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El Documentalista Enredado Entradas

¡Díos mío! Todo está lleno de citas de libros

De todas las bitácoras de la biblioblogosfera, principalmente hay dos que han desarrollado cierto gusto por las citas de y sobre los libros, a pesar de que hay otras que gustan de ofrecer alguna suelta. Una de ellas es este mismo sitio, mientras que el segundo, además de pionero en esto de juntar citas, es Deakialli Documental la que, por lo visto, incluso dispone de algunos colaboradores que se las envían nada más descubrirlas, lo que no está nada mal. La última que han publicado en su weblog tiene cierta gracia, aunque se trate de una cita cinematográfica:

Que el cabrón tenga un carné de la biblioteca no significa que sea Yoda.
Somerset (Seven, 1995)

Por la parte que nos toca, la recolección de nuestras citas se realizó con toda la intención para su aparición de forma aleatoria, primero, dentro de los textos que íbamos publicando, para pasar posteriormente a la portada de este weblog. Por otro lado, las citas recogidas las vamos publicando poco a poco en nuestra sección Citas, mientras que nuestra selección se realizó desde distintas fuentes, aunque las principales fueron algún libro genérico sobre citas y sitios webs especializados como Wikiquote o Frases y Citas.

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Bibliobloguers no seáis malos, pero sed curiosos

La meta es el olvido.
Yo he llegado antes.
Jorge Luis Borges – “Un Poeta Menor”

Hubo un tiempo en el que la comunidad de blogs sobre biblioteconomía y documentación era fácilmente identificable al consistir en un puñado de blogs, su mayoría compuestos por profesionales o estudiantes de esta profesión, que se reconocían como miembros y se enlazaban mutuamente como vínculo cohesionador. Por aquel entonces, la mayoría de los bloguers participaba activamente en las conversaciones que se proponían aportando sus comentarios afianzando ese sentimiento comunitario. Pero la blogosfera creció y con ella nuevos miembros se fueron agregando, al principio, al igual que aquel núcleo primitivo, se trataba de profesionales y estudiantes, más algún profesor atraído por el fenómeno weblog, pero muy pronto los límites establecidos e identificables por aquella comunidad se fueron emborronando hasta que casi se hicieron imperceptibles.

Los biblioblogs, o como se auto-definieron en un primer momento blogs o bitácoras bibliodocumentaloides, se percataron que sus fronteras se deshilachaban, que aquellos que aceptaban dentro de su comunidad no se sentían identificados en ella, que los que querían ser miembros en ella no cabían… Muy pronto, algunos quisieron detenerse ante esa comunidad y estudiarla, se escribieron los primeros artículos sobre ella que recibirían sus correspondientes críticas, buenas o malas seguramente todas interesantes, desde dentro y desde fuera ya que en esta comunidad todos tienen voz. A todos se les escucha.

Pero como toda comunidad viva sufre continuamente transformaciones desde todas sus partes constitutivas. Así, dispone de un núcleo central de blogs, que denominamos concentradores, que recibe la mayoría de reconocimientos (enlaces), mientras que en su entorno se distribuyen los nodos que reciben un número menor de enlaces desde otras bitácoras. Además, surgen nuevos nodos continuamente, mientras que algunos ya antiguos pierden su valía o desaparecen, lo que incluso también sucede con los concentradores que son reemplazados, por lo que de esta forma la red se mantiene viva. El trabajo de identificación de estos concentradores y de discriminación de estos nodos puede ser una tarea harto ardua, y en ocasiones no llega a gustar a todos, pero es necesaria para la realización de un estudio sobre las bitácoras.

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El archivo real de Gondor

Fernando Siles ya publicó en su antiguo blog Barbol.com un texto sobre el Archivo de Gondor que afortunadamente rescató para Véase Además cuando el primero cerró. Personalmente, soy un tanto desconocedor del mundo de la Tierra Media más allá de los libros publicados por J.R.R. Tolkien o de las películas de Peter Jackson; por lo que si alguien tuviese alguna duda sobre este tema, os recomendaría que acudieseis antes a Fernando dejándome a mí un poco al lado puesto que sé poco más de lo que él escribió sobre este tema.

El objetivo de este texto es reseñar la recreación que se hizo en la primera parte de El Señor de los Anillos, La Comunidad del Anillo, de este archivo que, como se verá, posee el imaginario social que se tiene de los archivos. Es una lástima que en este mundo de fantasía los elfos no tengan archivos, o no se sepa de ellos, seguramente todo estaría bien iluminado y correctamente organizado. En fin, son elfos y es lo que se espera de ellos, ¿no? Entremos en materia.

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Secretos del Archivo Secreto Vaticano

[…]

Pese a lo de "Secreto" y a los enigmas históricos que custodia, el archivo, sostiene el prefecto, no es más que eso, un archivo. "Aquí no hay nada de conspiraciones a lo Código Da Vinci, que, permítame decirlo, me parece un libro pésimo. No se puede comparar con El nombre de la rosa. Es preocupante ver su influencia, observar cómo la gente puede creer en ese tipo de cosas". El Archivo Secreto Vaticano forma parte de ese imaginario de las conspiraciones y los misterios. ¿Es víctima de su propio mito? Hace unos años, en su terraza del cercano Trastevere, el escritor Peter Berling, pionero de la teoría del Grial como la sangre de Cristo, extendía su grueso dedo acusador hacia el Vaticano para señalar el lugar donde se ocultaban todas las respuestas a todas las preguntas. "No me importa el mito. Tenemos la consideración de los historiadores serios y el resto, la vulgar leyenda, no importa". Hombre, si cambiaran lo de Secreto. "No se puede, siempre se llamará Secreto, significa privado, reservado, porque es el archivo de la Santa Sede, el archivo del Papa".

