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Categoría: Biblioteconomía

El futuro de la biblioteca según los bibliotecarios del MIT

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Los bibliotecarios del MIT (Massachusetts Institute of Technology) celebraron unas jornadas en las reflexionaron sobre los distintos desafíos a los que se enfrentan las bibliotecas en este siglo XXI. Al contrario de lo que podría pensarse, no existe una versión pesimista del futuro de las bibliotecas. Ya que éstas todavía tienen una función preeminente en la sociedad en la que se sitúan. El objetivo de la biblioteca se fundamenta en “ahorrar el tiempo al usuario”, algo que podría parecer disuelto cuando todo el mundo lleva una conexión a internet en el bolsillo. Sin embargo, ese acceso inmediato también debe ser alimentado. En el caso del MIT, cuando se anunció el descubrimiento de las ondas gravitacionales, los servidores de la biblioteca debieron ser reforzados, mientras se habilitaba un sitio web con materiales de apoyo para que los medios y los ciudadanos de a pié pudiesen consultar con profundidad ese tema.

Por lo tanto, si creemos que tras la digitalización la biblioteca, tal y como está concebida, está acabada. Lo más probable es que nos equivoquemos, ya que no debemos olvidar que la biblioteca como ente se ha adaptado durante siglos tratando siempre de mantenerse como el lugar donde las personas y la información interactúan.

Ni la sociedad ni la información son entes estáticos. Evolucionan durante el tiempo atendiendo a los desarrollos propios de la Humanidad. Así, durante su existencia, las bibliotecas acogieron a tabletas de arcilla, a rollos de papiro, códices de pergamino y hasta a las nuevas formas de transmitir información como fueron los discos compactos. La sociedad también evolucionó gracias a la lucha contra el analfabetismo y la educación obligatoria, a que las universidades se alejasen de su carácter elitista para hacerse más inclusivas, a que los hábitos de lectura evolucionasen y a que la comunicación se transformó para adecuarse al ámbito electrónico.

Y, a pesar de ello, uno de los mayores problemas a los que se enfrentan las bibliotecas actualmente es la conservación de los objetos digitales debido a su obsolescencia. Sin embargo, también se debe tener presente que no todo se encuentra ni va a poder ser digitalizado, es por ello que los profesionales de la información no deben olvidar que también deben dedicarle recursos a los materiales impresos. Qué se debe almacenar y qué no, qué debe ser restaurado y cómo, tratando de ser lo más respetuoso con los materiales y que sea sostenible medioambientalmente.

Además, no todas las ramas del conocimiento se enfocan en los mismos materiales. Así, por ejemplo, las ciencias suelen preferir la difusión digital, mientras que las artes todavía prefieren los materiales impresos. También se debe considerar que algunos documentos, como en el caso de las publicaciones periódicas, ocupan mucho espacio y finalmente pesan mucho, lo que hace resentirse tanto a las estructuras de los edificios como a los cimientos.

Otro de los problemas es transmitir los fondos digitales que puede llegar a poseer una biblioteca. Aunque las colecciones digitales puedan ser inmensas, no pueden ser visualizadas y el cómo se transmite al usuario y cómo se puede representar la profundidad del conocimiento también es importante.

Por otro lado, y como ya señalamos en un artículo anterior, los edificios se convierten en lugares centros comunales, de intercambio y de encuentro cultural. Deben ser lugares donde la gente quiera pasar mucho tiempo. Cada vez hay más necesidad de crear pequeños espacios de colaboración, donde se debata, sin olvidar que sigue siendo un refugio para los estudiantes donde buscan la tranquilidad y el silencio que no encuentran en otros espacios. Aunque la figura del bibliotecario gruñón que manda callar es un tanto ofensiva, todavía es necesaria y justo lo que algunos usuarios necesitan.

