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Charles Finley podría haber pasado a la historia como uno de los mayores lectores de una biblioteca. Con un registro de préstamos de 2361 libros durante 2015, el lector voraz de la East Lake County Library (Orlando, EEUU) demostraba un interés inusitado en temáticas de diversa índole junto con un amplio espectro de gustos en literatura. Durante nueve meses, el usuario de la biblioteca pudo leer un libro en una media de tres horas. Esto provocó que los responsables del sistema bibliotecario se interesasen por él comprobando que en la ficha se hallaban su dirección, su carrera profesional y su número de licencia de conducir. Desgraciadamente, detrás del señor Finley se encontraban George Dore y Scott Amey, dos bibliotecarios que apostaron contra el sistema y perdieron.

En el fondo, el lector falso, Finley, fue creado con la intención de inflar las estadísticas de la biblioteca, tratando de engañar al algoritmo que mostraba la popularidad de los libros que en realidad no se prestaban en exceso (los libros que no se usan durante un largo período de tiempo se descartan y se eliminan del sistema bibliotecario). Los registros mostraron que docenas de libros se sacaron y se devolvieron en la misma hora, además de que la circulación de la biblioteca ascendió un 4% gracias a los préstamos de Finley.

Dore ha sido acusado de cometer fraude y ha sido suspendido de su puesto como gerente de la biblioteca. Además ha provocado que se inicie una auditoría de todo el sistema bibliotecario puesto que afirmó que hinchar las estadísticas se trataba de algo usual dentro del sistema.

Esto puede que saque a la luz un problema de financiación puesto que nueve bibliotecas del condado reciben alrededor de un millón de dólares teniendo presente sus ratios de préstamo. El sistema bibliotecario es cooperativo con una catalogación centralizada y con ciertos privilegios de préstamo para los residentes del condado.

En cualquier caso, la biblioteca de Dore no se encontraba en este esquema de financiación, por lo que aparentemente no hay un interés financiero a la hora de inflar las estadísticas y acometer el fraude. Sin embargo, asegura que se está desarrollando entre las bibliotecas una muy mal ambiente por conseguir fondos.

La venture capital que tenía una biblioteca en su entrada

© Drew Kelly

© Drew Kelly

Hace unos meses que hablábamos por aquí de Marc Andreessen, una de las principales personalidades de Silicon Valley. De forma muy resumida, recordaremos que fue uno de los creadores del primer buscador para la Web (MOSAIC). Actualmente, Andreessen gestiona una Venture Capital (VC), Andreessen Horowitz, que es una de las más relevantes de California. Una editora de Wired, Drew Kelly, visitó las oficinas de la VC y se sorprendió que el vestíbulo estuviese lleno de estanterías con libros.

Interesada en esa particular forma de dar la bienvenida a los visitantes y clientes de la empresa, estuvo indagando sobre la biblioteca dispuesta y accesible para todos. Intentando hacer un paralelismo con la cuna de las grandes empresas tecnológicas de hoy en día, se sorprendía de la cantidad de libros dedicados a los inicios de Hollywood (aunque también había libros de Sherlock Holmes y de Peanuts), cuando la industria cinematográfica estaba dando sus primeros pasos y donde había oportunidades para todos como parecía suceder hasta hacía poco en Silicon Valley.

Los libros que se encuentran en el hall pertenecen a Marc Andreessen y la periodista opina que para poder entender el personaje hay que detenerse a comprobar qué tipo de libros se encuentran en esas estanterías. Lo cierto es que Andreessen mostró cierta irritación cuando le hicieron llegar las preguntas sobre los libros, asegurando que, en realidad, lo que no quería era que su empresa pareciese un consultora cualquiera con una entrada fría e impersonal. A pesar que, cuando fue instalada, la librería disponía de cierto orden, Andreessen afirma desconocer el estado actual de esa particular biblioteca puesto que la gente coge lo que considera más adecuado e incluso algún consultor ha dejado caer algún ejemplar de su propia cosecha, así como algún autor esperanzado de que alguien descubra su libro. En cualquier caso, es una curiosa manera de vestir una empresa muy próxima a las nuevas tecnologías con algo tan obsoleto como podría parecer un libro de papel.

