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El Documentalista Enredado Entradas

«El Manifiesto Cluetrain» en castellano

Decíamos ayer que no nos destacábamos precisamente por ser los primeros en publicar con urgencias. Desgraciadamente, por una vez que nos deberíamos haberlo primado, resulta que llegamos demasiado pronto. Porque al igual que en otros blogs, desde la editorial Deusto, nos ponían sobre la pista de la traducción y edición de El Manifiesto Cluetrain en castellano y la posibilidad de obtener una copia completamente gratuita a aquellos que accediesen a la página web de la editorial para solicitarla. E hicimos correr la voz a través del correo electrónico, pero en aquella fecha, martes 2 de diciembre, nos advertían que la página no estaba accesible. Es decir, desde la editorial se habían adelantado a su página web y, al menos, a principios de la tarde del 2 de diciembre, la página no era accesible para solicitar el libro. Así que nos hallamos en la tesitura de publicarlo en el blog o no hacerlo, para finalmente dejarlo estar por el momento hasta el día siguiente.

Pero sucedió que en menos de 24 horas la noticia había corrido como la pólvora dentro de la blogosfera y los 2000 ejemplares gratuitos que la editorial había puesto a disposición de los primeros lectores se agotaron, dejándonos impávidos ante el éxito de la propuesta. Cabe destacar, como no puede ser de otro modo, el seguimiento que se realizó desde la editorial, apagando los fuegos y subsanando los errores que durante esta promoción se habían revelado, acallando las posibles críticas que se hubiesen derivado de ello. Para mi, la campaña fue perfecta y no podría haberse ejecutado de otra forma teniendo en cuenta del libro que estamos tratando. Y es que antes de que la Web 2.0 fuese ni siquiera definida como etiqueta de marketing, ya existía el Manifiesto Cluetrain en 1999.

Y es que dentro de este texto, más allá de las 95 tesis sobre las que se fundamenta el desarrollo de esta teoría, se perfila el cambio de paradigma que nacería tras la difusión de Internet dentro de los consumidores y el seguimiento que las empresas deberían realizar para cimentar y desarrollar su branding dentro de un mercado donde los grandes medios de comunicación son simples actores. Más allá de las nuevas concepciones de la Empresa 2.0 que se fundamentan sobre los desarrollos tecnológicos posteriores (Blogs, wikis o redes sociales) una serie de autores vieron más allá y concibieron el cambio de «La Conversación» antes de que éste se produjese. Es posible que el crash de la Burbuja.com a finales del siglo XX y la decepción que supuso, soterrase una visión que a principios del presente siglo se antojase una quimera, aunque realmente ya estaba ahí y que posteriormente otros retomaron con un nuevo término. Pero lo que no cabe duda es que antes de O’Reilly se editó y difundió El Manifiesto Cluetrain y, por ello, es sumamente acertado e interesante que se edite en castellano en España ampliando la visión de la nueva comunicación dentro de la Red.

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Maneras de bloguear

Desde que publico contenidos en este blog, siempre he considerado que existían dos formas de bloguear dentro de los blogs profesionales -Los personales merecen, claro está, un capítulo a parte-. Si descartamos la más obvia que es el típico Copia & Pega, o el transcribe de los más aplicados, de aquello que nos parece interesante, una de ellas, la más obvia, es el típico Vía o Visto en que ha ido cayendo en desuso gracias sobre todo a la aparición de webs dedicadas al filtrado social de información como Digg, el hispano Menéame o nuestro bibliotecario Documenea. Obviamente, siempre es audaz ser el primero en levantar la liebre, en informar a la comunidad de los últimos hallazgos en formato de breve teletipo y que cada cual extraiga sus conclusiones. Al fin y al cabo, ¿de dónde nace la palabra blog? Precisamente, de esos pequeños hallazgos que realizan los internautas a la hora de navegar.

