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Etiqueta: Cine

Las dos muertes de la bibliotecaria Jedi Jocasta Nu

Jocasta Nu con un Lightsaber Rifle

Jocasta Nu, maestra Jedi y jefa de bibliotecarios, que pudimos conocer en la película Episodio III – La venganza de los Sith, tuvo dos muertes. Por así decirlo, la no-oficial y la oficial. En la primera de ellas, Anakin Skywalker recién convertido en Darth Vader acude a la Biblioteca y la asesina tras la Orden 66 (la orden militar mediante la cual el emperador Palpatine ejecuta a todos los Jedi). Desde luego que no se trató de una muerte épica, sino dentro de un videojuego y de forma rápida. Jocasta no era una gran guerrera, disponía de otras habilidades, así que poco podía hacer frente a uno de los mejores Jedis de la Galaxia. pero Disney tenía mejores planes para ella y un final mucho más épico.

En los nuevos cómics, que se vienen editando ya desde hace unos pocos años, la bibliotecaria tiene un rol mucho más relevante dentro de los hechos acontecidos tras la desaparición de la Orden Jedi. Darth Vader ya ha tenido su penúltimo enfrentamiento con su maestro y amigo Obi Wan Kenobi y ya es prácticamente una máquina.

El emperador Palpatine le encomienda a Vader que comience una búsqueda a los Jedis que han sobrevivido pero pone un foco especial respecto a Jocasta Nu. A pesar de que tienen toda la biblioteca para la orden Sith donde podrán recopilar conocimientos, Palpatine advierte a Vader que necesitan de la bibliotecaria puesto que hay conocimientos más allá de la biblioteca que puede atesorar sólo ella. De hecho, el emperador es consciente de que existe un registro de todos los niños que pueden ser sensibles a la fuerza y cree que Jocasta tiene un rol relevante en la gestión de ese archivo. No estaba equivocado.

Jocasta Nu tras el alzamiento del Imperio está preparando la transmisión de conocimientos a otros Jedis, iniciando una biblioteca personal y generando lo que se denomina holocron. Estos artefactos van más allá de los libros que se pueden ver en la película del Episodio III y son dispositivos que sólo pueden abrirse y usarse utilizando la Fuerza.

Pronto se percatará la Jedi que debe acudir a la Biblioteca para recuperar información relacionada con el registro de los seres sensibles a la fuerza antes de que lo describan los Sith. Resuelta y con el peligro que ello supone, se desplaza a Coruscant para tratar de acceder a la biblioteca. En su camino hasta una cámara especial dentro de ella, descubre al gran Inquisidor consultando los libros, lo que le produce rechazo y piensa en asaltar al aliado de los Sith.

Jocasta Nu se enfrenta al gran Inquisidor

Si bien consigue contenerse en un primer momento, justo cuando está saliendo de la misma tras obtener el archivo no puede refrenarse y ataca al Inquisidor. En ese momento, Vader interviene puesto que tiene la misión del emperador de mantener a la Jedi con vida frente a la intención del Inquisidor de acabar con la Jedi.

Tras una batalla mediante la cual Jocasta se percata que no es rival para ninguno de los dos Sith, decide borrar toda la Biblioteca y atacar a Vader con distintos artefactos. Sin embargo, es capturada no sin antes borrar todo el contenido de la Biblioteca (esto lo hace mediante un terminal de un ordenador) y realizar una batalla donde resiste de la mejor manera que puede los envites del Lord Sith. Capturada, trata de convencer a Darth Vader que lo mejor que puede hacer es matarla puesto que el emperador utilizará sus conocimientos y finalmente acabará con Vader (digamos que los Sith nunca se han fiado los unos de los otros). Vader hace explotar la nave en la que transportan a Jocasta Nu hasta el emperador acabando con su vida.

