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El Documentalista Enredado Entradas

Tim Berners-Lee, el creador de la Red

Un documentalista, y además enredado, no debería dejar de escribir unas líneas como humilde homenaje al creador de la Web: Tim Berners-Lee. Fue suya la primera página web creada y disponible en un servidor web, a la que lentamente se irían añadiendo otras de científicos, claro está, que marcarían la incipencia de la creación de una red que adquirió, y tiene, un crecimiento vertiginoso. Pero, si vamos a hablar de la Web, tampoco podemos dejar de recordar, al igual que se hace en la mayoría de los artículos escritos sobre su invención, la distinción de lo que es Internet de lo que es la Web. Por ello recordaremos que Internet es el soporte físico de la Web (Servidores, cables, enrutadores, DNS, etc.) mientras que la Web sería los ficheros informáticos que la constituyen y que deben ser interpretados por el software que tenemos instalado en nuestros ordenadores, en general, los navegadores. Pero entremos en materia y analicemos brevemente, la creación y concepción de la Web y su rápida evolución.

Tim Berners-Lee, considerado como uno de los 100 personajes del siglo XX por la revista Time, nació en 1955 en Londres (Reino Unido) licenciándose en Física en 1976 en la Universidad de Oxford. La creación de la Red surgió a partir de la idea de crear un sistema de gestión de la información mediante el uso del hipertexto. Su finalidad era  facilitar la transmisión de la información y favorecer así la actualización informativa de los científicos, además de tratar de prevenir la pérdida de información. La propuesta (Information Management: A Proposal) de creación de este sistema lo realizó al Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) de Ginebra donde trabajaba en aquel momento, aunque su idea no tuvo el éxito esperado.

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Los libros, la moda

¿Quién va a negar ahora que los libros han dejado de estar de moda? Desde luego que a este extremo no se va a llegar por el diseñador ucraniano Andre Tan que en la Russian Fashion Week de Moscú, que ya sorprendió con sus zapatos de césped, ha presentado un sombrero, si no sorprendente, al menos un tanto audaz.

Eso sí, que nadie pruebe a llevarlo con el Quijote como tocado…

El diseño es de Andre Tan

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Lemas blogosféricos

La idea era crear algunas frases un tanto cínicas que reflejasen nuestros principios que se mostrarían aleatoramente en la página principal de este blog. No somos muy imaginativos, así que se trataba de frases deformadas tomando la base de algunas bien conocidas y las hacíamos aparecer en la página principal del anterior diseño de El Documentalista Enredado.

Con la actualización que hemos realizado, sacrificamos estas citas, lemas me gustaba llamarlo, en detrimento de las citas librarias que aparecían dentro de los textos y que ahora aparecen en la página principal. En cualquier caso,  y como solemos decir aquí, para que nada se pierda os ofrecemos el listado de aquellas que bien podrían ajustarse a las bitácoras. Que las disfrutéis.

  • Blogueo luego existo.
  • Todos los blogs son iguales, todos los blogs son diferentes.
  • No hay mal que por bien no venga, siempre que se pueda postear.
  • Si mantienes un blog es que tienes demasiado tiempo libre.
  • Lo mejor de todo es que cuando dejemos de publicar seremos reemplazados por otros.
  • En caso de duda, bloguea.
  • Dad a un número infinto de bloguers, un número infinto de blogs y escribirán las obras completas de Shakespeare.
  • ¡Los weblogs inventan la mitad de lo que dicen! ¡Y si a eso sumamos que los weblogs no dicen la mitad de lo que pasa, resulta que los weblogs no existen!
  • El trabajo no lo es todo, de vez en cuando hay que postear.
  • No hay nada como tener un blog, excepto tener dos.
  • BLOGUER SUM
  • Tengo tanto que postear, pero ¡tan poco tiempo!
  • BLOG AD INFINITUM
  • Probablemente, hoy tenga algo muy interesante que decir, pero creo que lo dejaré para mañana.
    Si no está, es que alguien olvidó escribir sobre ello.
  • No hay nada como leer… Excepto escribir.
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La Asimetría Informativa

El 11 de marzo de 2004 José María Aznar, entonces Presidente de España, mantuvo conversaciones con distintos medios de comunicación nacionales para asegurarles la autoría de los atentados terroristas que se habían sucedido en el Metro de Madrid durante aquella mañana. Entre otros responsables de medios de comunicación, el Presidente mantuvo una breve conversación telefónica con Jesús Ceberio, director del diario El País, en la que sostuvo la tesis de que fue el grupo terrorista vasco el autor material de las explosiones.

Durante aquella mañana, los principales medios de comunicación impresos nacionales se apresuraron a confeccionar y publicar una edición especial que sería distribuida para el mediodía de aquella haciaga jornada. En el número especial de El País, la portada destacaba el titular Matanza de ETA en Madrid, mientras que otros no se atrevían a atribuir aún la autoría de los atentados a ningún grupo terrorista.