Personalmente, admiro a aquellos que se dedican a bloguear de esta forma, siempre conectados, a la última, dispuestos a actualizar sus blogs en cuanto la noticia es descubierta, llegar el primero y sobre manera ser referenciado por los demás. Os confesaré que cómo me gustaría ser el primero en algo por primera vez, pero desgraciadamente para mi orgullo, la combustión interna y los quehaceres diarios me impiden estar on-line las 24 horas del día, por lo que siempre llego tarde y soy el último en enterarme.

Una de las características de los blogs es precisamente lo nombrado más arriba, estar dispuestos a «agitar» la información dejando el análisis de la misma y sus implicaciones para más adelante, sin embargo al no poder alcanzar la velocidad de vértigo de la blogosfera o de la Web 2.0 sólo me ha quedado el realizar otro tipo de blogueo, si se quiere, más reposado aunque menos impactante. Evidentemente, nuestro blogueo reflexivo no nos va a deparar aparecer en los primeros puestos de Menéame y sufrir de paso sus efectos, pero la tensión informativa a la hora de publicar es mucho menor y, por supuesto, podemos dosificar nuestros ratos libres del ocio para ir publicando a nuestro aire sin la presión de las 24 horas del día estar conectados.

Claro que la manera que tenemos de actualizar nuestro blog es una arma de doble filo, en primer lugar puede parecer que estamos ofreciendo un diagnóstico de algo, situándonos en una ex cáthedra que no es precisamente lo que buscamos. No es nuestra intención, ni mucho menos, realizar aseveraciones categóricas, sino más bien abrir nuevas líneas de pensamiento y de reflexión ante una colección de hechos que se están produciendo. Y sí, el crecimiento dentro de la blogosfera es más reposado, el impacto es mucho menor y el riesgo mayor, puesto que en ocasiones te muestras completamente desnudo sobre la falta de conocimiento que dispones de un tema. Pero si te planteas un blog como una forma de aprender, una manera de compartir y, claro que sí, una manera de arriesgar  para comprobar qué sucede, este tipo de blogueo reflexivo, pausado, de combustión lenta puede ser muy provechoso para ti y tus lectores.

Como se dijo en los albores de la blogosfera, los lectores siempre sabe más que tú y de ello doy fe. Publicar sin ser plenamente consciente de la situación es un riesgo de quedar en ridículo, sí, pero el retorno siempre es muy positivo. Aprenden los lectores, profundizas sobre un tema y descubres nuevos puntos de vista que no habías contemplado. Es cierto, es una forma de bloguear mucho más trabajosa, requiere mucho esfuerzo de síntesis, de documentación y redacción, pero en ocasiones te encuentras con grandes sorpresas y con comentarios que te impulsan ha seguir realizando lo que más te gusta: Pensar y compartir tus preocupaciones con personas que las comparten o, al menos, se atreven a discrepar abiertamente. Pero en cualquier caso, para eso estamos precisamente aquí.

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Documentalista ≈ Google Humano

Este fin de semana en el semanario El País Semanal, se dedica un artículo al Personal Branding, la creación de una marca como persona para diferenciarse dentro del mercado laboral. Me ha llamado poderosamente la atención que el ejemplo se dedique a la figura del documentalista y, por ello, os lo recogemos aquí.

Miguel Ángel López creció, estudió, vivió y a los 34 años tropezó con su existencia. Un callejón sin salida .Este madrileño se licenció en Historia y lo aprendió todo como si el conocimiento fuera a desaparecer de la Tierra. Tres másteres, idiomas, estancias en el extranjero, becas de todos los colores, trabajos en archivos y bibliotecas, técnico de estudios de mercado, la edad a cuestas, la ilusión perforada… Y salto de beca en beca. Lo de siempre. Dio tumbos hasta que por Internet se topó con algo llamado Personal Branding. El profesional con el que contactó quiso saber una cosa:

– ¿En qué eres bueno?
– Pues no lo sé.

