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Año: 2010

La Web Social se reencarna en software

Si recuerdo mi primera experiencia con Internet, tendría que retrotraerme a los tiempos del Gopher. A la navegación por carpetas en servidores externos, a los pocos elementos gráficos que se podían visualizar en aquellos navegadores que hoy consideraríamos en completamente rudimentarios. Luego llegaría el HTML, los navegadores gráficos y nos iríamos olvidando de los distintos protocolos que en aquel momento poblaban Internet. Aprenderíamos a diseñar nuestras páginas web afortunadamente sin tener que escribir líneas de código HTML, si no con los primeros editores e incluso llegaríamos a usar el FTP incluso con el propio navegador Internet Explorer (!).

Mucho han cambiado las cosas. Después de la burbujapuntocom y considerar que la Web era tierra baldía para hacer negocios, el resurgimiento de la misma vino apalancada por sus propios usuarios. El “usuario es el rey” e incluso los propios medios de comunicación temblarían por el poder del mismo. Los internautas crearían sus contenidos, los expertos desplazarían a los medios como fuentes de referencia e Internet podría derribar gobiernos.

Sin embargo, la Web 2.0, la democratización de la producción y la distribución de la información ha quedado como un mundo idealizado. A los blogs se les ha intentado enterrar muchas veces, mientras que la Wikipedia, los sucesivos escándalos, trataban de desacreditarla como fuente de información de referencia. La participación, la Conversación como se le trató de denominar, evoluciona desde el infinito hasta convertirse en meras líneas de 140 caracteres máximo pero donde la capacidad de influencia sobre otros viene determinada por el volumen de seguidores en Twitter o amigos (o falsos amigos) que puedas tener en Facebook.

Durante este tiempo, la forma de consumir la Web ha evolucionado dramáticamente. La barra de direcciones de los navegadores perdían su sentido cuando sus usuarios consultaban o escribían directamente las direcciones de los sitios web en la caja de búsqueda de Google, la aparición del iPhone convertía a las Apps en el futuro del consumo de contenidos tratando de derribar la Web abierta tal y como hoy en día la conocemos, mientras que lo Social se avanzaba al término 2.0. Y en ello andamos.

RockMelt se lanzaba esta semana en su versión beta como el futuro de la navegación en Internet. El internauta daba un paso más ya no sólo como consumidor de contenidos, si no como difusor de los mismos tanto a través de la red social Facebook y el servicio de microblogging Twitter de forma completamente integrada y bajo la plataforma Chromium de Google. También debería causarnos asombro que el formato RSS todavía sobreviva en esta nueva forma de utilizar la web, otra de las cosas que según los gurús estarían ya finiquitadas de la etapa anterior, y que sin embargo es fundamental para los superusuarios de la web.

Claro que la competencia de este nuevo navegador, como por ejemplo Chrome y Firefox ya disponían de la posibilidad de implementar características sociales a sus navegadores a través de distintos plugins como la barra de Facebook o clientes especiales como Echofon. Pero este nuevo movimiento dentro del mundo de los navegadores, de la manera que todavía hoy accedemos y consumimos la web puede llegar a ser una llamada de atención muy interesante hacia dónde se dirige nuestra experiencia dentro de la misma.

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Y si el spam se convierte en emocional

Ayer recibí un correo electrónico de Elena desde Rusia. No conozco a nadie que viva en Rusia y no sé qué me impulsó a abrir un email con el asunto «Mensaje de Rusia», pero su contenido me conmovió y mucho. El mensaje – el típico spam para aquellos que consideren que detrás de esta historia hay algo más – te advierte al final del mismo que Elena no sabe español, que ha utilizado Google Translate para hacerte llegar la misiva de forma comprensible, pero que la comunicación, en el caso de querer contestar, se puede realizar en inglés.

Elena me asegura que se encuentra en mi franja de edad y que trabaja en una biblioteca, lo que ya capta irremediablemente mi atención y me obliga a leer todo el texto, a pesar de no contemplar ni acentos ni eñes. El primer párrafo es dice así (respeto las faltas ortográficas):

Mi nombre es Elena, tengo 33 an~os y te escribo desde la provincia rusa. Yo trabajo en la biblioteca y despue’s de mi trabajo me permite el uso del ordenador siempre que sea posible. Me parece mu’ltiples lugares en Internet, y me decidi’ a escribirte esta carta.

