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Autor: Maria Elena Mateo

La Degradación del Medio

En este caso quiero hablar no sólo de la degradación del Medio, sino también de la degradación del Fin.

En los últimos años, el mundo que nos rodea se ha ido tecnificando en todos los aspectos y, pese a las reticencias naturales a la incorporación de nuevas aplicaciones tecnológicas en nuestras vidas, nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de máquinas, ya no sólo por su utilidad más inmediata, por el trabajo que nos evitan o facilitan, sino también como instrumentos de ocio.

El ordenador es una de esas herramientas que se han convertido en imprescindibles para la realización de prácticamente cualquier tipo de trabajo. Y las ventajas de la incorporación de éste a la metodología del trabajo bibliotecario son conocidas por todos.

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Como ir a la Universidad no eleva tu nivel cultural

Siempre he sido una ávida lectora.

Durante toda mi infancia, adolescencia y gran parte de mi vida adulta, leí todo lo que cayó en mis manos: cuentos y novelas infantiles y juveniles, clásicos de la literatura y el teatro, novelas actuales, históricas, policíacas, de ciencia-ficción, de terror, ensayos de una variedad innombrable de temas… Todo lo que me interesaba en uno u otro momento que, evidentemente, a lo largo de los años fue cambiando y evolucionando.

Pero decidí estudiar. Escogí, o más bien ella me escogió a mí, la Diplomatura de Biblioteconomía y Documentación y, posteriormente, la Licenciatura de Documentación. Y entonces dejé de leer.

Como no sólo me dedicaba a la carrera, sino que también estudiaba idiomas y trabajaba, mi tiempo libre era limitado y mis lecturas se restringieron casi estrictamente a las profesionales. Si tienes que leerte el “Manual de biblioteconomía” de Orera Orera, el “Manual de archivística” de Cruz Mundet y “La documentación y sus tecnologías” de Amat Noguera, entre otros, no te queda ni tiempo ni ganas para leer nada que suponga un mínimo esfuerzo.

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Biblioteconomía y Documentación, ¿es o no una titulación universitaria de grado medio?

Siempre nos estamos quejando, y la mayoría de veces con razón, sobre los requisitos en cuanto a titulación que se piden en las oposiciones de biblioteca.

Generalmente, pueden acceder a estas oposiciones titulados medios o superiores de cualquier carrera. En el caso de que se especifique alguna titulación concreta, suelen solicitarse licenciados en Historia, en Filología o demás carreras “de letras” y últimamente, por suerte, también diplomados en Biblioteconomía y Documentación y licenciados en Documentación.

Lo que me ha parecido curioso es “cómo” determinan las titulaciones que se exigen para presentarse a la plaza de técnico medio de biblioteca del Ayuntamiento de Elche, en Alicante.

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Biblioteca y teatro: la simbiosis perfecta

En la Comunidad Valenciana estamos de enhorabuena. Gracias a un acuerdo entre la Dirección General del Libro y Bibliotecas y Teatres de la Generalitat Valenciana, todos los usuarios de biblioteca poseedores del carnet único de la Red Electrónica de Lectura Pública Valenciana pueden acceder a un descuento del 25 % sobre el precio de las entradas en las salas gestionadas por la Generalitat Valenciana.

En el caso de Valencia, este descuento se aplica en 6 salas: Teatre Principal, Teatre Rialto, Teatre Talía, Sala Matilde Salvador, L’Altre Espai y Sala Moratín. En Alicante, tan sólo en el Teatre Arniches.

Con esta medida la Generalitat Valenciana seguramente pretende incentivar tanto el uso de la biblioteca pública como la asistencia al teatro, que en los últimos años está en perpetua crisis.

Pero lo que más me gusta de este acuerdo entre bibliotecas públicas y teatros es su carácter “democratizador”. Normalmente los descuentos en el teatro siempre han estado dirigidos a sectores específicos de la población: estudiantes y jubilados. Pero, gracias a esta medida, es la primera vez que todos podemos acceder a ese descuento, tan sólo con tener un carnet de biblioteca que puede obtener todo el mundo.

Ahora, el usuario de las bibliotecas públicas valencianas tiene la excusa perfecta para ir al teatro, y el amante del teatro, para hacerse usuario de una biblioteca.