Años y años formándose y no era capaz de afirmar qué hacía mejor. Era bueno valorando datos y documentándose. Necesitaba diferenciarse. Primera tanda de pasos: preguntó a los demás cómo le veían, diseñó su producto con las piezas (estudios, experiencia, habilidades, metas) y dio visibilidad a su marca a través de su web y las redes sociales. El proceso duró tres meses. Miguel Ángel se vende hoy como el Google Humano. Busca información para empresas e instituciones. De debajo de las piedras. Y el trabajo no le falta. […]

RAMÍREZ, Cristóbal. Mi marca soy yo. En: El País Semanal, nº 1680. Domingo, 7 de diciembre de 2008. P. 110

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Una visita a la biblioteca de la Escuela de Magisterio de la Universitat de València

Mi reciente y primera visita a la biblioteca de la Escuela de Magisterio de la Universitat de València constituyó una sensación bastante extraña. En primer lugar porque, a pesar de haber pasado en innumerables ocasiones frente al edificio, nunca me había atrevido a adentrarme en él (y eso que mi hermana estudió allí) y, segundo, porque aún cargado con un maletín dispuesto a consultar los fondos de la biblioteca para ayudarme en la realización de un informe, me sentía un poco extraño en mi tierra, creyéndome demasiado torpe para realizar consultas, no fuese que la bibliotecaria me dedicase una mirada censuradora y pronunciase aquello de «No moleste» -Algo que, todo sea dicho, no sucedió-. Sí, es posible que incluso para un profesional como yo, la ansiedad en la biblioteca (o más bien miedo) estuviese más de cuerpo presente de lo deseable, pero es cierto que yo me encontraba un poco como un pez fuera de la pecera, demasiado torpe, demasiado usuario.

El caso es que de no entrar, no entré ni por la puerta principal del edificio, encaminándome hacia el aparcamiento por un lateral, discurriendo hacia la parte trasera donde se adivinaba otro edificio con, aparentemente, la misma función que el primero. Sin embargo, gracias a mi carácter un poco curioso, un poco travieso, descubrí los ventanales de lo que iba buscando, esto es la biblioteca, y sólo me quedó hallar las puertas accesorias para situarme dentro del edificio, puesto que mirándolo desde el exterior me sentía un poco como Guillermo de Baskerville mientras se hallaba en la abadía, inquiriendo Adso «Apuesto a que ese edificio no contiene sólo aire».

Os podéis imaginar cómo un bibliotecario puede sentirse a través de los pasillos llenos de jolgorio de los jóvenes estudiantes de hoy en día, entre sorprendido y aturdido, considerando que aquel no es su lugar, que allí estoy de más. Sin embargo, la presencia de los estudiantes me sirvió, en esta ocasión, para encontrar lo que andaba buscando: la puerta de acceso a la biblioteca. Porque si bien como Guillermo andaba preguntándose cómo era posible que el bibliotecario de la abadía del crimen y su ayudante podían acceder a los fondos a través de un Scriptorium cuya puerta de acceso no tenía pomo, obviamente mi reto intelectual no iba a llegar más lejos, aunque por supuesto que es difícil encontrar tu destino si todas las puertas (reprografía, aulas y biblioteca) disponen de la misma tonalidad y semejanza.

Pero, como he señalado, un alumno en un momento providencial abrió una puerta y la presencia de un revistero me puso sobre la pista de la sala que buscaba y tan sólo me restaba traspasar una segunda puerta para alcanzar la sala. Por supuesto que no accedí inmediatamente, sobre todo porque unos carteles sobrepuestos con celo me llamaron en demasía la atención. Carteles reindivicativos, sobre la situación de la biblioteca y de su personal, que en aquel momento bien hubiesen sido merecedores de una fotografía, pero que las prisas y la falta de material adecuado (una cámara) me impidieron recoger testimonio de las protestas que el personal del centro de información lanzaba hacia la dirección del centro sobre su función, posición y trabajo.

