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Categoría: Biblioteconomía

Las bibliotecas no son para el verano

Hoy, los valencianos nos desayunamos con una noticia que cuenta que el Partido Socialista del País Valenciano (PSPV) denuncia que sólo ocho de las veintisiete bibliotecas municipales abren durante el mes de agosto. Podría parecer que esta noticia es, en cierta manera escandalosa, que tan sólo el 30% de las bibliotecas de una ciudad permanezcan abiertas, pero como uno ya va adquiriendo alguna experiencia en el tratamiento informativo en los medios de comunicación, os debo de advertir que se trata solamente de una noticia estacional. Es decir, una de esas noticias que aparecen cada año dentro de un marco temporal.

En el texto de la noticia, tenemos la declaración de Juan Soto concejal del PSPV del Ayuntamiento de Valencia en la que asevera que:

[El ayuntamiento] obvia que los estudiantes necesitan también acudir a las bibliotecas durante el verano para preparar exámenes así como en septiembre, que es cuando comienza el curso, una situación que conculca el derecho de los ciudadanos a recibir la prestación de servicios que pagan con sus impuestos.

Desde luego, que la noticia me retrotrae a otro asunto que ya recogimos aquí sobre cierta crítica que se realizaba a la Biblioteca Pública de Valencia en la que una usuaria acababa realizando cierta reflexión:

Me encuentro con las páginas amarillas buscando una biblioteca que no quede demasiado lejos de mi casa y donde pueda estudiar sin que se me eche.

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Breve historia de la gestión de la documentación en los medios de comunicación (1) – Introducción

Aunque la evolución de la disciplina de la Documentación en ámbitos periodísticos se puede dividir en diversas etapas o épocas dependiendo del método de documentación que se llevase a cabo, debemos hacer referencia aquí que la aparición de los departamentos de documentación en los medios de comunicación se debe a la confluencia de tres aspectos a la hora de tratar la información que hacían necesario la implantación de mecanismos documentales para la recuperación de la información. El primero de estos aspectos fue la utilización de otros periódicos para la elaboración de nuevas informaciones, el segundo la recopilación y el archivo de los ejemplares que editaba el propio periódico y el tercero es el interés de recoger información para la confección de obituarios.

Tal y como describe González Quesada (1995), la principal fuente de información en un medio de comunicación impreso la constituye los números anteriormente publicados por éste. Estas colecciones reciben un gran esfuerzo para su mantenimiento y son de gran utilidad para la referencia informativa para el desarrollo, así como la elaboración de índices del propio periódico. Gracias a esto, la mayoría de las empresas editoras conservan colecciones casi completas de sus publicaciones como parte de su archivo patrimonial.

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¿Trabajo o Formación?: elige tu futura frustración

No falla, cada vez que me encuentro con algún antiguo compañero de la carrera, después de contarnos la vida, surge el mismo tema: nuestra frustración por la situación laboral/profesional en la que nos encontramos. Una conversación de este tipo es la que hemos tenido recientemente Catuxa y yo a través del correo, por lo que a ti va dedicado este post y espero que te lo tomes con el humor con el que está escrito.

En la vida de todo estudiante, durante la carrera o al finalizar ésta, llega el momento en el que hay que elegir entre trabajar o seguir formándose. Es cierto que no siempre se trata de una decisión tomada libremente, sino que más bien son las circunstancias las que deciden por nosotros; pero una u otra opción determinará seguramente nuestro futuro profesional y también nuestra futura «frustración personal». Evidentemente, esta «opción vital» se da en todas las carreras y profesiones, pero en el caso de la Biblioteconomía, en que podemos introducirnos laboralmente de forma progresiva (un médico no empezaría nunca como auxiliar de medicina), hacen que, como Bibliotecarios/Documentalistas, la decisión sea aún más difícil.

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El libro en «Las Ciudades Oscuras»

En ocasiones, tengo la impresión de que los bibliotecarios y documentalistas nos sentimos inseguros con nuestra profesión, seguramente por lo menospreciados que han sido siempre los bibliotecarios en nuestra sociedad, y por lo difícil que resulta hacer entender a los demás qué es ser documentalista. Quizá es por eso por lo que nos gusta buscar referentes en el mundo del cine, de la literatura o incluso del cómic, que reflejen cómo somos o, más bien, cómo nos ven.