Su vida se plantea como un verdadero drama y conmovedor. Elena vive con su madre, tiene un hijo, el padre del mismo lo abandonó, pasa contar la situación dramática del lugar donde vive a 200 kilómetros de Moscú. Sin embargo, todo dispone de un tufo a spam de citas que no se aguanta, además debemos tener presentes las direcciones de correo desde la que se envía y una que se ha colgado en el campo ‘Para’.

Tengo muy presente que las personas, los usuarios somos la parte más débil de los sistemas de seguridad informática. Se han realizado estudios que aseguran que rifaríamos nuestras contraseñas por una chocolatina, aunque personalmente no creo que la inmensa mayoría de los internautas se arriesgasen si les pidiesen la contraseña del Facebook.

Este mensaje de spam, casi personalizado hacia mí puede que por puro azar, podría intercambiar su profesión «bibliotecaria», «profesora», «médica»… dependiendo del destinatario perfilado por una cuenta de correo electrónico. En un mundo en el que se captan cada vez más nuestros datos personales, en el que nuestra información «trackeada» (sic) se vende al mejor postor mientras inconscientemente desarrollamos nuestras actividades en la nube de la Web; es bastante previsible que los mensajes de spam se personalicen cada vez más, como si fuésemos clientes de una tienda on-line. Porque, al fin y al cabo, se trata de un negocio en el que sólo debemos picar.

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¿El Social Media ha matado al blog?

No creo que sea menester recordar aquí que no fui un early-adopter de Twitter, ni tampoco de Facebook. No soy de aquellos que ansían que le ofrezcan una invitación o recibir una cuando un servicio se encuentra en fase Beta -Excepto en la honrosa ocasión de Gmail cuando era un coto de unos pocos y lo cierto es que es el único servicio que adopté más rápidamente con los brazos abierto -. En el caso del microblogging, mi excepticismo era total.

Puede que en aquellos principios hubiese podido pronunciar las palabras: «¿140 carácteres? ¿Dónde nos conduce eso?» Por supuesto que se trataba de un error, ya que obviaba que muchos de los posts de aquel entonces, los años 2006-2008, bien se podrían haber solventado con un miserable tweet. De hecho, la propia terminología del blog proviene de aquellas anotaciones cortas fruto de la navegación de los internautas por la Red.

Desde entonces Twitter ha tenido tiempo de crecer exponencialmente, mientras que la red social Facebook la mira de reojo intentando introducir cambios dentro de su interfaz y de su configuración para asemejarse cada día más a ella. Twitter se ha erigido la bandera de una revolución descentralizada y mientras el mundo de la comunicación trata de digerir ese nuevo canal inesperado que redirige tráfico y puntúa el interés de ciertas informaciones. Aunque la pregunta está en el aire: ¿El Social Media ha matado al blog?

Twitter es una forma muy efectiva de entrar en una comunidad ya establecida. 140 caracteres no ocupan excesivo tiempo, a pesar de que el seguimiento de las conversaciones cruzadas puede llegar a ser agotador, y puede ser actualizado desde cualquier momento. En el mundo Twitter, sólo tienes que encontrar a alguien al que seguir que comparta ciertos intereses contigo, comprobar sus listas y comenzar a seguir a personas. En el caso de los blogs, era mucho más costoso. La redacción de textos de 350 palabras de media supone un esfuerzo importante de tiempo y no siempre se puede estar seguro de que el retorno sea suficiente para justificarlo (Aunque sea mentalmente). 140 caracteres y listo, conversaciones, recomendaciones… Todo un mundo se abre en Twitter y seguir a personajes ficticios o reales, ser accesible a ellos, se encuentra extendiendo sólo una mano.

Pero ¿y los blogs? Antaño eran considerados como un portfolio para los profesionales (y todavía lo son), una manera de demostrar la valía de cada uno, sus conocimientos, sin embargo que la tendencia actualmente se centra en la capacidad de cada uno de conseguir seguidores dentro de su cuenta Twitter. Pero no debemos equivocarnos, los blogs, evolucionados hacia medios de comunicación de bajo costo y enfocados hacia las microaudiencias, no dejan de crecer apareciendo nuevos, mejores junto con nuevas ideas y enfoques. Ya no como proyectos aislados, esfuerzos personales; sino con un sino y una razón de ser que se centralizada en al menos una decena de personas dispuestas a actualizarlos.