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Sci-Hub, la mayor (e ilegal) biblioteca de investigación de Open-Access del mundo

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En los últimos años, la batalla sobre el acceso al conocimiento científico-técnico se ha recrudecido. El movimiento sobre el acceso libre, universal y gratuito al conocimiento se ha visto espoleado principalmente por la página web Sci-Hub que ofrece material descargable que hasta ahora sólo podía ser accesible mediante pago. Actualmente, los servidores de Sci-Hub almacenan cerca de 50 millones de documentos a los que se añaden más cada día, según los usuarios hacen uso de su buscador. Hay que señalar que estos contenidos se agregan sin el permiso pertinente de los que poseen su copyright. El crecimiento de esta página web ha provocado que los grandes medios de comunicación ya hayan comenzando a hacerse eco de esta página y The Washington Post ha tratado de ofrecer un poco de luz sobre quién está haciendo uso de la misma: todo el mundo.

Debajo de esta piratería de la propiedad intelectual, se encuentra una lucha más compleja y profunda que nos debe llevar a la década de los años 70. En esta década se produjo un incremento importante de las publicaciones seriadas científicas, pero que derivó en algo mucho más relevante con la popularización de Internet que debería hacer mucho más sencillo el conseguir rebajar los costes.

Como nota aclaratoria, debemos tener presente que los científicos que publican en estas revistas no son retribuidos por los artículos que finalmente acaban siendo publicados, sino que lo que realmente buscan es el prestigio para obtener financiación para las instituciones para las que trabajan y para sus propios equipos. Sin embargo, las editoriales pueden llegar a cobrar hasta $10.000 por suscripción para alguna de estas revistas, mientras que los científicos obtienen sus ingresos gracias a las administraciones públicas que todos mantenemos gracias a los impuestos. La pregunta es evidente si los científicos trabajan por el bien común, financiados por las administraciones públicas, ¿por qué esa información no es libre y gratuita?

Tal y como señalábamos, desde los años 70, los precios de las revistas académicas comenzaron a subir más que la inflación. Peter Suber, en su libro Open Access, afirmaba que «en el año 2000, Harvard tenía suscritas 98.900 revistas, mientras que Yale tenía 73.900.» La mejor biblioteca de investigación de la India, Indian Institute of Science, tenía suscritas 10.600 revistas, mientras que muchas bibliotecas subsaharianas no disponían de ninguna. Pero no es que las universidades pobres no puedan permitirse una suscripción o un acceso a los papers de su interés, es que las propias universidades de los países desarrollados han tenido que acometer planes de recortes en las mismas por la continua alza de los precios. Empezando por Harvard.

Para contrarrestar esa continua barrera que suponía el continuo incremento de las revistas, surgió el movimiento Open-Access en 1990. Los propulsores del mismo eran conscientes de que Internet podría reducir los costes de producción y distribución, a la vez que ofrecían una solución a esas diferencias de acceso a la información. Por ello, surgieron iniciativas como PLOS ONE como una forma de facilitar ese acceso. Sci-Hub se la contempla como un ala radical de este movimiento y es que su máxima responsable Alexandra Elbakyan espera poder acelerar la adopción del Open Access.

Las publicaciones científicas contemplan el movimiento con consternación y denuncias. La revista Science publicó recientemente una editorial (My love-hate of Sci-Hub) defendiendo el modelo de negocio de las revistas. Entre otras, las editoriales se defienden afirmando que la publicación on-line es tan cara como la impresa (se necesita contratar a ilustradores, comunicadores, editores y técnicos) y que las revistas aseguran la calidad de las publicaciones científicas y las hacen convenientes para los lectores.

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Cómo los bibliotecarios y las bibliotecas se reinventaron para sobrevivir

Recortes

Recortes, la palabra favorita de aquellos economistas que nos dijeron que podríamos gastar por encima de nuestras posibilidades. Después dieron un paso atrás y nos acusaron de vivir por encima de nuestras posibilidades. Una palabra que los políticos asimilaron con prontitud cuando ya era demasiado tarde. Se recortó todo y a todo. Salud, educación, infraestructuras y cultura. Hay que priorizar la supervivencia de aquellos que nos prestaron el dinero, aunque se dejen otros muertos por el camino.

