Todos los comienzos en cualquier puesto de trabajo son difíciles. Nuestras ansias por tratar de hacer las cosas lo mejor posible, por sorprender o incluso por diferenciarnos del resto, en ocasiones nos conducen a tomar caminos equivocados e inducirnos al error. El destino del primerizo parece consistir exclusivamente en meter la pata, que los jefes te acaben descubriendo siendo tú consciente o inconsciente de tu falta y que finalmente te reprendan por ello en distintos grados.
Hay una habladuría en el lugar donde trabajo que cuenta que un redactor de un medio de comunicación que comenzaba su período de prácticas cubrió un encuentro deportivo. Su curiosa crónica, de la que sólo transcendió la primera frase, se iniciaba (Más o menos): El partido comenzó con empate a cero en el marcador. El director del medio, como todo buen director que se precie que lee el producto que se realizó durante todo el día anterior, le hizo llegar una nota al día siguiente junto con el texto de su noticia recortado del diario ya impreso.