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De los soportes a la multiplataforma y a los monopolios

Hace unos días, escuchando un podcast sobre series, los tertulianos rememoraban con nostalgia sobre aquellos tiempos cuando se compraban packs enteros de temporadas en DVD. Esto me hizo rememorar cuánto tiempo había pasado desde que yo no había comprado una película en DVD (mucho) y cómo ha cambiado el consumo de la cultura en los últimos años. Es curioso como en estas fechas, en las que muchos andamos a la búsqueda de algún regalo, la opción del CD o del DVD hayan caído en el cuasi-olvido (por fortuna el formato libro aguanta estoicamente todavía). Netflix, la plataforma facilitadora de este gran cambio en el consumo audiovisual, no sólo ha cambiado el canal mediante el cual consumimos este tipo de contenidos, sino también el soporte sobre el cual lo hacemos. Me sorprende todavía que en la carrera de las pulgadas en los salones de la casa (de aquellos que dispongan alguno), finalmente acabemos en el metro consumiendo nuestras series preferidas a través de una pantalla de 5 pulgadas.

Respecto a la música, la melonamía ha quedado desbaratada. Ya no es necesaria la acumulación de nuestros discos favoritos. Sólo necesitas un pago mensual y tienes a tu alcance de casi todo lo que se ha distribuido comercialmente en la historia de la música. Spotify también ha establecido cómo debe ser la relación con la música y lo mejor de todo es que a final de año nos puede susurrar qué es lo que hemos escuchado durante el año. En mi caso, al consultar cuáles habían sido mis escuchas durante 2019, me llevé la sorpresa de que sólo había escuchado 150 canciones.

Precisamente, uno de los aspectos sobre lo que más se incide respecto a las plataformas de streaming de música es que nos gusta escuchar la música en modo bucle. Es decir, que realmente la mayoría de nosotros no necesita estar suscrito a una plataforma como Spotify puesto que tendemos a escuchar lo mismo todo el tiempo por lo que la adquisición más que la suscripción tiene más sentido. Podría decirse que en mi caso tienen toda la razón.

Y, ¿los libros? De momento, las ventas aguantan si bien es cierto que el consumo en libros no es comparable a la accesibilidad de la televisión o de la música. El lector de libros es alguien que gusta del soporte y si bien Amazon con sus Kindles ha tratado de romper el ecosistema editorial, el libro tradicional aguanta el envite bastante bien. Es cierto que el libro electrónico aporta nuevas herramientas que el libro tradicional no puede aportar, sin embargo la sorpresa proviene de un soporte que sabe aguantar el envite.

Internet, la movilidad, la miniaturización de los dispositivos y el aumento de sus capacidades ha transformado completamente el ecosistema de distribución de la cultura. En cualquier momento y en cualquier lugar, dispones de acceso a bibliotecas, mediatecas y fonotecas infinitas. Es cierto que la ha hecho mucho más accesible y más ubicua, pero concentrándola en muy pocos actores con el peligro que ello conlleva respecto a los propios requerimientos que podrían establecerse en un futuro respecto al acceso de los mismos. Además, al mismo tiempo, presenta una problemática relevante puesto que este acceso sólo podrá estar al alcance de aquellos que puedan pagarlo (dispositivo, conexión y distribución). Si bien es cierto que el acceso es relativamente barato puesto que las plataformas de distribución tienen como objetivo llegar a un público masivo, existe un peligro de exclusión y de acceso a esa cultura.

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El bibliotecario de “Los ríos de color púrpura”

En la prestigiosa Universidad de Guernon, en Francia, se ha cometido un crimen atroz. El bibliotecario ha sido asesinado tras largas horas de tortura y terribles mutilaciones. Pero, ¿quién querría matar a un bibliotecario? Su trabajo consistía básicamente en gestionar los libros y las plazas de estudio en la biblioteca. Así que, ¿cuál podría ser la motivación del criminal? ¿un sacrificio ritual? ¿qué las lecturas de los alumnos le llevaron a descubrir algún oscuro secreto de estos y lo hicieran callar? ¿qué no les prestara el libro adecuado?

