El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

En la carretera, otra vez

Año nuevo, vida nueva, según del cristal con el que se mire, claro. En realidad, el año acabó para muchos el viernes 30 de diciembre puesto que finalizaba el contrato (o simplemente del acuerdo sobre el puesto de trabajo) que venían disfrutando hasta entonces. En efecto, después de seis meses, un año o dos años, trabajando en una empresa o en una institución pública o privada, creando expectativas, demostrando, o tratando de demostrar su valía, uno podría considerar que es el momento de que se le supiese apreciar convenientemente y que, finalmente, pudiese quedarse definitivamente en el puesto de trabajo que hasta ahora desempeñaba y que creía que se había ganado con su esfuerzo. Pero la realidad es otra y después de este tiempo de máximos y mínimos, el trabajador ya no resulta rentable económicamente para la empresa / institución y, en general, muchas de ellas deciden retomar el ciclo con otro trabajador, empalmando contratos laborales a distintos trabajadores uno tras otro para un mismo puesto y una misma función.

No hay que llevarse a engaño, ya que los propios responsables animan a seguir trabajando con un cambio de situación con distintos argumentos de futuro, a saber, que si un contrato mejor, que si una beca, etc. Sencillamente, aunque pueden llegar a materializarse en honrosos casos, se trata de tretas para que el trabajador no desespere y se cree unas falsas expectativas. Algunos, los primerizos, confiarán en ellas, sin embargo los más veteranos, y creo que ya hay suficientes de estos, no verán futuro y, resignados, comenzarán a buscar un nuevo trabajo acaso mejor, conformándose con algo peor.

Desde un punto de vista del documentalista, podríamos considerar que si una empresa realiza este proceso, está despreciando la experiencia y el conocimiento de ese trabajador. Es obvio que un trabajador con una experiencia de dos años no debería ser sustituido una y otra vez por otro reiniciándose ad infinitum el proceso de aprendizaje y acomodación, pero la realidad es cabezota y es ésta una de las herramientas más utilizadas para la disminución de costes laborales. Por otro lado, podría considerarse que el trabajador debería alegrarse de romper toda relación con esa empresa que no aprecia convenientemente su trabajo, pero la situación no es demasiado boyante para permitirse esos lujos. Efectivamente, podría considerarse que se trata de una vida nueva para el documentalista / archivero / bibliotecario, nuevas expectativas de mejora, un futuro mejor que en aquella empresa que le desdeña por una razón eminentemente económica; desgraciadamente, la situación es otra, no hay vida nueva, más bien una realidad vieja y fea.

Es de sobra conocido por todos que la situación actual del mercado laboral en general, y en biblioteconomía y documentación en particular, no deja lugar a un amplio margen de maniobra para el solicitante de trabajo. Aquel que se encuentra con un contrato, que ya es pedir mucho actualmente, más o menos correcto, es consciente del riesgo de abandonar ese trabajo que considera que le limita, aburre o simplemente se encuentra incómodo con él (Por ejemplo, por la situación con sus compañeros o sus superiores), sin embargo, se muestra timorato a la hora de cambiar completamente de aires. Una de las salidas que le restan es el pluriempleo si es capaz de compatibilizar ambos trabajos. A veces se dan casos que rozan cierta ilegalidad, por ejemplo, el extremo, que no es infrecuente localizar, de becarios que disfrutan de dos becas (o un trabajo y una beca) en dos instituciones distintas, a pesar de que en la convocatoria se censure esa situación. Sencillamente, es la ley de la supervivencia, o peor de la selva, y aunque pueda ser injusta para otra persona que no dispone ni siquiera de un trabajo, desde un punto de vista vital, es necesaria.

Año nuevo… Es hora de ponerse en marcha, hay que echarse a la carretera y encontrar algo mejor, no os abandonéis al destino, luchad por él, si es que se puede.

On the road again de Bob Dylan

Well, I woke up in the morning
There’s frogs inside my socks
Your mama, she’s a-hidin’
Inside the icebox
Your daddy walks in wearin’
A Napoleon Bonaparte mask
Then you ask why I don’t live here
Honey, do you have to ask?