Alejándonos de las razones políticas que se desencadenarían posteriormente, el diario cayó en lo que se denomina Asimetría Informativa, dando por buena y veraz la información que nos puede transmitir un experto, alguien que dispone de suficiente información sobre un tema para poder ser considerada por buena de facto. En nuestro caso, es el Presidente de un Gobierno el experto al que debemos escuchar y creer, aunque la polémica se extendió largamente entre el Gobierno de entonces y el propio Jesús Ceberio sobre las actuaciones de unos y otros.

Pero, la Asimetría Informativa existe en muchos planos de la vida diaria como bien nos ilustra el libro Freakonomics (ISBN: 8466625127). Uno de los ejemplos más ilustrativos es el de los agentes inmobiliarios en Estados Unidos, aunque también se aporta el caso de los médicos.

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Agárrame esos fantasmas de la biblioteca

Una imagen de la Biblioteca ValencianaLa historia del Monasterio de San Miguel de los Reyes, lugar donde tiene su sede la actual Biblioteca Nacional Valenciana, puede ser calificada de cualquier forma excepto "tranquila". De hecho, el monasterio está compuesto por diversos elementos arquitectónicos que, unidos, conforman todo el complejo. En el Monasterio, se dan cita: una alquería islámica; un monasterio cisterciense, Sant Bernat de Rascanya; un monasterio jerónimo, San Miguel de los Reyes y un complejo penitenciario. Todos ellos se fueron construyendo y agregando, las demoliciones han sido escasas, a lo largo del tiempo y fueron modificando todo el complejo transformándolo hasta lo que es hoy.

El último uso que se le dio al recinto antes de su rehabilitación como sede de la Biblioteca fue el de prisión. Debemos señalar que desde 1835, fecha en la que se abandonó completamente su utilización como centro religioso tras la desamortización y el abandono por la comunidad jerónima, hasta 1874 cuando se decidió su conversión en Presidio Nacional estuvo abandonado llegando incluso a considerarse su demolición. Sin embargo, fue durante la Guerra Civil española cuando se vivieron los momentos más dramáticos en sus instalaciones ya que fueron encerrados y ejecutados por el régimen franquista cientos de prisioneros del bando republicano.

Por supuesto que en aquella cárcel que en el futuro se convertiría en biblioteca también vivieron bibliotecarios. Ana Perpiñán nos describía los azares que éstos sufrieron mientras vivieron recluidos en ella en su texto Presos Bibliotecarios.

A lo largo de su existencia, San Miguel de los Reyes se ha convertido en el lugar de último reposo de muchas personas. En 1537, la reina Germana de Foix pensó que este lugar sería el más adecuado para que reposara su cadáver con la intención de crear un lugar similar al Escorial, que sirviera para el reposo eterno de reyes y príncipes. Aunque fueron los monjes que lo habitaron y, posteriormente, aquellos que fueron fusilados durante la represión franquista los que fueron enterrados allí.  Parece ser que aún quedan almas errantes en él.

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No me llames bibliotecario, llámame…

Nancy Friedberg escribía en el diario The New York Times, en octubre de 2001 nada menos, que el nombre que pudiese definir un puesto de trabajo podía hacer cambiar significativamente la retribución que se podía obtener por él. Uno de los ejemplos significativos que aportaba consistía en la denominación del trabajo de bibliotecario. De esta forma, para un puesto denominado Bibliotecario (Librarian) una persona podía ganar hasta 27.000 $ al año, pero si se cambiaba esa designación por Especialista en la gestión de la información (Information – management specialist), el puesto podría aumentar hasta 100.000 $.

En España, todavía existe un surtido muy pobre a la hora de denominar a un profesional de la información más allá de los consabidos bibliotecario, documentalista o archivero – El éxito de Infonomista todavía no está muy claro -, aunque no sucede así en los países anglosajones. Inspirada en el artículo de The New York Times, la bibliotecaria de Colorado, además de escritora, Michelle Mach comenzó a realizar una compilación de todos los nombres que se utilizaron en distintas ofertas de trabajo para bibliotecas y / o centros de información en Estados Unidos, publicándolas en su sitio web que actualmente no está accesible a no ser que acudamos a Archive.org.

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Jordi Labanda, la magia está en los libros

Aunque esta imagen no debería ser insertada dentro de una de nuestras categorías favoritas (Biblio-Humor) creo que por el terreno que se mueve su autor, Jordi Labanda, y donde fue publicada, en la Revista Magazine, en la que Labanda suele publicar ilustraciones cómicas, merece ser recogida aquí.

Como sabréis, Jordi Labanda es pintor e ilustrador nacido en Mercedes, Uruguay, en 1968. Actualmente reside en Barcelona desde donde dirige su carrera como ilustrador y diseñador de moda. Hace un par de años su popularidad aumentó espectacularmente, llegando a encargarse del diseño de distintas campañas publicitarias para distintas marcas de moda e incluso de agua mineral. Si queréis más de él, os remito a sus dos libros publicados Hey Day (2003 – ISBN: 8493303607) y Si te he visto no me acuerdo (2005 – ISBN: 8493303666).

Esta imagen corresponde a un especial de la revista Magazine sobre el Día del Libro de 2005 de la que ya recogimos la de Ortifus.

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