En Reino Unido, hasta 8000 puestos de trabajo en bibliotecas han desaparecido. Se cree que esto representa hasta el 25% de los empleos del sector que han sido sustituidos por un flujo constante de voluntarios. Esto en algunos casos ha horrorizado a algunos bibliotecarios puesto que el voluntariado no puede sustituir la preparación de los bibliotecarios y la adopción de un código ético y profesional que los voluntarios suelen desconocer.

En ocasiones, estos voluntarios sufren de ciertos sesgos sobre quién puede acceder a la información, quién puede habitar las bibliotecas, qué recursos son necesarios, etc. Así, algunas bibliotecas se convierten en clubes locales sociales cerrados, sin los recursos adecuados, sufriendo de una reducción en las horas de apertura, en los fondos librarios, en el mantenimiento de las instalaciones, en una plantilla insuficientemente formada…

Sin embargo, no hay que olvidar que existen casos de éxito. Bibliotecas que estuvieron a punto de cerrar y que se salvaron de ello gracias a la voluntad de sus usuarios. Aunque no hay olvidar que una cosa es realizar actividades en una biblioteca y otra diferente es gestionarla. En eso, el personal formado específicamente no debería ser desdeñado. Sin embargo, el compromiso de su comunidad es totalmente necesaria para su supervivencia.

Cuando el acceso a la información es (casi)universal

Hoy en día llevamos una biblioteca enorme y gratis en nuestros bolsillos. Sólo debemos desbloquear nuestras pantallas, dar unos cuantos golpes sobre ellas y esperar que suceda la magia. ¿Qué sentido tienen buena parte de las bibliotecas hoy en día?

En el caso de las bibliotecas universitarias, el préstamo de soportes físicos han sufrido un declive evidente gracias al e-book y a otras plataformas de acceso a la información científico-técnica. Los bibliotecarios han sabido adaptarse a los nuevos tiempos, ofreciendo servicios online en tiempo real a través de chats y plataforma de mensajería y el cada vez más vetusto email.

Sin embargo, estas bibliotecas no han sufrido una reducción de sus visitantes. Se han ido transformando en lugares desde los cuales se accede a la información a sitios donde se interactúa con ella, se crea. Los estudiantes universitarios de EEUU han comenzando a identificar a las bibliotecas como lugares donde se va a estudiar, a colaborar, a aprender y a hacer networking.

Algunas de ellas han comenzado a eliminar las prohibiciones de comer o ingerir bebidas, mejorando los lugares de estudio huyendo de la austeridad y la frialdad de antaño. El objetivo es volver a los orígenes de las bibliotecas, reconvertirlas para que adopten el rol de aprendizaje, de cultura, de encuentro y de construcción de una comunidad intelectual que era preponderante antaño.

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Marc Andreessen, el hombre que vio el futuro

Marc AndreessenA pesar de ser considerado como una de las 100 personas más innovadoras del mundo por la publicación MIT Technology Review, Marc Andreessen prefiere mantener un perfil bajo, aunque podría situarsele a nivel de Elon Musk, Steve Jobs, Bill Gates, Mark Zuckerberg o Larry Page, por citar a algunos.

Nacido en 1971, fue fundador de Mosaic (1993), el primer navegador gráfico de la World Wide Web creada por Tim Berners-Lee. El desarrollo de Mosaic fue una apuesta de Andreseen consciente que el sistema desarrollado en el CERN era superior al Gopher u otros protocolos tempranos de Internet como el FTP que en aquel entonces eran los más populares. El éxito de Mosaic fue arrollador y sobre sus cimientos constituyó la empresa Netscape, que salió a bolsa en 1995, y que fue adquirida por AOL unos años más tardes. Pero tampoco se quedó quieto tras la venta y creó un servicio de hosting denominado LoudCloud (1999) junto a Ben Horowitz que acabarían vendiendo a HP en 2007. Posteriormente, ya con una fortuna personal de 600 millones de dólares, crearía la empresa de Venture Capital Andreessen-Horowitz que actualmente se la considera como una de las VC más importantes de Silicon Valley. Tanto es así que fueron “early investor” en empresas como Facebook, Twitter, Groupon o Airbnb.