En la película “Los ríos de color púrpura”, que Mathieu Kassovitz dirigió en el año 2000, apenas podemos ver un par de escenas que se desarrollan en la biblioteca. Ésta aparece ante nosotros como las tradicionales bibliotecas de antiguas universidades: espacios descomunales, auténticas murallas de estanterías de madera repletas de libros, un aspecto algo lúgubre y silencioso que sin embargo invita al estudio con sus numerosos puestos de lectura iluminados con una lámpara de mesa de tulipa verde…

Y aunque eso es casi todo lo que podemos ver de la biblioteca en la película, en la novela homónima de Jean-Christophe Grangé en la que se basa la biblioteca tiene un peso significativo en la trama de la obra y en el origen del crimen. Y el papel del bibliotecario es mucho más importante de lo que pudiera parecer a primera vista.

En el pasado o en el trabajo de este bibliotecario, que siguiendo la tradición paterna ocupa su misma plaza, parece estar la clave. O al menos eso cree el famoso detective Niémans, experto criminólogo encargado de resolver el caso. A su llegada a la Universidad de Guernon (al igual que en la película Seven) pone a su equipo a trabajar en la búsqueda de los libros que pudieran haber inspirado al asesino y los alumnos que los tomaron prestados, buscando en su catálogo términos como “mal”, “violencia”, “tortura”, “sacrificios rituales”, “mutilaciones”… Realizando una exhaustiva búsqueda de información que pueda dar alguna luz sobre el porqué del asesinato del bibliotecario, que sólo es el primero.

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Las bibliotecas en el cine

Una de las secciones que lamentablemente hemos tenido más olvidadas durante el 2008 que termina dentro de esta bitácora ha correspondido la sección dedicada a las las bibliotecas en el cine. Me sorprende mucho que esto haya sido así teniendo presente que era una de mis preferidas, aunque imagino que el esfuerzo que supone el mantenimiento de esta sección -el visionado de una película completa, más la extracción de un fotograma significativo (si es posible), más la redacción de un texto apropiado- constituya uno de los mayores obstáculos a la hora de su actualización a lo largo del tiempo (Además de otros problemas inherentes al ritmo de publicación de un blog). Sin embargo, los hechos nos indican que durante un año y medio no hemos publicado ninguna anotación, por lo que es de suponer que nuestro interés en la publicación de contenidos específicos ha decaído mucho.

Flaco favor nos hacemos, cuando consideramos presentar, dentro de esta publicación digital, cómo se nos contemplaba dentro de los medios de comunicación de masas a los bibliotecarios y documentalistas, así como al libro, y después nos olvidamos completamente de ello. Sin embargo, y de momento, dentro de nuestra filmoteca particular disponemos de 15 obras que confiamos ir ampliando a partir de 2009. En cualquier caso, hasta este momento, hemos hecho referencia a los títulos:

  1. El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein – 1974)
  2. Carrie (Carrie – 1976)
  3. El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring – 2001)
  4. Tesis (1996)
  5. El día de mañana (The Day After Tomorrow – 2004)
  6. El Nombre de la Rosa (Der Name der Rose – 1996)
  7. Los Cazafantasmas (Ghost Busters – 1984)
  8. Desayuno con Diamantes (Breakfast at Tiffany’s – 1961)
  9. Blade (1998)
  10. Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Sorcerer’s Stone – 2001)
  11. Hannibal (2001)
  12. Seven (Se7en – 1995)
  13. Un Día en las Carreras (A Day at the Races – 1937)
  14. Star wars: Episodio II – El Ataque de los clones (Star Wars: Episode II – Attack of the Clones – 2002)
  15. Miranda (2002)
  16. Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade – 1989)
  17. El tren de Zhou Yu (Zhou Yu de huo che – 2002)
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Filmotecas: La conservación de la memoria cinematográfica

Un artículo de la revista La Cartelera nos ofrecía en 2005 detalles del trabajo que se realiza en la Filmoteca Valenciana fundada en 1987 para la conservación de la memoria audiovisual valenciana. Actualmente, el Institut Valencià de Cinematografia (IVAC) conserva más de 10.000 documentos en su archivos entre originales de películas, copias de exhibición y filmes de aficionados.