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Los bibliotecarios del MIT (Massachusetts Institute of Technology) celebraron unas jornadas en las reflexionaron sobre los distintos desafíos a los que se enfrentan las bibliotecas en este siglo XXI. Al contrario de lo que podría pensarse, no existe una versión pesimista del futuro de las bibliotecas. Ya que éstas todavía tienen una función preeminente en la sociedad en la que se sitúan. El objetivo de la biblioteca se fundamenta en “ahorrar el tiempo al usuario”, algo que podría parecer disuelto cuando todo el mundo lleva una conexión a internet en el bolsillo. Sin embargo, ese acceso inmediato también debe ser alimentado. En el caso del MIT, cuando se anunció el descubrimiento de las ondas gravitacionales, los servidores de la biblioteca debieron ser reforzados, mientras se habilitaba un sitio web con materiales de apoyo para que los medios y los ciudadanos de a pié pudiesen consultar con profundidad ese tema.

Por lo tanto, si creemos que tras la digitalización la biblioteca, tal y como está concebida, está acabada. Lo más probable es que nos equivoquemos, ya que no debemos olvidar que la biblioteca como ente se ha adaptado durante siglos tratando siempre de mantenerse como el lugar donde las personas y la información interactúan.

Ni la sociedad ni la información son entes estáticos. Evolucionan durante el tiempo atendiendo a los desarrollos propios de la Humanidad. Así, durante su existencia, las bibliotecas acogieron a tabletas de arcilla, a rollos de papiro, códices de pergamino y hasta a las nuevas formas de transmitir información como fueron los discos compactos. La sociedad también evolucionó gracias a la lucha contra el analfabetismo y la educación obligatoria, a que las universidades se alejasen de su carácter elitista para hacerse más inclusivas, a que los hábitos de lectura evolucionasen y a que la comunicación se transformó para adecuarse al ámbito electrónico.

Y, a pesar de ello, uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las bibliotecas actualmente es la conservación de los objetos digitales debido a su obsolescencia. Sin embargo, también se debe tener presente que no todo se encuentra ni va a poder ser digitalizado, es por ello que los profesionales de la información no deben olvidar que también deben dedicarle recursos a los materiales impresos. Qué se debe almacenar y qué no, qué debe ser restaurado y cómo, tratando de ser lo más respetuoso con los materiales y que sea sostenible medioambientalmente.

Además, no todas las ramas del conocimiento se enfocan en los mismos materiales. Así, por ejemplo, las ciencias suelen preferir la difusión digital, mientras que las artes todavía prefieren los materiales impresos. También se debe considerar que algunos documentos, como en el caso de las publicaciones periódicas, ocupan mucho espacio y finalmente pesan mucho, lo que hace resentirse tanto a las estructuras de los edificios como a los cimientos.

Otro de los problemas es transmitir los fondos digitales que puede llegar a poseer una biblioteca. Aunque las colecciones digitales puedan ser inmensas, no pueden ser visualizadas y el cómo se transmite al usuario y cómo se puede representar la profundidad del conocimiento también es importante.

Por otro lado, y como ya señalamos en un artículo anterior, los edificios se convierten en lugares centros comunales, de intercambio y de encuentro cultural. Deben ser lugares donde la gente quiera pasar mucho tiempo. Cada vez hay más necesidad de crear pequeños espacios de colaboración, donde se debata, sin olvidar que sigue siendo un refugio para los estudiantes donde buscan la tranquilidad y el silencio que no encuentran en otros espacios. Aunque la figura del bibliotecario gruñón que manda callar es un tanto ofensiva, todavía es necesaria y justo lo que algunos usuarios necesitan.

Los drones que reparten libros de biblioteca

Aunque el término Drone tiene una connotación bastante negativa debido a su amplio uso dentro del ejército de los Estados Unidos, actualmente estos pequeños vehículos aéreos están encontrando infinidad de usos desde el reparto de pizzas, al envío de salvavidas, la grabación de vídeos… Y ahora el envío de libros de texto.

La Universidad de Sydney (Australia) ha alcanzado un acuerdo con la empresa Zookal para el envío de libros de su biblioteca a través de drones. La solicitud se puede realizar a través de una App de un dispositivo móvil y, entre otras funcionalidades, se podrá seguir el recorrido del libro en la misma. El proyecto tiene que disponer todavía del visto bueno de la autoridad de aviación civil australiana (Civil Aviation Safety AuthorityCASA).

