El Documentalista Enredado

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Un libro de códigos para pasar “Un día en las carreras”

Un día en las carreras(A day at the races) es una de las películas más famosas de los hermanos Marx. Rodada posteriormente de las también geniales Una noche en la ópera(A night at the Opera) y Sopa de Ganso(Duck Soup) , esta película marcó el momento cumbre de los Marx en el cine tras la cual comenzarían su lento declive en la gran pantalla. Una de las mejores escenas, y más recordadas, de todo este filme es la que se conoce como la del helado de Tutti Frutti en la que también se ven involucrados una serie de libros de códigos.

En esta escena, Chico Marx (Tony) se hace pasar un vendedor de helados justo delante de las taquillas de apuestas del hipódromo para ello se sirve de un carrito de helados, pero realmente es un estafador vendiendo libros que se supone revelan los ganadores de las distintas carreras. Tony sabe que en la siguiente carrera puede ganar 10 – 1 si apuesta por el caballo Sun-Up, pero necesita dinero. Así que prepara su trampa para una torpe víctima, el Doctor Hackenbush (Groucho), que está dispuesto en apostar dos dólares por Sun-Up.

Tony: ¡Al rico helado!
Hackenbush se acerca para trata de apostar en la ventanilla.
Hackenbush: Dos dólares a Sun-Up.
T: Eh, jefe. Jefe, venga aquí. ¿Quiere un pronóstico caliente?
H: No, acabo de comer. Además, no me gustan los helados calientes.
T: Venga aquí, yo no vendo helados. Esto es un disfraz para engañar a la policía. Vendo pronósticos de caballos, con los de hoy no se puede perder. Un dólar, ¿eh?
H: No. Otro día, lo siento. Apuesto por Sun-Up. Otro día, ¿eh?
T: Venga aquí. Sun-Up es el peor caballo de la pista.
H: He notado que gana siempre.
T: Ah, eso es sólo porque llega el primero.
H: Con que llegue el primero me conformo. Dos dólares para Sun-Up.
T: Eh, turista, venga aquí. Óigame, supongamos que apuesta por Sun-Up, ¿qué es lo más que va a ganar por su dinero? 2 a 1. Un dólar y se acordará de mí toda la vida.
H: Esta es la proposición más nauseabunda que me han hecho.
T: Vamos, vamos hombre, que tiene usted cara de deportista. Venga tartana, por un dólar no vaya a perder una mina.
H: Tenga.
T: Gracias – le da un sobre.
H: ¿Qué es esto? – abriendo el sobre.
T: Éste es el caballo.
H: ¿Cómo lo ha metido aquí?
T: ¡Al rico helado! Helado de Tutti Frutti.
H: Z-V-B-X-R-P-L. Tenía el mismo caballo cuando me graduaron la vista… ¡El del helado! ¿Qué es esta ilusión óptica que acaba de encajarme? Yo no la entiendo.
T: ¡Ah! Ese no es el nombre del caballo, es el nombre en clave. Consulte el libro de claves.
H: ¿Que consulte el libro de…?

Tony: El libro de claves, eso le dará el nombre que es.
Hackenbush: Pero si yo no tengo clave.
T: ¿Que no tiene libro de claves?
H: ¿Dónde venden eso?
T: Pues mire, por casualidad tengo yo uno aquí. Sí, tenga usted.
H: ¿Cuánto vale?
T: Es gratis.
H: ¡Oh! Gracias.
T: Sólo un dólar por gastos de impresión.
H: Bueno, pues deme uno sin imprimir que estoy harto de impresiones.
T: Vamos, por favor, ¿quiere usted ganar?
H: Naturalmente que quiero ganar.
T: Pues entonces le hace falta esto.
H: Quiero ganar, pero no quiero perder los ahorros de toda la vida en un abrir y cerrar de ojos. Tenga.
T: Muchísimas gracias. ¡Helado de tutti frutti!
H: Z-V-B-X-R-P-L, página 34… ¡Eh, el del helado, esto no tiene ni pies ni cabeza!
T: No se preocupe, consulte la clave principal, eso le dirá dónde debe de consultar.
H: ¿La principal? Yo no tengo ninguna clave principal.
T: ¿Que no tiene clave principal?
H: No, sabe dónde puedo conseguir uno.
T: Pues por casualidad, creo que llevo aquí uno. Aquí tiene usted.
H: Qué casual, que casualmente pasan tantas casualidades. Un momento, ¿hay que pagar algo por gastos de impresión?
T: No.
H: ¡Oh! Gracias.
T: Son dos dólares por el transporte.
H: ¿Cómo por el transporte si estoy pegado a usted?
T: Bueno, como la distancia es corta lo dejaremos en un dólar.
H: Y si yo me pusiera aquí, ¿sería medio dólar? – acercándose.
T: Sí, pero yo me pondría aquí y seguiría siendo un dólar jefe. – alejándose.
H: Oiga lo mejor será que me abra una cuenta de crédito.
T: ¿Tiene buenas referencias?
H: ¡Si al único que conozco aquí es a usted!
T: No sirve, tendrá que pagar al contado.
H: Hace ya rato que debería haber apostado mis dos dólares a Sun-Up, me habría ahorrado todo esto.
T: Sí, claro y habría tirado el dinero. Muchas gracias.
H: ¿Esta todo listo?
T: Sí, señor. ¡Al rico helado de Tutti Frutti!
H: Clave principal, clave corriente. Z-V-B-X-R-P-L. La Z quiere decir J a no ser que el caballo sea potranca… ¡Eh Tutti Frutti! ¿El caballo es una potranca?
T: No lo sé, consulte la guía de criadores.
H: ¿Cómo la guía de criadores? Yo no tengo guía de criadores.
T: ¡Que no tiene guía de criadores!
H: No grite, que no se entere la gente que no tengo más guía que la de ferrocarriles. Ni mis mejores amigos saben que no tengo guía de criadores.
T: Qué pena. Le compadezco por ir por el mundo sin guía de criadores. Comprar todos esos libros sin tener guía de criadores es tirar el dinero.
H: ¿Dónde puedo conseguirla sin hacer el ridículo?
T: Una no le sirve, necesita la colección. ¡Al rico helado de Tutti Frutti!
H: ¡Eh! Yo no quería nada más que el nombre de un caballo, no una biblioteca pública. ¿Cuánto vale esa colección?