Visto lo visto, lo cierto es que tienen razón. La biblioteca no puede ser declarada como tal, es más, la consideración de sala de estudio es más ajustada en este caso. Porque la entrada es angosta, encontrándote con un pilar que limita la visión de la sala compuesta de dos secciones: Una para el estudio individual, con mesas clavadas al suelo, para unas 40 personas y otra con cuatro mesas donde se juntan los estudiantes para realizar trabajos colectivos o bien para consultar los fondos librarios. En las estanterías accesibles al público en general, poco más que obras de referencia, dejando la mayoría del fondo de acceso sólo a los bibliotecarios.

En realidad, mi visita fue muy breve puesto que sabía a lo que iba y lo que quería consultar. Pero, obviamente, no portaba las signaturas de los libros a los que quería echar un vistazo. De manera completamente torpe, frente a tres ordenadores que invitaban poco a la consulta, me dirigí a la bibliotecaria que amablemente ante mi pregunta sobre el catálogo me referenció hacia los terminales. Cómo no me había percatado antes, o más bien, porqué me había hecho el remolón; puede porque es mejor parecer torpe, que hacer el tonto y después tener que despejar cualquier duda de que lo eres.

No cabe duda de que más oportunidades dispuse de ello y, en cuanto la bibliotecaria me descubrió azaroso tratando de encontrar el orden y el concierto de las estanterías, me señaló que seguramente el libro en cuestión debería solicitárselo a ella. Algo que obviamente tuve que hacer y los libros llegaron, al fin, a mis manos para mi consulta.

Luego llegó lo peor de toda mi experiencia, que no fue lo anteriormente reseñado, sino más bien las miradas de chascarrillo de los estudiantes de magisterio que se reunían en las grandes mesas que, imagino que entretenidos y divertidos, comprobaron mi falta de maña en una biblioteca, aunque ya se sabe «en casa del herrero, cuchillo de palo».

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Creando un buscador específico para tu blog (o web)

Aunque pueda parecer en un primer momento innecesario, un buscador es una opción que debería hallarse obligatoriamente en todo blog. Fundamentalmente, para los propios autores, que siempre andan rebuscando entre sus textos ya publicados para hacer referencias a temas pasados o, incluso, a la hora de retomar una materia aparcada que vuelve a estar candente. Pero también para los lectores que si son un tanto proactivos, andarán pensando “esto ya lo leí en…” o “creo que lo leí en…” e incluso si son buenos lectores, seguramente acudirán a tu sitio web para buscarlo y si, por desgracia, no lo son, siempre podrán disparar un tanto a ciegas para ver si Google, su providencia, les devuelve la información perdida en el fondo del pajar.

Huelga decir que hoy en día todos los gestores de contenidos o CMS suelen incorporar una caja de búsqueda de forma preconfigurada que posibilita la búsqueda en su base de datos. Por ejemplo, con mejores o peores resultados, WordPress nos ofrece la opción de búsqueda dentro de su gestor de contenidos, e incluso facilitándonos un tutorial para generar una página de resultados de búsqueda personalizada para nuestra web. Desgraciadamente, estos sistemas no suelen acertar ante nuestras exigencias y, finalmente, según vayamos incorporando y publicando contenidos estas herramientas predeterminadas nos resultarán insuficientes, acabando nuestras búsquedas a partir de la página principal de cualquier buscador. Así pues, ¿por qué no incorporar la fuerza bruta de Google en nuestras webs como un servicio añadido para nuestros usuarios?

Tareas de preparación e indexación

La inclusión de una caja de búsqueda para nuestro sitio web no es una tarea excesivamente complicada como veremos, ya que sólo tenemos que incluir una pieza de código HTML dentro del código fuente de nuestra página web. Sin embargo, debemos tener presente ciertas aspectos previos para que Google indexe bien nuestros contenidos y, de esta manera, facilitar que nuestros resultados se ajusten precisamente a lo que nosotros deseamos que se recupere junto a la máxima pertinencia de los mismos.