Aunque no existe una regulación sobre su uso en muchos países occidentales, en el caso australiano es distinto ya que introdujo la regulación sobre el uso de drones en 2002. Los bomberos de Melbourne ya los utiliza en situaciones de emergencia y son uno de los 56 operadores que tienen licencia de uso. Respecto al envío de libros de la Universidad de Sydney, hasta marzo de 2014 no habrá una resolución al respecto, pero de aprobarse se trataría del primer servicio comercial que realiza reparto de paquetes mediante este sistema.

Por otro lado, el ahorro de costes parece interesante. Desde Zookal se asegura que el envío de libros con drones se calcula en $3, mientras que usando un servicio de paquetería tradicional el coste es de $30 aproximadamente. Por otro lado, el envío se realiza en unos minutos respecto a las horas con las que se tarda con un servicio de mensajería.

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Cómo convertir una biblioteca en un lugar de juegos (y de lectura)

La empresa de diseño española Playoffice nos propone un divertido sistema para convertir cualquier biblioteca particular en lugar de juegos y de lectura para los más pequeños. El sistema es tan simple como la colocación de una red a cierta altura donde los niños puedan encontrarse más cómodos para desarrollar sus actividades. Claro que el concepto, denominado Reading Net, requiere de bibliotecas personales de cierta envergadura para poder ser llevado a la práctica.

Reading Net

La biblioteca personal de Hannibal Lecter

El doctor Hannibal Lecter, Hannibal el Caníbal, es uno de los personajes más fascinantes que ha dado la cultura norteamericana recientemente. Clasificado como el villano más grande de todas las películas de Hollywood por el American Film Institute, no nació en ese medio, sino en novela. Thomas Harris lo presentó en “El Dragón Rojo (1981)” describiéndole como un asesino ya convicto que colaboraba con la policía, mientras daba un paseo atado por el patio interior del Hospital Psiquiátrico de Baltimore o en su celda. Sin embargo, no sería hasta “El Silencio de los Corderos” (novela y película), cuando Lecter alcanzaría su mayor popularidad y lo que le haría merecedor de películas y libros de continuación de diversa fortuna.

Recientemente, se acaba de emitir en EEUU la serie de TV “Hannibal” donde se nos muestra el inicio de la colaboración de Lecter con Jack Crawdford y el agente especial del FBI Will Graham y que finalizaría su detención y su reclusión. El doctor Lecter es un personaje cultivado, amante de la pintura, de la música y de la lectura como ya mostraría en la película “Hannibal” al convertirse en el responsable de la biblioteca Capponi. En la serie, sigue disponiendo de ese refinamiento, aunque en esta ocasión se nos amplía un poco más psique, mostrándonos sus artes culinarias y los platos que cocina especialmente a sus invitados. En esta ocasión, el personaje está mucho más contenido y frío en su forma de comportarse, aunque muestra pequeños destellos de lo que es realmente.

En la serie, se nos muestra a un Lecter que todavía ejerce, que recibe a sus pacientes en su consulta que se sitúa en un amplio e impresionante despacho donde podemos encontrar una biblioteca a la que se accede mediante una escalera y que rodea casi toda la habitación.

Biblioteca de Hannibal nº 2

Biblioteca de Hannibal nº 3

Biblioteca de Hannibal nº 1

A pesar de los recortes que está sufriendo, la Public Library of New York no deja de innovar y ensayar nuevos formatos para atraer a los más jóvenes. En esta ocasión, nos sorprende en su delegación en Harlem’s Hamilton Grange donde invita a sus usuarios más jóvenes a simplemente pasar un buen rato en la biblioteca. Para ello, ha habilitado una zona abierta donde los jóvenes pueden jugar con videojuegos (Como la Wii o Guitar Hero) o comer aperitivos sin preocuparse de que les llamen la atención. Los adolescentes pueden interactuar, participar y jugar con sólo dos bibliotecarios que tratan de mantener cierto orden. Pero por supuesto que no todo va a ser divertirse, también se puede trabajar ya que existe un espacio para la consulta de libros y para hacer los deberes de la escuela. Aunque, eso, ya no se salga de lo común.

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