¿A qué estás esperando?

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Para alcanzar la felicidad…

De vez en cuando surgen noticias sobre los riesgos para la salud que implican ciertos trabajos, los accidentes laborales más habituales o si “tal profesión” o “tal otra” tiene un factor de estrés o de depresión elevado. Y entonces me he preguntado cuáles serían las enfermedades más características que padecen los bibliotecarios y documentalistas, o qué lugar ocuparíamos en el ranking de estresados.

Respecto a algunas de las patologías que sufrimos los que nos dedicamos a esta profesión, están claras, o al menos para mí: las cervicales y la espalda destrozadas, de estar tantas horas delante de un ordenador, y la vista cansada al final del día, por la misma razón. Lo que no sabía, aunque me encanta mi profesión, es que el ejercicio de la biblioteconomía proporciona la felicidad.

Eso es, al menos, lo que opina Andrea Capdevila, un bibliotecario de un colegio del Condado de Orange, en California, que confiesa que la profesión de bibliotecario le ha proporcionado tantas satisfacciones que han hecho de él “el hombre más feliz del mundo”. Según sus declaraciones, lo que más le gusta de su profesión es ayudar a los estudiantes:

Me miro al espejo cuando llego a casa y sé que hice un buen trabajo. Para mí es el mejor trabajo en el mundo. Yo les enseño cómo encontrar lo que buscan.

De por sí, ya resulta curioso que entrevisten a un bibliotecario, más aún si no se trata del jefazo de una biblioteca universitaria o nacional, pero lo realmente curioso es que la entrevista esté enfocada a resaltar que esta profesión puede aportar muchas satisfacciones a quien la ejerce.

Si se trata de una campaña para promocionar la profesión de bibliotecario, no está mal. A mí, por lo menos, me ha convencido.

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Bibliotecarios: los nuevos protagonistas

Hasta hace poco, en la cultura española, el mundo de las bibliotecas y las “bibliotecarias”, ya que aquí siempre eran mujeres, ha pasado desapercibido para la sociedad en general y para los escritores en particular. Al parecer, la sociedad española visitaba tan poco las bibliotecas que ninguna trama interesante podía desarrollarse en ellas y, si pasaba, no importaría a nadie. Ahora mismo sólo recuerdo una historia protagonizada por bibliotecarios en una novela española, uno de los relatos que componen la novela de Quim Monzó El porqué de las cosas, que describía la relación amorosa de una bibliotecaria y su compañero.

En la cultura anglosajona, en cambio, la biblioteca sí que ha sido telón de fondo de múltiples historias en novelas y películas. Por poner sólo un par de ejemplos, las historias que mi compañero Marcos ha comentado en este mismo blog, la película Indiana Jones y la última cruzada y un relato de Stephen King.

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La biblioteca frustrante

En mi último envío en el que hablaba sobre el canon por préstamo en las bibliotecas públicas, entre la maraña de datos que manejé, hubo uno que llamó inmediatamente mi atención, que tan sólo el 2% de los lectores españoles había obtenido su último libro leído a través de una biblioteca. Si a esto se une que del 53% de lectores españoles sólo el 13% saca libros de las bibliotecas, las cifras empiezan a ser preocupantes, ya que desvelan el escaso interés que sus fondos tienen para los usuarios.

Ver estos datos me hizo recordar mis largos años de usuaria de bibliotecas públicas, en los que la frustración era lo que marcaba mis visitas a la biblioteca del barrio.

Como mis recursos eran francamente escasos, tenía que recurrir a la biblioteca para acceder a las novedades literarias y los best-seller del momento, pero estos libros nunca estaban. O no los habían adquirido o, si lo habían hecho, siempre estaban prestados y me enfrentaba a una larga lista de espera. Evidentemente, no llegaban a mis manos hasta que ya dejaban de ser tan novedosos, lo que hacía que mis temas de conversación literarios siempre llevaran un par de años de retraso. Esto me llevó a apuntarme a todas las bibliotecas que tenía a mi alcance, para así tener más posibilidades de acceder a los libros que quería pero, de todas formas, me hallaba frente al mismo problema en todas ellas.

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