Andreessen tiene un pensamiento que podría considerarse como particular, pero muy apegado a la mentalidad del valle. Así considera que los productos y los servicios tecnológicos eliminarán ciertos comportamientos que considera primitivos como pagar en efectivo, ingerir comida cocinada o que la realidad aumentada mejorará nuestra experiencia con el mundo que nos rodea. Sin embargo, este pensamiento que nos podría parecer un tanto excéntrico, le ha conducido a anticiparse a distintas evoluciones en cómo interactuamos dentro de la Red.

Las principales ideas de Andreesen han sido:

  1. Todo el mundo accederá a la Web (estará conectado). Esta idea proviene de 1992, cuando se encontraba desarrollando Mosaic y promocionaba las conexiones a través de dial-up. Su visión crítica de entonces partía de las asunciones por parte de las empresas de telecomunicaciones a la hora de ofrecer el producto. Estas eran en primer lugar que creían que no funcionaría, que la conexión era demasiado lenta, resultaba demasiado cara y que la gente no sería lo suficientemente inteligente para usarla (los consumidores no sabrían qué hacer con ella). El éxito de Mosaic favoreció un aumento de la demanda de este tipo de servicios que consecuentemente mejoraron la oferta. No sólo eso, las personas no sólo se convirtieron en consumidores si no que también en productores.
  2. El navegador será el sistema operativo. Hoy en día con Chrome OS comercializado nos podría sorprender que se cuestionase esa afirmación, pero en 1999 podría resultar chocante. Muchas de las aplicaciones que usamos en la actualidad se encuentran en la Red y sus operaciones son ejecutadas en servidores. Es posible que la gente considere que la Web es un lugar donde buscar información o comprar/vender cosas, sin embargo es un lugar donde se accede a aplicaciones.
  3. Las empresas basadas en la Web se encontrarán en el Cloud (Nube). Andreessen contemplaba el software en una utility, es decir, se transformaba en un servicio barato y accesible como es la distribución eléctrica.
  4. Todo será social. En 2004, lanza Ning que se trataba de un servicio que permitía a grupos de gente crear sus propias apps y redes sociales. Aunque no fue un éxito, el término social se convirtió en ubicuo. Posteriormente, Andreessen invertiría en Facebook, Groupon o Instagram.
  5. El software se está comiendo al mundo. Aunque creamos que Amazon es una tienda, en realidad, es una empresa de software. En 2001, el gigante de Internet llegó a un acuerdo con la empresa editora Borders para la distribución de libros electrónicos. En aquel momento, Borders consideraba a ese formato como irrelevante o no estratégico. Por otro lado, siguiendo la afirmación de Andreessen innumerables sectores se están viendo convertidos en plataformas.

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Superando el information value gap

Information value gap

En la década de los 60 del siglo pasado, Peter Drucker, que acuñó el término de Sociedad del Conocimiento, definió al trabajador del conocimiento como aquellos que son los principales creadores de valor, innovación y ventaja competitiva. Para Drucker, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación que acompañan a la sociedad del conocimiento transformarían las economías, los mercados y la estructura de la industria, los productos y servicios, los puestos de trabajo y los mercados laborales.

De los años 60 a los 90, la cantidad de información disponible creció de forma exponencial. Se pasó desde la escasez y la dificultad de acceso a prácticamente la infoxicación. Sin embargo, ese flujo continuo de información no se ha estabilizado, sino que ha aumentado la cantidad de datos que las organizaciones son capaces de producir. Desde 2001, la cantidad de información que se genera tanto fuera como dentro de la empresa inunda cualquier ámbito, pero ¿se ha convertido en valor? ¿Puede el trabajador de conocimiento extraer todo su potencial?