Sus instalaciones están situadas en el Parque Tecnológico de Paterna (Valencia) donde se distribuyen cinco salas en forma de archivo que se encuentran a medio camino entre búnker acorazado y cámara frigorífica. Sólo allí se puede garantizar que los fotogramas grabados puedan perdurar al paso del tiempo ajustándose las condiciones de temperatura y humedad óptimas.

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En la biblioteca secreta del Dr. Victor Frankenstein

De las películas sobre parodias, o bien ya no se hacen como se hacían antes y las encuentro indigeribles, o es que ésta, además de un guión bastante ingenioso, tenía un reparto que realizó un gran trabajo durante el rodaje. El jovencito Frankenstein (1974) dirigida por Mel Brooks parte de la novela de Mary Shelley de la que se había realizado numerosas versiones cinematográficas. Disponiendo del gran bagaje que se tenía en el imaginario popular sobre esta historia, Gene Wilder desarrolló un guión que satirizaba el género de terror basándose en muchas de las escenas que se rodaron en los estudios de la Universal durante la década de los años 30. De este modo, Wilder y Brooks sitúan la acción en el año 1974 (A pesar de esto, está rodada completamente en blanco y negro), siendo el Dr. Frœderick Frankenstein el nieto de aquel que dió vida a un muerto a partir de distintas partes de su cuerpo.

Frœderick Fronkonsteen (aparentemente había renunciado a su verdadero apellido por vergüenza por la supuesta locura de su abuelo) enseña medicina en Nueva York, pero es reclamado para viajar a Transilvania en un ardid para continuar las investigaciones de Victor Frankenstein. En la estación de tren de llegada, le atiende el sirviente Igor, interpretado de una forma magnífica por Marty Feldman, junto con la que será su ayudante Inga que se convertirán en dos de los personajes sobre los que se basarán los hilarantes acontecimientos posteriores. Por otro lado, la ama de llaves del castillo, Frau Blücher, le irá introduciendo lentamente en los secretos de la antigua mansión, así como invitarle a que indague en las investigaciones de su abuelo.

En los aposentos de Victor, Frœderick revisa la biblioteca percatándose de que debe de haber algo más que esos libros que cualquier estudiante de medicina debe poseer, y así se lo transmite a Blücher. El doctor comienza entonces a creer firmemente en que existe una biblioteca secreta donde está el cuerpo de las investigaciones de su antecesor y será la ama de llaves la que le conducirá sutilmente hacia la biblioteca secreta del investigador, obviamente con una parodia sobre las bibliotecas secretas y su acceso a ellas.

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«Carrie» encuentra su milagro en la biblioteca

El primer libro de Stephen King, que por cierto también fue bibliotecario, nos recuerda un poco a Drácula de Bram Stoker puesto que está escrito como si leyésemos recortes de documentos según avanza la acción, pero si bien en el último son los diarios y las cartas personales los escritos que más encontramos, en Carrie son los recortes de periódicos y los extractos de libros lo que más nos ayuda a comprender la trama del libro. Como escritor de éxito, a King se le ha trasladado en distintas ocasiones a la gran pantalla con distinta fortuna, aunque en este caso la historia de Carrie fue llevada al cine por Brian de Palma con cierto éxito. En cualquier caso, visionada hoy parece desfondarse un poco, a pesara de que aún mantiene el suspense sobre todo durante las escenas del baile y posteriores.

Carrie White es una adolescente que sufre de acoso escolar en el instituto, apartada, ridiculizada y menospreciada por sus compañeras y compañeros, los profesores no son plenamente conscientes del calvario por el que sufre a pesar de que conocen el carácter de su madre – una fundamentalista cristiana -. Tras sufrir su primera menstruación en las duchas del instituto y ser, de nuevo, el objetivo de las burlas de sus compañeras de clase, descubrirá que puede mover objetos con sólo la voluntad de su mente, lo que provocará que su carácter instropectivo e inseguro comience a evolucionar lentamente.

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