Mientras tanto la generación de contenidos desde las plataformas sociales (Blogs, Wikis, etc.) ha disminuido lo que ha conducido a considerar que las ideas y el debate generado anteriormente dentro de este medio se está debilitando. Pero ¿se ha trasladado a Twitter? Recientemente, se publicó un estudio que analizaba 1200 millones de tweets (publicaciones en Twitter) producidos en dos meses. Los resultados eran un tanto decepcionantes puesto que el 71% no provocaban ninguna reacción, mientras que sólo el 6% era retuiteado (Redistribuido por otros usuarios) y el 23% restante obtenía una contestación. Unos resultados un tanto escasos, que en cualquier caso, dentro de nuestra experiencia, Twitter constituye una nueva forma y bastante poderosa de obtener tráfico, es decir obtener visitantes nuevos, por lo que ante esta falta de reacción deberían incluirse otras métricas como los clics producidos ante la distribución de un enlace o los hashtags utilizados.

El debate se sigue produciendo aunque se descentraliza y se esparce por toda la Web, de hecho el consumo de la Red ha aumentado un 62% desde principios de año. Twitter y Facebook permiten que estos contenidos lleguen a un mayor número de personas, con la audiencia más segmentada y por lo tanto más proclive de acceder a consumir cierto contenido. Las plataformas abiertas conducen a un aumento de la viralidad de los mensajes lanzados en ella, que permiten a las multitudes autoorganizarse de una forma mucho más efectiva y productiva ante un objetivo común.

¿El Social Media ha matado al blog? No, simplemente, la Conversación se ha transformado.

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Desnudos en las Redes Sociales

Los tiempos están cambiando. En España, fue una conquista democrática la erradicación de ficheros que guardaban información considerada sensible (Orientación sexual, raza o religión) que se utilizaron durante la represión franquista. La privacidad conquistada durante las décadas pasadas se ha resuelto con cierta regresión, mientras los gobiernos enarbolaban la bandera de la seguridad tras los distintos atentados terroristas que sacudieron algunas de las principales ciudades occidentales. Nuestra sociedad vigilada. Mientras tanto nuestra vida se entrelaza cada vez más con la Red y todas las aplicaciones que nos permiten estar conectados con nuestros conocidos y amigos, así como en aquellos sitios web que resultan de nuestro interés; somos diseccionados hasta algunos estratos que consideraríamos inadmisibles. Los ficheros de datos se multiplican, a la vez que las leyes que sirvieron regularlos buscando proteger nuestra intimidad se demuestran insuficientes en un mundo globalizado.

Pero las mentalidades también cambian, cualquiera puede disponer de sus minutos de gloria quieriéndolo o sin quererlo, y nuevos términos como el sexting o actitudes como mostrarse desnudo en la falsa intimidad de un cuarto de baño que algunos adolescentes realizan pueden pasar a ser algo más que una moda. Actos que no se encuentran generalizados, pero que invitan a que personas con mayor o menor influencia consideren que la intimidad ha muerto. Claro que Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, autor de la aseveración:

“Las personas se sienten muy cómodas no sólo compartiendo más información y de diferentes tipos, sino que también siendo más abiertos y con más personas. Esta norma social es algo que ha evolucionado en el tiempo, y nosotros la seguimos.”

Aquel que considera el fin de la privacidad como norma social, es la misma persona que considera que los usuarios de Facebook son “idiotas” o que reclama para sí esa privacidad que quiere sustraer a otros. Al final, parece que el dueño de Facebook puede llegar a encontrarle la utilidad a esa privacidad, algo que nosotros también deberíamos comenzar a plantearnos seriamente antes de que resulte demasiado tarde.

