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Categoría: Visto/Leído

La venganza de los bibliotecarios, Tom Gauld

No se puede pasear por la reciente Feria del Libro y, entre tanta novedad editorial y libro de éxito, proviniendo de donde vengo no detenerme ante la portada del libro de Tom Gauld, La venganza de los bibliotecarios. Aunque alguno de mis colegas podría pensar que Gauld trata de esbozar un plan maestro de los maléficos bibliotecarios tratando de que el mundo se convierta en ávido lector (52% de los españoles declaran que leen libros al menos una vez a la semana), en realidad el autor da una visión mordaz del mundo libro donde caben editores, autores, lectores, bibliotecarios y libros de éxito.

(c) Tom Gauld

Los dibujos son de trazo simple dejando los juegos de palabras y los dobles sentidos como lo mejor de la obra. Es probable que sólo aquellos que conozcan el mundo literario y sus distintos agentes puedan entender el maravilloso ecosistema que despliega el autor, pero su humor amable y con cierta sofisticación puede ser abordado por cualquier persona.

(c) Tom Gauld

Entre autores torturados, editores que tratan de imponer su criterio, lectores sobrepasados por la cantidad de títulos a asimilar en el poco tiempo disponible en sus vidas ajetreadas y los citados bibliotecarios malvados, Gauld cruza la literatura más cercana con la actualidad más mundana haciendo referencias al confinamiento que el mundo vivió en distinta medida durante el bienio 2020-2021. La visión crítica del autor trata de alejarse de la política consciente de su dificultad que no puede dejar retratada en una viñeta que hará las delicias de más de un lector.

(c) Tom Gauld

En definitiva, una compilación de tiras que puede hacer las delicias tanto de los lectores como todos aquellos profesionales del mundo de la lectura y de la edición.

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1984, una biografía

Nunca había visto a nadie cuya profesión fuese contar mentiras, a menos que incluyamos a los periodistas

George Orwell

1984 se publicó en 1949. El año próximo habremos rebasado en 75 años el aniversario de la publicación y en 40 años la fecha en la que se situaba cronológicamente la visión distópica de George Orwell. Con 1984, el autor firmó una de las novelas más influyentes para intuir hacía dónde discurriría el futuro de la Humanidad a la par y mirando de reojo a Un mundo feliz de Adolf Huxley.

La visión que Orwell nos traslada en 1984 es de una sociedad oprimida y controlada por El Ministerio de la Verdad. Su protagonista Winston Smith es parte activa de esa sumisión, ya que trabaja reescribiendo ejemplares antiguos del periódico The Times para el departamento de Archivos. Aquí cabe reseñar que aunque consideremos que esta novela parta de una visión distópica futurista, en realidad, Orwell estaba trasladando algo que se había vivido tanto en Alemania como en la Unión Soviética en la década de los 30 y de los 40 del siglo XX; y que él había analizado como periodista durante ese periodo.

El impacto y la transcendencia de 1984 en la cultura popular y en la visión política actual son más que evidentes. La empresa tecnológica Apple utilizó los hechos de la novela como símil para comparar a su competencia de entonces, IBM, como Gran Hermano, el líder controlador que todo lo ve en un anuncio para TV. A nivel más popular, incluso la televisión ha desarrollado programas de entretenimiento bajo el título de Gran Hermano en diversos países y con gran éxito hasta que la fórmula se fue agotando.

Siendo abrazada por distintas corrientes políticas, sin duda, una de las grandes herencias de la visión de 1984 es la de señalar la capacidad que poseen distintos movimientos políticos e incluso de la sociedad de concluir que los hechos no importan. En el Ministerio de la Verdad de la novela trabajan sobre esa premisa, pero teniendo en cuenta que es necesario que ciertos hechos se perciban como algo importante. Unos recuerdos borrosos y poco fiables no son comparables a la «evidencia».

Los «hechos alternativos» defendidos por el político Donald Trump desde una posición de reevaluación constante de qué es la verdad y cómo debe ser interpretada, nos recuerda a esa fase de reescribir la historia o dar lecturas distorsionadas. En una sociedad que se definió a principios de los 80 como de la información, parece que los datos no se usan para apuntalar hechos, si no para más bien reelaborar mentiras o tratar de apuntalarlas (la barrera entre información y propaganda se difumina una vez más).

Todo ello se nos recuerda en el libro El Ministerio de la Verdad. Una biografía de George Orwell donde se nos aporta una visión de conjunto enriquecedora respecto la época en la que fue escrita, una de las más convulsas de Europa, y las influencias tanto literarias como vitales que favorecieron en la maduración del libro. Más allá de la visión política y heredera de las acciones propagandísticas de la Segunda Guerra Mundial y Guerra Civil Española en la que Orwell participó como combatiente, el libro trata de incidir que 1984 bebe y es heredera directa de la literatura de su momento como las novelas de H.G. Wells o del libro Nosotros de Yevgueni Zamyatin.