Así, como buenos webmasters, en el caso de que nuestro blog se encuentre alojado en un dominio propio, deberemos editar y colocar el fichero robots.txt en el directorio raíz de nuestra página web. Este fichero, muy sencillo en su configuración, nos es útil a la hora de determinar qué directorios pueden o no pueden indexar los bots y arañas de los buscadores. De esta manera, nos aseguramos de que si subimos textos en formato pdf, por ejemplo, aparezcan en los resultados de búsqueda, mientras que si lo que queremos es que cierto contenido permanezca oculto podamos señalar que esos contenidos no sean recuperables mediante un buscador.

Otro de los aspectos a tener muy en cuenta cuando queremos utilizar a Google en nuestro sitio web es tener disponible en nuestro servidor un fichero Sitemap. Este fichero realiza un listado de todas las páginas disponibles en nuestro sitio en formato XML, organizadas de forma jerárquica y que deberemos dar de alta en el sitio Webmaster Tools de Google para que los bots tengan disponibles todos los contenidos de las páginas y no tengan que ir rastreándolos con los fallos en lo que esto puede derivar, lo que les facilita su trabajo y por supuesto que el nuestro.

Generando el código de la caja de búsquedas

Realizado todo este trabajo preparatorio, acomodando nuestros contenidos a lo que queremos que sea recuperable, simplemente debemos de realizar la inserción del código HTML de nuestra caja de búsqueda en nuestra web. Anteriormente, la inserción de código se realizaba mediante un texto más o menos estándar que podíamos encontrar fácilmente en cualquier sitio web destinada a la programación en HTML. Básicamente, el texto decía así:

<!-- SiteSearch Google -->
<FORM method=GET action="http://www.google.com/search">
<input type=hidden name=ie value=UTF-8>
<input type=hidden name=oe value=UTF-8>
<TABLE bgcolor="#FFFFFF"><tr><td>
<A HREF="http://www.google.com/">
<IMG SRC="http://www.google.com/logos/Logo_40wht.gif"border="0" ALT="Google">
</A>
</td>
<td>
<INPUT TYPE=text name=q size=31 maxlength=255 value="">
<INPUT type=submit name=btnG VALUE="Buscar en sitio">
<font size=-1>
<input type=hidden name=domains value="
http://www.tunombrededominio.com"><br><input type=radio name=sitesearch value=""> WWW <input type=radio name=sitesearch value="TU NOMBRE DE DOMINIO" checked> TU NOMBRE DE DOMINIO<br>
</font>
</td></tr></TABLE>
</FORM>
<!-- SiteSearch Google -->

Hoy en día, el proceso de gestión de esos pequeños buscadores se encuentra muy simplificado, gracias sobre todo al propio interés de Google puesto que la inserción de estos pequeños códigos le reporta ingresos muy interesantes fundamentalmente por la publicidad insertada en los resultados de búsqueda. De esta forma, es posible crear y gestionar innumerables motores de búsqueda personalizados en el sitio web Google Coop creando motores de búsquedas específicos para sitios web o, por ejemplo, creando motores de búsqueda temáticos agrupando las búsquedas para distintas webs. Finalmente, si disponemos de una cuenta Adsense, Google nos ofrece la posibilidad de compartir los ingresos que puedan generar las consultas a nuestra web mediante la opción Adsense para la búsqueda que genera el código necesario para nuestra caja de búsqueda, pero con incluyendo nuestro identificador de afiliado.

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Citas al libro /29

“En la biblioteca universal (Internet), ningún libro será una isla”
Kevin Kelly

“Escribir es una forma de hablar sin ser interrumpido”
Jules Renard

“Sin los escritores, aun los actos más laudables son de un día”
José Martínez Ruíz, Azorín

“A medida que el escritor va madurando lee menos y escribe más”
Camilo José Cela

“En el fondo, vea usted, […] el mundo está hecho para ir a parar a un buen libro”
Stéphane Mallarmé

“¡La carne es triste, sí!, y ya he leído todos los libros”
Stéphane Mallarmé

“El lenguaje no vive de sus propias leyes, pues, de otro modo, los gramáticos dominarían el mundo”
Ernst Jünger

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