Pero es hipócrita acusar a otros de utilizar con mala fe nuestros datos personales, aunque nos declaren “idiotas”, cuando somos nosotros los primeros que no sabemos cuidar de lo que hacemos y lo que ofrecemos en la Web. Recientemente, los medios de comunicación publicaron alarmados que unos ladrones habían asaltado una casa haciéndose valer de la red social Facebook. El propio Jeff Jarvis, consultor y gurú de los medios de comunicación en Internet, tomó cartas en el asunto y trató de indagar sobre este hecho. Sus conclusiones, además de lanzar la estupenda frase “No os creáis todo lo que leáis”, fueron que se había sobredimensionado la noticia, que el ladrón no era un desconocido para la víctima, sino que estaba agregado como “Amigo” en la popular red social y que el hecho en sí se podría haber evitado siguiendo unas sencillas reglas para salvaguardar la privacidad ante personas que pueden llegar a no ser tan de fiar como creeríamos.

Sin embargo, muchos hechos aislados deberían llevarnos a la conclusión de que lo que publicamos es susceptible de ser usado en contra nuestra por desaprensivos. La web PleaseRobMe trata de alertarnos sobre ello recogiendo todas las actualizaciones de estado de los usuarios de Twitter que declaran voluntariamente encontrarse fuera de casa. Sin embargo, esa súplica de ser robados a través de Twitter no se trata de una exageración si nos atenemos a tan sólo dos ejemplos que se han recogido recientemente en distintos blogs.

En el primero de ellos, una chica que está en un restaurante cenando con unas amigas recibe una llamada de un extraño que llega a asustarla. En el segundo, un hombre recibe una broma muy pesada estando durmiendo en un hotel, cuando unos desconocidos que se hacen pasar por la dirección del mismo tratan de echarlo. El nexo en común de estas dos historias es que ambas personas utilizan un servicio de geolocalización (una aplicación que sirve para situarte geográficamente en un lugar en general utilizando un teléfono móvil) que les sitúa en un punto y publicándolo en Twitter, permitiendo a ciertos desaprensivos hacerles pasar por unos de los peores momentos de sus vidas.

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Citas al libro /39

“La literatura es mi Utopía. No hay barrera de sentidos que me pueda quitar este placer. Los libros me hablan sin impedimentos de ninguna clase”
Helen Keller

“Los libros no deben clasificarse nunca. Clasificarlos es una ciencia, pero no clasificarlos es un arte”
Lin Yutang

“Sería bueno comprar libros, si se pudiera comprar a la vez el tiempo para leerlos; pero casi siempre se confunde la compra de los libros con la apropiación de su contenido”
Arthur Schopenhauer

“El escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo lo que no se puede explicar”
Gabriel García Márquez

“El libro raro es el libro que no corro el riesgo de encontrar, y si lo encuentro, no puedo permitirme comprarlo”
Grant Uden

“La biblioteca es uno de los más eficaces instrumentos de redención del proletariado”
Pablo Iglesias

“A lo largo de mi formación pasé muchas, pero muchas horas en bibliotecas públicas y escolares. Era como si las bibliotecas fueran mi propio tribunal de última instancia. La respuesta definitiva actual a casi cualquier pregunta se puede encontrar dentro de las cuatro paredes de la mayoría de las bibliotecas”
Arthur Ashe

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La madurez del Anuario ThinkEpi

Anuario Thinkepi 2010El equipo editorial nos hace llegar el Anuario ThinkEpi 2010 (Análisis de tendencias en información y documentación) que se presentará en Madrid el próximo mes de octubre (Ver pié de página) y que se consolida año tras año, dejando a un lado sus titubeantes inicios allá por 2007. Tanto es así que nos hallamos frente un producto más pulido que sus antecesores y que dispone de un mayor valor añadido. De hecho, este año nos llevamos una agradable sorpresa al comprobar cómo cada grupo temático de los debates que se han ido lanzando a Iwetel se encuentra coronado por un análisis, un resumen de aquello que ha dado y puede llegar a dar de sí cada uno de ellos.

Así, por ejemplo, Dídac Margaix da buena cuenta al tema Web 2.0 y redes sociales, pero obviamente no sólo en estos campos la profesión se encuentra innovando y evolucionando, ya que podemos encontrarnos muchos más y que siempre han sido de la consideración de los bibliotecarios y de los documentalistas como son su propia profesión, la formación, el mercado y los recursos de información; la preservación digital o la comunicación científica y métrica de la información (Este último muy emergente gracias a los dos muy potentes grupos de investigación surgidos en nuestro país)

En cualquier caso, la publicación sale reforzada justo cuando los temas lanzados a debatir no consiguen arrancar las contestaciones que antaño producían tal y como se apuntaba en el blog del SEDIC. Puede que se deba a varios factores como una mayor especialización de los temas tratados, el posible cansancio de las personas que se encuentran dadas de alta dentro de la lista de distribución o puede que se trate del formato de publicación de las notas y por lo tanto de los propios debates, al otorgarles un aspecto mucho más formal, acercándose al artículo de revisión y que puede coartar a aquellos que se apresten al debate.