Tony: Un dolar cada uno.
Hackenbush: ¿Un dólar?
T: Y le doy cuatro por cinco.
H: Está bien, venga esos cuatro, hay que aprovechar las oportunidades.
T: Claro, aquí tiene.
H: Y conste que no compro más. Qué barbaridad, creí que apostar era más rápido.
T: (Se acerca a la taquilla de apuestas mientras que Hackenbush está ocupado tratando de buscar en los libros y apuesta) Seis dólares a Sun-Up, deprisa. ¡Al rico helado de Tutti Frutti!
H: Criadores… Z-V-B-X-R-P-L. Es Burns.
T: Sí, eso es.
H: ¿Burns?
T: Sí, sí. A veces da la clave del jockey y no la del caballo. Ahora averigüe qué caballo monta Burns y a ese caballo apuesta usted. Es fácil. ¡Al rico helado de Tutti Frutti!
H: ¡Ah! Empiezo a hacerme una vaga idea, me ha costado comprenderlo. Es bastante complicado para un novato, no crea. – Empieza a consultar todos los libros que sostiene en sus brazos.
T: No es ese libro.
H: ¿Eh?
T: No es ese libro.
H: No, es ese libro.
T: No es ese libro, no.
H: ¿No?
T: No es ese libro. No tiene usted ese libro.
H: Lo tiene usted, ¿verdad? Y yo lo tendré enseguida, ¿no?
T: ¡Helados de Tutti Frutti!
H: Menudo Tutti Frutti está usted hecho. ¿Cuánto vale?
T: Un dólar.
H: Pero es el último libro que compro.
T: Sí, no necesita ninguno más.
H: Aquí tiene, un billete de diez dólares. Deme pronto el cambio que ya salen a la pista.
T: No tengo cambio, le daré nueve libros más y así haremos cuenta justa jefe.
H: ¿Nueve más?
T: Sí, nueve más.
H: Oiga y ¿no tendrá por casualidad también estanterías?
T: Venga mañana, a lo mejor hay suerte.
H: No sabía que se necesitara tanto libro.
T: No se preocupe, hoy ganará a las carreras.
H: Pero yo creí que sólo había que apostar por un caballo.

Tres descodificar el mensaje, Hackenbush apuesta dos dólares por Rosie en la taquilla de apuestas, pero el corredor de apuestas le advierte que la carrera ya ha finalizado, que el caballo Sun-Up es el ganador. Tony comienza a saltar de alegría tras descubrir que ha ganado su apuesta, es entonces cuando Hackenbush se percata que ha sido estafado. Piensa durante unos instantes y finalmente lanza todos los libros dentro del carrito de helados retomando el papel de estafador que había dejado Tony, gritando: “¡Al rico helado! ¡Helado de Tutti Frutti!”.

La escena es, desde luego, insuperable (al igual que la película). Os recomiendo encarecidamente que os hagáis con el DVD que merece mucho la pena.

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  • Yavannna

    Lunes, 11 de julio de 2005 at 12:19 |

    JAjjajaaja pinta uy bien 😀 voy a ver si la consigo por algún lado…

    Desde luego los diálogos de los Marx son insuperables!!

  • Jon

    Lunes, 11 de julio de 2005 at 16:05 |

    Desde luego que leerlo no es lo mismo que verlo, yo también os recomiendo que lo veais no tiene perdida.

  • Maria Elena Mateo

    Martes, 12 de julio de 2005 at 20:59 |

    Me encanta lo de “Sólo un dólar por gastos de impresión”.
    No sé a que me recuerda, ¿a las SGAE?

  • Las bibliotecas en el cine » El Documentalista Enredado

    Lunes, 29 de diciembre de 2008 at 17:54 |

    […] Un Día en las Carreras (A Day at the Races – 1937) […]

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