Catuxa ya nos presentó un interesante artículo sobre "La biblioteca en la narrativa y el cine", y Yavannna insiste en que conozcamos lo último en cuanto a imagen bibliotecaria / documentalista en cómics y juegos de rol. Incluso Marcos no ha podido resistirse a mostrar la visión que Ibáñez tiene de las bibliotecarias: una mujer de mediana edad, desgarbada, con moño y carácter huraño, que espera mucho del nivel cultural de sus usuarios. Y yo no voy a ser menos.

En esta ocasión voy a proponeros la lectura de los cómics que componen la saga "Las ciudades oscuras", ganadora del premio Angoulême a Mejor Serie, y en la que el mundo del libro, de la documentación, y del papel en general, tiene una especial importancia en la trama de muchas de las historias que narra. Esta colección está realizada por el escritor francés Benoît Peeters y por el ilustrador belga François Schuiten, cuyo interés por la literatura, los libros y las bibliotecas puede verse en muchos de sus trabajos.

Peteers, nos relata historias inusuales que transcurren en un universo paralelo tremendamente cercano al nuestro, y fantásticamente ilustrado por Schuiten. En estas ciudades oscuras los avances científicos, que recuerdan al universo de Jules Verne, chocan con una estética modernista, en la que los dirigibles vuelan sobre edificios que podría haber diseñado el arquitecto, también belga, Victor Horta a principios del siglo XX.

En "Brüsel", la primera historia de la serie, podemos ver un archivo administrativo en el que, cuando el sistema informático falla, el último recurso es acudir al viejo archivo en papel, que se muestra caótico y desorganizado, y dónde es imposible encontrar nada. En "La frontera invisible", la última publicada, nos encontramos en esta ocasión frente a un gigantesco complejo cartográfico, en el que también los viejos mapas en papel se convierten en la única fuente fidedigna en un sistema en el que la informatización vuelve a crear el caos.

Pero la obra de esta serie que más puede llamar vuestra atención, ya sólo por el título, es "El archivista", que más que un cómic es un libro de texto donde las ilustraciones sirven para hacer una recapitulación sobre todo el universo de "Las ciudades oscuras". En ella, un archivista destinado a la sección de mitos y leyendas, es el encargado de comprobar la veracidad de la existencia de dichas ciudades, estudiando para ello la numerosa documentación existente, y que poco a poco inunda su pequeño despacho.

Todos estos álbumes, y las ilustraciones que contienen, nos muestran un universo en el que el libro, las bibliotecas y todo lo que esto conlleva, tienen un papel fundamental en una sociedad en la que la tecnología sin control lleva a la destrucción de la sociedad.

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Están locos estos bibliotecarios

Creo que todos estaremos de acuerdo que los bibliotecarios merecen la mala fama que tienen. Para empezar son unas personas muy estrictas con todo lo relacionado con el silencio, la pulcritud y el orden. Como es bien sabido, todos ellos comportamientos antinaturales y antisociales. Los bibliotecarios, dentro de sus respectivos castillos, cuando piden algo, no lo están solicitando, lo están exigiendo. Cuidado con la réplica que puedas hacerles, puede que seas echado literalmente del edificio. ¿Qué extraño comportamiento autoritario les lleva a actuar de la manera que lo hacen? ¿Es que a caso desconocen el significado de la palabra educación a pesar de estar rodeados de diccionarios?

Quién sabe, no siguen ninguna lógica y parecen moverse más por el capricho y la arbitrariedad que por el razocinio… No se trata de locura, seguid leyendo. Estas dos cartas se publicaron en el Diario Levante a lo largo del mes de junio de 2005.

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¿Los editores hablan y los bibliotecarios callan?

Durante el 21º Encuentro sobre la Edición, los editores aportaron algunas cifras que colocaban a España dentro de una situación bastante deficiente en cuanto inversión en bibliotecas públicas respecto a la Unión Europea. Los datos que se aportaron durante la jornada sirvieron para comenzar el debate tanto en la lista de distribución de Iwetel como en la blogosfera. Desgraciadamente, los comentarios devinieron a críticas directas respecto ciertas actuaciones de las asociaciones profesionales de Biblioteconomía y Documentación que no era objeto principal del debate que fue atajado de raíz tan pronto como las direcciones de las asociaciones aludidas replicaron.