Sin embargo, esto no desmerece la calidad de las notas publicadas dentro de la lista de distribución que encuentran su acomodo en este Anuario que año tras año se convierte en un referente para todos los profesionales de la información que desean permanecer actualizados sobre aquellos temas emergentes dentro de ella. Cada año, una obligada lectura.

Nota:

Presentación Anuario (21/10/2010 a las 11h)
Ministerio de Cultura
Plaza del Rey, 1
Madrid

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El fin del Diógenes digital

La antigua Escuela Cínica griega promovía una existencia frugal, sin posesiones materiales, llevando una vida simple y de acuerdo con la Naturaleza. Los primeros internautas sufrieron un Síndrome de Diógenes agudo, tal vez provocado por las propias circunstancias de aquellos tiempos. Puede que estuviesen convencidos de que todo debía ser archivado dentro de un recipiente material, que pudiesen poseer físicamente y que, llegada su obsolescencia, aquellos datos que guardaban pudiesen transferir a un objeto más grande y con mayor holgura.

En un principio, fueron documentos de texto, pequeños gráficos e incluso archivos sonoros livianos; sin embargo, pronto estos ficheros multiplicaron su tamaño, adquiriendo mayor envergadura a pesar de los intentos por comprimirlos y, de esta manera, hacerlos más pequeños y manejables. Pero aquellos esfuerzos resultaron del todo inútiles. Así, poco a poco, en el transcurso del tiempo, los disquetes dejaron paso a los discos ópticos, mientras que los CDs y los DVDs grabables claudicaban ante soportes físicos de mayores capacidades y versatilidades. Y es que los archivos audiovisuales, compartidos o transferidos desde soportes originales, imponían una ley demasiado cara en esfuerzo de gestión, hasta que llegó la Nube.

Imaginemos que si deseamos escuchar música, debemos buscarla, descargarla, clasificarla, reetiquetarla, organizarla… Si queremos disponer de ella en cualquier momento, tenemos que transferirla a distintos dispositivos portátiles que no siempre leen correctamente las etiquetas que describen el contenido de esos ficheros. Por otra parte, si queremos ver el último episodio de la serie X necesitamos buscar ese episodio, comenzar a descargarlo, adecentarlo, buscar subtítulos, etc… Por supuesto que, actualmente, alternativas ante estas situaciones hay muchas. Pasando por Spotify, esa audioteca mundial por streaming, hasta las soluciones menos ortodoxas de vídeo, pero que se encuentran disponibles a cualquier hora, sin necesitar de una planificación previa para poder visionarlas.

Pero esta situación ya no sólo se limita a los archivos audiovisuales, sino que cada vez más, a la hora de buscar información, ya no la acaparamos, simplemente disponemos de ella. Imaginemos que nos gusta descargar artículos para leerlos, los guardamos en una carpeta de nuestro disco duro, confiando que llegado el momento podamos encontrarlo. Sin embargo, suele suceder que pasado un año ya no nos acordemos de aquel texto y nos lancemos a Google para buscar esa información como primera opción. Puede que localicemos el mismo artículo, puede que nos encontremos con uno más actual. Acaparar la información ya no es necesario, simplemente disponemos de ella.

En el plano personal, los documentos que más nos gustaba atesorar, como los emails, se encuentran indexados y fácilmente disponibles dentro de las interfaces web de los cada vez más potentes proveedores de emails gratuitos. Otro ejemplo, como podrían ser nuestras fotografías, puede que nuestros documentos más preciados, las subimos alegremente a lugares como flickr o como Facebook, creando de esta manera una copia de seguridad de nuestra vida que será difícil que un desastre o la obsolescencia de un dispositivo acabe con ese pasado.

Así pues, parece que la antigua Escuela Cínica se toma cierta revancha en el entorno digital. Finalmente, ya no poseemos archivos, simplemente disponemos de ellos cuando queremos.

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