El Documentalista Enredado

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Libros con receta… ¿O viceversa?

La famosa cita dice Teme al hombre de un solo libro y es de Tomás de Aquino, por lo que todos deberíamos lanzarnos a leer todos los libros que pudiésemos… Aunque, si nos detenemos un segundo, nos percatamos que los que leemos ya nos dedicamos a eso, por lo que deberíamos preocuparnos seriamente por los que no leen ningún libro.

Por ello, me parecen muy interesantes las campañas de lectura que ha lanzado la Junta de Extremadura denominadas Biblioteca de Cabecera y Recetas de lectura. En la primera de ellas, el objetivo es la creación de una colección de libros para aquellos que permanezcan ingresados en los hospitales extremeños, mientras que la segunda consiste en una campaña para el fomento de la lectura de pequeños extractos de distintas novelas en forma de recetas médicas que se distribuyen a través de las farmacias. De esta forma, a través de un expositor, los consumidores pueden acceder a 40 títulos o recetas diferentes, seleccionados entre obras de literatura infantil, juvenil y de adultos.

Os recomiendo la lectura del artículo de opinión que el escritor Juan José Millás nos ofreció dando su peculiar visión sobre esta campaña con el título Viva el malestar.

Viva el malestar de Juan José Millás

Francamente, yo empecé a leer como el que comienza a medicarse, porque me encontraba mal. Por eso apoyo la iniciativa extremeña de tratar los libros como medicamentos. Un título adecuado a la situación y a la persona relaja más que un Valium. Y si hay títulos que relajan, hay otros que colocan (estoy pensando en los de Castaneda). A medida que cierran las librerías tradicionales, los libros pueden pasar a las farmacias. Podrían pasar también a los estancos, ya que uno empieza a fumar por las mismas razones por las que empieza a leer: porque quiere ser un hombre, porque quiere impresionar a las chicas, porque le parece interesante jugar con un cigarrillo entre los dedos, o sea, porque se encuentra mal en la situación presente. El malestar es el motor del progreso. Si nos hubiéramos encontrado bien en las cavernas, no habría aparecido la arquitectura. Y si no hubiéramos tenido frío, tampoco hubiéramos descubierto el modo de hacer fuego. La gente que se encuentra bien ni fuma ni lee ni construye edificios, se limita a estar bien.

Entre estar bien y creer que se está bien hay una diferencia. Nosotros, en las sociedades de occidente, creemos que estamos bien, pero estamos fatal. Estamos locos. No hay más que ver el precio de una vivienda de 40 metros cuadrados para darse cuenta. El mismo hecho de llamar vivienda a un espacio de ese tamaño ya indica un desvarío. Leemos poco porque creemos que estamos bien. Pero la primera condición para estar bien es no tener una hipoteca a 30 años. Ni soñar con un Opel Corsa. Ni pretender comprarse un apartamento en Marina d´Or, ciudad de vacaciones. Si fuéramos conscientes de hasta qué punto estamos mal, pero mal mal de verdad, iríamos corriendo a la farmacia a por algún remedio. Y si el farmacéutico fuera sensato (o extremeño), en vez de darnos unas pastillas, nos daría un libro. Se empieza a leer a partir de un desacuerdo con el mundo (o con la hipoteca). Cuantas más contraindicaciones tenga un libro, mejor (en eso se diferencian de los medicamentos). Aplaudimos, en fin, una vez más la iniciativa de la consejería de Cultura extremeña, incluso aunque no receten nuestros libros.

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  • Yolanda Lara Juarez

    Domingo, 26 de noviembre de 2006 at 23:57 |

    me pareció muy bueno este articulo reseña de tu libro

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