En cualquier caso, si por una vez que en los medios de comunicación (y tan sólo en unos pocos) aparece reflejado el lastimoso estado en que se encuentran las distintas bibliotecas de este país comenzamos a afilar los cuchillos para buscar responsables entre nosotros, es bastante improbable, por no decir imposible, que avancemos un tanto para la solución de este problema. No debemos olvidar que la falta de inversiones desde las distintas administraciones tiene un problema de base que casi lo justifica y que se inicia desde la falta de lectores en España. Obviamente, sin demanda no parece necesaria la destinación de recursos, puesto que es algo que no es reclamado desde la sociedad. Desgraciadamente, para este país es más importante un campo de golf en un pueblo que una biblioteca municipal decente, pero este es un hecho que cada vez se vuelve más real.

Los principales hechos que los editores denunciaron durante su encuentro fueron:

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Un lustro como documentalista informativo

Dedicado a Bárbara para que me haga caso, si quiere, puesto que no es baladí.

Alguien dijo que en esta profesión deberíamos estar preparados para casi todo y razonó que seguramente acabaríamos en cualquier tipo de empresa / institución para trabajar en el mejor de los casos. En el peor, iríamos saltando de una a otra, posiblemente sin mucha relación de la última con la anterior. Por supuesto que los hay que afirman que lo que deberíamos hacer es especializarnos, enfocar nuestra carrera hacia un objetivo y andar hacia él. Pero, desde mi punto de vista, y después de lo que he vivido, de lo que he visto y de lo que me han contado; me quedo con el primer razonamiento: Hay que saber un poco de todo para poder afrontar el futuro. Adaptabilidad lo llaman, por lo que pueda pasar o porque cerrarnos en cuanto a una opción no es lo más seguro teniendo presente la situación de nuestro mercado laboral.

Hace ya cinco años que acabé la diplomatura en Biblioteconomía y como muchos recién diplomados consideré que ya era hora de comenzar a buscar trabajo (relacionado con mi carrera, un trabajo relacionado con los fast food no cuenta) aunque aún me aguardase la titulación de Licenciado en Documentación por delante. Todos sabemos que el paso de la universidad al mundo laboral siempre es incierto, sin embargo en mi caso parte del camino ya estaba hecho. La razón es sencilla, puesto que nada más empezar mi tercer curso en la Universitat de València ya me había dedicado a enviar mi currículum a distintas empresas convenientemente seleccionadas. De octubre a mayo, nada supe de ninguna de ellas, pero cuando todo parecía perdido, cuando todo indicaba que trabajaría en una empresa que nada tenía que ver con el mundo de la información (¿Recambios de coches?), recibí una llamada de teléfono para realizar una entrevista de trabajo en una de aquellas empresas.

La entrevista se desarrolló de una forma bastante curiosa y de aquello tengo, y creo que de aquel año en particular, un grato recuerdo. Primero, acudí a la entrevista con una terrible infección de oídos que me producía un gran dolor, segundo llegué un poco pronto y el entrevistador todavía no había llegado después de comer, por lo que la tensa espera añadida a mis molestias aumentaba mi grado de nerviosismo. Claro que si acudes a una entrevista de trabajo en el primer medio de comunicación impreso, en cuanto a audiencia, de la Comunidad Valenciana no es para menos. Poco importa si casi no puedes abrir la mandíbula para articular palabra o que tus pensamientos se deriven hacia el dolor del oído izquierdo; afortunadamente, mi elemento son las entrevistas cara a cara, salí bastante satisfecho de ella y por lo visto fue muy bien.

Durante el mes de mayo, la mayoría de los estudiantes están preparando los exámenes de junio y yo no era una excepción, salvo por el hecho que a mí tan sólo me restaba uno, además de tener que presentar la memoria del Practicum obligatorio de la diplomatura. Todo aquello se trató en la entrevista y, posteriormente tras distintas conversaciones que tuve con mi entrevistador, se me ofreció un mes de prueba para ver cómo me adaptaba al funcionamiento de la empresa y darme la oportunidad de finalizar mis estudios (Cuestiones de categoría profesional, me temo). Es obvio que todo se desarrolló correctamente y otra de las anécdotas de aquel año pasa precisamente por la entrega de la memoria del Practicum. Aquella entrevista también la recuerdo especialmente, sobre todo por un comentario final que mi tutora me hizo: "Y a partir de ahora, os soltamos y debéis buscaros la vida"; a lo que yo le respondí: "Yo ya encontré trabajo" (El acento estaba en que había un contrato de por medio).