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Orwell & Huxley

Orwell temía a aquellos que prohibían los libros. Huxley temía que no hubiera razones para prohibir libros porque no quedaba nadie que quisiera leer. Orwell temía que nos ocultaran información. Huxley que nos dieran tanta información que nos viéramos reducidos a la pasividad y el egoísmo. Orwell temía que nos ocultaran la verdad. Huxley que la verdad sería ahogada en un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convirtiéramos en un público cautivo. Huxley que nos convirtiéramos en una cultura trivial, preocupados por alguna versión de «the feelies, the orgy porgy and the centrifugal bublepuppy»

PEIRANO, Marta El enemigo conoce el sistema Madrid: DEBATE, 2019

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La investigación bibliotecaria del accidente de Chernobyl

El 26 de abril de 1986 el reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl (Pripyat, Ucrania) explotó provocando el mayor desastre nuclear civil registrado hasta ese momento. El reactor tipo RBMK, uno de los más usados dentro de la Unión Soviética, explotó durante una prueba de seguridad. Las investigaciones posteriores demostraron que ese tipo de reactor tenía un fallo en su diseño y que las condiciones que se sucedieron durante esa prueba facilitaron el colapso del reactor.

La mini-serie Chernobyl (2019) de la HBO muestra con crudeza los sucesos antes, durante y tras la explosión que provocó el abandono de la ciudad de Pripyat. No podemos olvidar que el coste humano del accidente todavía está por esclarecer y determinar. Además, se considera que los trabajos y recursos destinados a tratar de mitigar el desastre aceleraron el colapso del sistema soviético en 1991.

Hay que tener presente que esta serie es una dramatización, por lo que la serie simplifica el número de personas implicadas en la lucha de la mitigación del desastre. De este modo, el espectador le es más sencillo identificarse con los principales protagonistas. De hecho, el personaje de Ulana Khomyuk interpretado por Emily Watson es ficticio y trata de homenajear el esfuerzo conjunto de todos los científicos que estuvieron asistiendo a Valery Legasov y a Boris Shcherbina en las tareas de contención del desastre. Khomyuk será la encargada de tratar de esclarecer qué sucedió realmente durante aquella noche. Más allá de las entrevistas de los supervivientes, acudirá a una biblioteca para revisar el diseño del reactor y si había algo que podría haber fallado durante la prueba que se realizó el 26 de Abril.

© HBO

La biblioteca que escoge dentro de la serie para investigar es la Lomonosov University Library (Moscú). La universidad fundada en 1755 actualmente ha cambiado su denominación por Universidad Estatal de Moscú y es una de las universidades más prestigiosas de Rusia.

© HBO

Las tareas de búsqueda de información por parte de Khomyuk se describen en el capítulo 4 – The Happiness of All Mankind donde en un primer momento vemos a la científica consultando un catálogo de fichas y recopilando información sobre los documentos que quiere consultar.

© HBO

Tras finalizar la búsqueda, se acercará al mostrador donde señalará a una bibliotecaria que quiere consultar esos documentos y que dispone de un permiso del Comité Central. La bibliotecaria la mirará escéptica y mediante un interfono reclamará la presencia de un miembro del Partido llamándole camarada. Este recogerá el documento con las referencias bibliográficas y pasará a revisarlo. Finalmente, filtrará la lista dejando tan sólo un documento disponible para su consulta.

© HBO

El secretismo fue una de las características del gobierno soviético y el desarrollo nuclear se consideraba como información militar y estaba muy restringido su acceso. Sin embargo, existía fuera de la Unión Soviética una gran presión científica respecto a la aclaración de los hechos qué provocaron el accidente nuclear en Chernobyl. La imagen que se trasladaba fuera de las fronteras de la URSS también era importante para el Estado y los propios científicos no disponían de toda la información que necesitaban para realizar sus evaluaciones y estudios.

En la propia serie, se remarca este hecho puesto que Khomyuk se da cuenta cuál es problema con el reactor. Porque, aunque si bien le censuran los documentos a los que tiene acceso y partes de su contenido, olvidan tachar el índice que señala finalmente dónde estaba el problema de diseño de los reactores y que el propio aparato del estado soviético había intentando ocultar.

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Las dos muertes de la bibliotecaria Jedi Jocasta Nu

Jocasta Nu con un Lightsaber Rifle

Jocasta Nu, maestra Jedi y jefa de bibliotecarios, que pudimos conocer en la película Episodio III – La venganza de los Sith, tuvo dos muertes. Por así decirlo, la no-oficial y la oficial. En la primera de ellas, Anakin Skywalker recién convertido en Darth Vader acude a la Biblioteca y la asesina tras la Orden 66 (la orden militar mediante la cual el emperador Palpatine ejecuta a todos los Jedi). Desde luego que no se trató de una muerte épica, sino dentro de un videojuego y de forma rápida. Jocasta no era una gran guerrera, disponía de otras habilidades, así que poco podía hacer frente a uno de los mejores Jedis de la Galaxia. pero Disney tenía mejores planes para ella y un final mucho más épico.