Con sus 85 kilómetros lineales de documentos, el problema básico que tiene el Archivo Secreto es de espacio y ordenamiento. "Ése es nuestro reto, con nuestros escasos medios hacer que todo esté arreglado archivísticamente. Si no, los historiadores dirán que lo que no aparece lo hemos ocultado".

Tras la entrevista, Pagano accede a la petición, humilde por supuesto, de una somera visita a las salas de consulta del Archivo Secreto. El Archivo en sí, los fondos, se encuentra repartido en varios espacios de almacenamiento, entre ellos los locales subterráneos inaugurados en 1980 bajo el Cortile de la Pigna, sobre los que se desplazan cada día miles de turistas camino de los Museos Vaticanos. De las dos salas de estudio una está dedicada a la consulta informática -un acceso lleva hasta donde se encuentra el monumental índice- y la otra es donde los investigadores reciben los legajos en unas mesas de madera con atriles. El momento culminante del acceso al exclusivo Archivo es un anticlímax. El lugar, muy poco impresionante pese a todo, mezcla la funcionalidad con una cierta atmósfera monacal que seguramente haría felices a Borges o a Guillermo de Baskerville. Al entrar discretamente, los estudiosos alzan la cabeza y vuelven en seguida a lo suyo. La sala no está llena ni mucho menos.

[…]

Extraído de: ANTÓN, Jacinto. En busca de los secretos vaticanos. En: Diario El País. Sábado, 30 de septiembre de 2006, Madrid.

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Los bibliotecarios y las bibliotecas en la publicidad

Imagino que en las facultades de información y comunicación social se seguirá utilizando el mismo ejemplo, conocido por todos, para ilustrar la diferencia entre lo que es noticiable de lo que no lo es. El ejemplo, para aquel que lo desconozca, señala que si un perro muerde a un hombre, el hecho en sí no es noticia; pero si sucediese lo contrario, es decir, si el hombre fuese el que mordiese al perro sí que sería reseñable en un medio de comunicación.

Siendo un tanto malévolos, y trasladándolo a nuestro mundo de libros, podríamos aducir que si un bibliotecario se emborrachase podría pasar por noticia, considerando la imagen que este colectivo (de personas planas, serias y aburridas) arrastra desde hace tiempo. La razón de esta equivocada consideración puede que nazca de antaño, cuando los bibliotecarios eran personas que, además de catalogar y organizar la colección, debían preservar fervientemente las colecciones que custodiaban, llegando al extremo de condenar con miradas censoras y disgustadas a todo aquel que tratase de maltratar algún libro o sufriese de cierta tendencia a crear escandaleras innecesarias en uno de los templos del saber y, por ello, del silencio. Una profesión muy sosa, en suma.

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Crónica de una biblioteca rural

La necesidad agudiza el ingenio: Convertir una pequeña biblioteca en un lugar dónde cada lector encuentra su libro, cada niño su cuento, cada adolescente su película (¿para qué va a leer un adolescente el libro si existe en película?)… es lo que ha logrado Isabel García en la biblioteca municipal de Villagarcía del Llano (Cuenca).
 
Este pequeño pueblo, de unos 1000 habitantes, cuenta desde 2003 con una biblioteca de escasos 40 m., donde los lugareños pueden ocupar su tiempo de ocio ojeando la prensa (un periódico nacional, otro deportivo y una revista para jóvenes); leyendo uno de los cerca de 1500 libros de que dispone; escuchando o visionando alguno de los CD o DVD; o, simplemente, comunicándose con todo el mundo a través de Internet.

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Diccionario de las ideas recibidas

Cuando Flaubert murió en 1880, dejó inacabada Bouvard et Pécuchet; obra considerada por él mismo como su testamento y que refleja desde un punto de vista cómico y trágico al mismo tiempo la estupidez humana.

Los dos protagonistas, Bouvard y Pécuchet, llevados por su ingenuidad y su fe en las teorías que encierran los libros, deciden dedicar su vida a llevarlas a la práctica y, gracias a su nutrida y creciente biblioteca, estudian los diferentes temas que a lo largo de los años despiertan su interés: la agricultura, la química, la arqueología, la literatura, la religión, la educación…; pero acaban perdiéndose en el sin fin de contradicciones que reflejan estos libros y terminan cada experimento en el más rotundo fracaso.

Al igual que El Documentalista Enredado ha ido seleccionando algunas definiciones oficiales de la terminología específica de la profesión, la documentación, la biblioteconomía y la archivística; Bouvard y Pécuchet, ya desengañados de todo, también hicieron acopio de todos los conocimientos que habían asimilado en su “Diccionario de ideas recibidas” (doc. en PDF). De estos términos, transcribimos aquí sólo los más “bibliodocumentales” o relacionadas con la lectura y la escritura; para que sus axiomas nos ofrezcan una perspectiva distinta y, desde luego, mucho menos ortodoxa que la oficial.

Autor. Hay que “conocer autores”, pero no hace falta saber sus nombres.
Biblia. El libro más antiguo del mundo.
Biblioteca. Siempre hay que tener una en casa, sobre todo si se vive en el campo.
Clásicos (los). Se supone que hay que conocerlos.

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