Well, I go to pet your monkey
I get a face full of claws
I ask who’s in the fireplace
And you tell me Santa Claus
The milkman comes in
He’s wearing a derby hat
Then you ask why I don’t live here
Honey, how come you have to ask me that?

[…]

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  • hexamer

    Martes, 3 de enero de 2006 at 10:19 |

    cambia documentalista por periodista y habrás dibujado el retrato robot de mi profesión, dios mío, qué tiempos mezquinos (contractualmente hablando)

    feliz año (con ranas en los calcetines, ¡que no falten!)

  • jmcollado

    Martes, 3 de enero de 2006 at 10:52 |

    bueno, ante el post solo cabe decir que la esperanza es lo único que se pierde. Vivimos en el mundo de salvese quien pueda y de no importa nada, pero si no tenemos esperanzas ¿que nos queda?. El mundo laboral no está mal, lo hemos montado así y estamos pagando las consecuencias, pero eso sí…la economía crece y crece…
    Los sindicatos no se pringan, los gobiernos, (me da igual de derechas que de izquierdas) bailan al ritmo del guateque empresarial, ¿qué nos queda?, nos queda todo, que somos nosotros, nosotros somos los que tenemos el poder y la fuerza, aunque no lo parezca y no lo creamos, somos los que trabajamos, los que compramos y los que votamos, si dejaramos de hacer estas cosas se vendría todo abajo. Que no se nos olvide. El problema es que con una beca se nos ponen los dientes largos y la aceptamos…y este es nuestro problema (yo me incluyo que soy becario)

  • Marcos Ros

    Martes, 3 de enero de 2006 at 11:33 |

    Desgraciadamente, nos ofrecen una beca por 600 € y no nos queda otro remedio que aceptar. Obviamente, desde un punto de vista de orgullo, como licenciados la mayoría no aceptaríamos, pero si no somos nosotros, serán otros los que acepten así que poco podemos hacer.

    En fin, en cualquier caso, espero que la situación vaya mejorando poco a poco. La esperanza es lo único que nos queda.

  • jmcollado

    Martes, 3 de enero de 2006 at 12:25 |

    yo no creo que mejore y dice el refrán que mientras haya tontos que den….no habrá listos que reciban. Tendremos que empezar a movernos cuando rocemos un limite…que de momento acabamos de empezar (en 1995 no había apenas becas de estas)

  • Maria Elena Mateo

    Martes, 3 de enero de 2006 at 15:22 |

    Marcos, has descrito a la perfección mi situación de aquí a unos meses, cuando estaré on the f… road again.

    Veremos si el cambio es para mejor, y si no, dicen que sufrir curte el carácter, pero la verdad es que yo ya lo tengo bastante curtido en este aspecto. 🙁

  • Marcos Ros

    Martes, 3 de enero de 2006 at 22:46 |

    Y Julio también está en ella ahora mismo…

  • Julio Ruiz

    Martes, 3 de enero de 2006 at 22:51 |

    ay! cuanto de verdad dices, 😉
    pero vamos esto se puede aplicar a CUALQUIER ambito de la vida.
    Lo que tenemos es lo creamos, ni más ni menos

  • Catuxa

    Martes, 3 de enero de 2006 at 22:56 |

    Por si os interesa, becas en Valencia:http://www.panorama-actual.es/noticias/not187204.htm

  • Maria Elena Mateo

    Miércoles, 4 de enero de 2006 at 17:45 |

    Gracias por el chivatazo Catuxa.
    Vamos a ver que maravillosas ofertas tiene la Administración para nosotros. 😀

  • Bob Dylan at a library… burning books » El Documentalista Enredado

    Jueves, 14 de junio de 2007 at 00:06 |

    […] A Bob Dylan le conceden el premio Príncipe de Asturias de las Artes sin saber muy bien si visitará España a recoger su galardón. Al cantante, una de las personalidades del siglo XX, los años le van pesando tanto en aspecto como en voz castigada, pero no así a su música que, además de soportar el paso de los años de una forma magnífica, sigue demostrando una categoría que muchos quisieran para sí en sus últimos discos. Claro que está hablando un fan incondicional por si no os habíais percatado. […]

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