Es probable que no sepáis qué hacíais o dónde estabais el 3 de julio de 2000, lunes, desde luego que la importancia de esta fecha es relativa, pero aquella fecha marca definitivamente el inicio de mi carrera como documentalista en un medio de comunicación. Así, partí de un contrato de seis meses que se prorrogó hasta alcanzar uno indefinido que se cruzó con una oferta en la delegación de Antena 3 en Valencia que finalmente rechacé para mi fortuna. Sobre lo que pueda contar de todo este tiempo, cinco años nada menos, es mucho. Pero esencialmente y sinceramente, la conclusión es que me he hecho viejo y puede que un poco pedante. Recuerdo perfectamente que cuando comencé como un becario más, me enfrentaba a las preguntas del resto de becados de una forma completamente distinta a lo que lo hago ahora. Todavía recuerdo como Luisa me pedía fotos de distintos pueblos en fiestas sin que hubiese demasiada fortuna.

Si antes me desquitaba con las cuestiones que me hacían los usuarios recién llegados, ahora simplemente emito una sonrisa de complacencia: "¿Estás seguro que quieres recuperar eso de esa manera?" O "¿Todo sobre esto? ¿Estás seguro?" Definitivamente, reconozco que es una falta mía y puede que grave, pero a estas alturas casi no puedo evitarlo, llamémoslo respuesta a la ingenuidad del usuario.

Desde luego que mucho he recorrido ya, aunque no lo suficiente, a mucha gente he conocido y de diversa índole, algunas me recordarán, otras simplemente me obviarán, pero yo todavía trato de recordarlas capturando el recuerdo. Anécdotas pueden haber muchas, como aquel que nos dejó tras permanecer tan sólo un día en la redacción, razones de atención dedicada hacia su persona arguyó.

Como podréis imaginar, los medios de comunicación son las herramientas ideales par ir marcando los pasos de la Historia. Algunos de esos momentos los he tenido trabajando, como el 11-S, ahora sí que recordaréis dónde os encontrabais, o el día que falleció el Papa. Sobre el 11 de septiembre de 2001, los ataques comenzaron a difundirse en los medios españoles a las 15h, yo entraba a trabajar a las 16h. Cuando llegué al periódico, la redacción estaba desierta, algo completamente inusual, pero es que todos se encontraban hipnotizados enfrente de un televisor que poseía un sub-director en su despacho. Desde luego que aquella tarde fue bastante larga para todos, mientras algunos transmitían sus miedos vaticinando el comienzo de una guerra sin saber muy bien contra quién.

Sobre la muerte del Papa, aparentemente fui el último en enterarme, lo cual es bastante gracioso cuando yo estaba trabajando dentro del diario. Si la noticia se difundió en torno las 21:30 21:40 de la noche, yo a las 22h me disponía a salir de trabajar hacia una cena con las amistades, mientras cruzaba la redacción un sub-director me preguntó:

– ¿A dónde crees que vas?

– Me iba ya, ¿por? – respondí.

– El Papa ha muerto.

Y aunque no era una noticia bomba, puesto que era obvio que el deterioro del Papa era irreversible, tenía sus consecuencias, así que permanecí en el periódico durante una hora y media más. Por supuesto que tuve que cenar casa, cosas del oficio me temo.

En cualquier caso y a pesar de todo, de los disgustos, de las discusiones, de las frustraciones y de las alegrías que van aparejadas con cualquier trabajo; os debo de decir que ha sido y es una experiencia muy grata y esun trabajo que no me canso de hacer. Trabajar en un medio de comunicación nos enfrenta al cambio continuo, a veces súbito, de las necesidades de los usuarios y desde luego que los materiales en cuanto a forma y contenido. Considero quees un verdadero reto para los documentalistas trabajar en un medio de comunicación y una verdadera oportunidad para cualquiera de nosotros la oportunidad de trabajar en ellos. Por supuesto que yo nunca dejé, ni he dejado, de estudiar por trabajar en el periódico, la obtención de la licenciatura en Documentación era un objetivo completamente secundario, que he aprendido mucho con mi trabajo en el periódico y fuera de él.

Permitidme ahora una guinda como colofón a este texto. Este dibujo está dedicado de Ortifus a sus compañeros del diario Levante en un suplemento extra que se editó en mayo de 1987. Puede que los documentalistas informativos todavía desprendamos en este dibujo los tópicos de guardianes de la documentación, sin embargo merece la pena:

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