La información tiene valor en la forma en la que se usa y en el momento en el que se usa. Es decir, la información como activo tiene un valor potencial y valor realizable. Tratar de aproximar las curvas entre el potencial valor de la información y su valor realizable sería la forma de asegurarnos de que realmente estamos exprimiendo todo su valor.

El Big Data es un buen ejemplo de tratar de cerrar ese information value gap. El Big Data necesita de grandes inversiones en infraestructuras y planificación (almacenamiento, bases de datos, capacidad de procesamiento, software de análisis y ancho de banda). Sin embargo, el Big Data no tiene porqué ser bueno por sí mismo si no se define cómo debe usarse y con qué finalidad. Para ello, a la hora de realizar un desarrollo de este tipo se debería entrar a considerar:

  • Cómo la información y el conocimiento generado puede ayudarnos a desarrollar y apoyar a nuestro modelo de negocio actual.
  • Cómo nos puede ayudar a sobrevivir dentro de un mercado específico.
  • Cuál es el valor de la información para apoyar nuestro valor y generar ingresos recurrentes.
  • Cómo esa información puede usarse para crear una nueva proposición de valor para los clientes, industria, socios y mercados.
  • Cómo usarán los competidores y socios esa información.
  • Cómo puede nuestra empresa posicionarse en la cadena de valor en ese mercado con esa información generada.

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Estableciendo el valor de la información

Infonomics

Durante el incendio de la Torre Windsor de Madrid en 2005, no sólo se perdió toda la torre -tuvo que ser derruida-, no sólo el centro comercial colindante a la misma tuvo que cerrar durante días; también se perdieron horas de trabajo que se quedaron atrapadas en los ordenadores de la empresa y junto a ellos mucha información. Nos encontramos en 2005 y los sistemas de Cloud no eran tan populares. Aunque existirían servidores redundantes externos a la Torre, posiblemente, durante el incendio, miles de horas de trabajo se perdieron en las distintas oficinas que se situaban en el edificio. Sin embargo, es probable que nadie se hiciese cargo de esas horas perdidas, de esos bits que no pudieron ser alojados en otro lugar. Desde luego que no hay empresa aseguradora que se haga cargo de la pérdida de unos y ceros. Pero como bien sabemos la información es uno de los recursos más valiosos de las empresas.

La infonomía, de la que ya hablamos en el pasado, es la disciplina que estudia la importancia económica de la información. Es un campo todavía por explotar pero que sin duda sufrirá una rápida expansión en los próximos años. Las empresas se preocupan por la “curación” de la información, cómo se captura, cómo se difunde; aunque la información generada internamente como un activo estratégico todavía no tiene el suficiente peso dentro de ellas como para ser valorada.

Las nuevas tendencias como el Big Data van a comenzar a transformar esa percepción a pesar de que esa información no aparecerá publicada en las memorias anuales de la empresa destinadas a los inversores. Hoy en día, las empresas gestionan mayores cantidades de información que en el pasado, pero cómo se gestiona esa información y cómo se explota ese valor, todavía es un campo por definir. Por ejemplo, una máquina sensorizada se encuentra constantemente generando datos, pero cómo se recogen, se estructuran y se analizan esos datos, aportan el valor diferencial a la empresa. ¿Cómo se evalúa el valor de esa información? ¿Cómo se asegura su pérdida?

Desde luego que la información es uno de los mayores recursos de los que disponen las empresas, pero se resisten a aparecer dentro de los libros contables por su intangibilidad. Pero, mientras no lo hagan, la información será difícilmente evaluable como propiedad.

Para ello, la infonomía se dota de sus siete principios, en los cuales profundizaremos más adelante, para comenzar a transformar esa percepción de la información. Estos son:

  1. La información es un activo
  2. La información tiene un valor potencial y otro realizable.
  3. El valor de la información puede ser cuantificado.
  4. La información debe ser cuantificada como un activo.
  5. El valor realizable de la información debe ser maximizado.
  6. El valor de la información debería ser usado para priorizar inversiones y presupuestos tanto en tecnologías de la información como de los negocios.
  7. La información debería ser gestionada como un activo.

