta aquellos que consideran que la curiosidad de aquellos que la vida dejó atrás no justifica su uso, exparejas sobre todo. Pero como alguien más sabio dijo, la tecnología no es mala en sí, la convierten en mala aquellos que la usan.
Por supuesto que desde la compañía también se ha metido la pata en distintas ocasiones, la más famosa fue la implementación de Facebook Beacon que le permitía compartir información con terceras empresas. Esto se demostró como una violación de la privacidad de los usuarios desde ambas partes que comprobaban cómo lo que compraban en tiendas virtuales, por poner un ejemplo, era inmediatamente publicado en el muro de su perfil de Facebook sin su consentimiento.
Sin embargo, aunque se intente transmitir lo contrario, Facebook y otros servicios de Redes Sociales no se van a ir vaciando de usuarios como sucedió con el gran pufo Second Life. Es más, seguramente, se convertirán al igual que el correo electrónico lo es hoy en día, en uno de los servicios básicos de la Web. Sobre todo porque las nuevas generaciones no tienen un sentido de la privacidad como lo contemplan las anteriores, aunque seguramente se deberá producir una modulación en el mensaje que se envía a través de las mismas.
De hecho, actualmente estas redes sociales son unicanal. Un solo mensaje a todos nuestros amigos, pero a buen seguro la evolución de este tipo de servicios irán agregando niveles de capas en la información que se quiere compartir. Por ejemplo, podremos elegir qué mensajes queremos transmitir a nuestros familiares, mientras que dispondremos de otro para las amistades, de este modo, la información a aportar se ajustará y se amoldará de una manera más satisfactoria a nuestras relaciones y el nivel de información que compartimos en el mundo real.
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