En los nuevos cómics, que se vienen editando ya desde hace unos pocos años, la bibliotecaria tiene un rol mucho más relevante dentro de los hechos acontecidos tras la desaparición de la Orden Jedi. Darth Vader ya ha tenido su penúltimo enfrentamiento con su maestro y amigo Obi Wan Kenobi y ya es prácticamente una máquina.

El emperador Palpatine le encomienda a Vader que comience una búsqueda a los Jedis que han sobrevivido pero pone un foco especial respecto a Jocasta Nu. A pesar de que tienen toda la biblioteca para la orden Sith donde podrán recopilar conocimientos, Palpatine advierte a Vader que necesitan de la bibliotecaria puesto que hay conocimientos más allá de la biblioteca que puede atesorar sólo ella. De hecho, el emperador es consciente de que existe un registro de todos los niños que pueden ser sensibles a la fuerza y cree que Jocasta tiene un rol relevante en la gestión de ese archivo. No estaba equivocado.

Jocasta Nu tras el alzamiento del Imperio está preparando la transmisión de conocimientos a otros Jedis, iniciando una biblioteca personal y generando lo que se denomina holocron. Estos artefactos van más allá de los libros que se pueden ver en la película del Episodio III y son dispositivos que sólo pueden abrirse y usarse utilizando la Fuerza.

Pronto se percatará la Jedi que debe acudir a la Biblioteca para recuperar información relacionada con el registro de los seres sensibles a la fuerza antes de que lo describan los Sith. Resuelta y con el peligro que ello supone, se desplaza a Coruscant para tratar de acceder a la biblioteca. En su camino hasta una cámara especial dentro de ella, descubre al gran Inquisidor consultando los libros, lo que le produce rechazo y piensa en asaltar al aliado de los Sith.

Jocasta Nu se enfrenta al gran Inquisidor

Si bien consigue contenerse en un primer momento, justo cuando está saliendo de la misma tras obtener el archivo no puede refrenarse y ataca al Inquisidor. En ese momento, Vader interviene puesto que tiene la misión del emperador de mantener a la Jedi con vida frente a la intención del Inquisidor de acabar con la Jedi.

Tras una batalla mediante la cual Jocasta se percata que no es rival para ninguno de los dos Sith, decide borrar toda la Biblioteca y atacar a Vader con distintos artefactos. Sin embargo, es capturada no sin antes borrar todo el contenido de la Biblioteca (esto lo hace mediante un terminal de un ordenador) y realizar una batalla donde resiste de la mejor manera que puede los envites del Lord Sith. Capturada, trata de convencer a Darth Vader que lo mejor que puede hacer es matarla puesto que el emperador utilizará sus conocimientos y finalmente acabará con Vader (digamos que los Sith nunca se han fiado los unos de los otros). Vader hace explotar la nave en la que transportan a Jocasta Nu hasta el emperador acabando con su vida.

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Sobre el final del libro

Los gurús llevan tiempo intentando enterrar el libro. A principios del siglo XIX, la floreciente popularidad de los periódicos – sólo en Londres se editaban más de cien – llevó a muchos observadores a suponer que los librosestaban a punto de quedarse obsoletos. ¿Cómo iban. competir con la inmediatez de la hoja diaria? «Antes de que acabe el siglo, el periodismo será todo lo que se imprima, abarcará todo el conocimiento humano_ – proclamó el poeta y político francés Alphonse de Lamartine en 1831 -. El pensamiento se expandirá por el mundo a la velocidad de la luz, concebido al instante, instantáneamente escrito, entendido de inmediato. Cubrirá la Tierra de un polo a otro: súbito, instantáneo, inflamado del fervor del alma que lo alumbró. Será el reino de la palabra humana en toda su plenitud. El pensamiento no tendrá tiempo de madurar, acumularse en la forma, morosa y tardía, de un libro. Hoy el único libro posible será el periódico.»

[…] Hacia finales de aquel siglo los libros seguían ahí, conviviendo impávidos con los periódicos. […] Durante el siglo XX la lectura de libros soportaría un ataque frontal de enemigos aparentemente mortales: el cine, la radio, la televisión. Hoy los libros siguen siendo los objetos comunes de siempre, y no hay ningún motivo para suponer que las obras impresas vayan a dejar de producirse ni de leerse, en medida muy considerable, a medio plazo.

Superficiales de Nicholas Car, 2010

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Pedía libros, es decir, horizontes

“¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.”

Federico García Lorca (1931)

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