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Chief Disruption Officer (CDO), ¿la Inteligencia Competitiva en el club de las Cs?

Debido ya no sólo a la competitividad de las empresas, si no también al cambio del tipo de consumidor y sus exigencias, las empresas se enfrentan a escenarios más cambiantes en breves más cortos de tiempo y menos predecibles. Las disrupciones en el mercado se suceden en distintos ámbitos y algunos consideran que empieza a ser necesaria la emergencia de una nueva figura dentro de las empresas capaz de gestionarlos. Aunque también es cierto que algunos consideran que el top de las empresas empieza a estar demasiado poblado con la delimitación de tantas funciones.

Las empresas se enfrentan cada vez más a hechos disruptivos que si no son detectados a tiempo pueden poner en peligro la viabilidad económica de las mismas. Uno de los clásicos ejemplos de una disrupción de un mercado es el de Kodak. La empresa norteamericana bien pudo anticiparse a un cambio en el mercado fotográfico cuando éste asimiló la imagen digital frente a la analógica. De hecho, Kodak poseía una buena cantidad de patentes referentes a la fotografía digital gracias a un esfuerzo de I+D sobre ella. Sin embargo, prefirió situarse dentro de una zona de confort, dentro de un mercado que conocía (el carrete fotográfico), y su futuro pasó a la historia.

Pero no solamente los productos hacen que un modelo de negocio quede obsoleto, sino también los cambios socioeconómicos. Hoy en día, los consumidores no quieren ser ignorados y son plenamente conscientes de que la competencia o un producto sustitutivo se encuentra a un clic de distancia. Las nuevas generaciones, al contrario ya no de sus padres sino casi de sus hermanos, ya no disponen del concepto de propiedad. Quieren usar, pero no tienen la necesidad de poseer. Véase por ejemplo el caso de Spotify en el sector musical.

Por ejemplo, el sector servicios está sufriendo en sus propias carnes la gran transformación que está suponiendo la economía de la colaboración. En este caso, la disrupción proviene de la asimilación y aceptación social de modos alternativos de transporte como es el que ofrece Blablacar (compartir coche) y que ya ha puesto en alerta a las empresas de transporte españolas por la laminación que ya está provocando en sus ingresos.

Hasta hoy, el término disruptivo poseía cierta connotación negativa. Las palabras confusión, desorden o caos bien podrían ser los sinónimos más próximos, pero la disrupción en cuanto se observa desde un punto de vista de la innovación cambia su significado hacia términos más positivos. Los usuarios tienen nuevas necesidades, utilizan otros medios para comunicarse y compartir ideas, acceder a nuevas tecnologías y las empresas deben saber adaptarse a estos cambios no tan deseados por ellas.

En el contexto de la innovación, la disrupción se intenta usar desde este punto de vista como algo que se encuentra en movimiento, dando un paso más allá de la mera innovación que constituiría un término mucho más estático, el de puramente de las ideas. Las disrupciones se suceden a distintos niveles y contínuamente ya sean sociales, políticas, económicas o de marketing. Las organizaciones deben ser conscientes del entorno completamente cambiante de ello y algunos ya empiezan a sugerir que los Chief Disruption Officer (CDO) deberían comenzar a hacerse un hueco en ellas (algunos sugieren incluso que deberían denominarse Chief Innovation and Disruption Officer), aunque parece que el club de las Cs de las empresas empieza a estar bastante concurrido.

En cualquier caso, no está de más recordar las palabras de Tim Cook (CEO de Apple) sobre la innovación y las empresas.

Creativity and innovation are something you can’t flowchart out. Some things you can, and we do, and we’re very disciplined in those areas. But creativity isn’t one of those. A lot of companies have innovation departments, and this is always a sign that something is wrong when you have a VP of innovation or something. You know, put a for-sale sign on the door.

Everybody in our company is responsible to be innovative, whether they’re doing operational work or product work or customer service work.

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