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Secretos del Archivo Secreto Vaticano

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Pese a lo de "Secreto" y a los enigmas históricos que custodia, el archivo, sostiene el prefecto, no es más que eso, un archivo. "Aquí no hay nada de conspiraciones a lo Código Da Vinci, que, permítame decirlo, me parece un libro pésimo. No se puede comparar con El nombre de la rosa. Es preocupante ver su influencia, observar cómo la gente puede creer en ese tipo de cosas". El Archivo Secreto Vaticano forma parte de ese imaginario de las conspiraciones y los misterios. ¿Es víctima de su propio mito? Hace unos años, en su terraza del cercano Trastevere, el escritor Peter Berling, pionero de la teoría del Grial como la sangre de Cristo, extendía su grueso dedo acusador hacia el Vaticano para señalar el lugar donde se ocultaban todas las respuestas a todas las preguntas. "No me importa el mito. Tenemos la consideración de los historiadores serios y el resto, la vulgar leyenda, no importa". Hombre, si cambiaran lo de Secreto. "No se puede, siempre se llamará Secreto, significa privado, reservado, porque es el archivo de la Santa Sede, el archivo del Papa".

Con sus 85 kilómetros lineales de documentos, el problema básico que tiene el Archivo Secreto es de espacio y ordenamiento. "Ése es nuestro reto, con nuestros escasos medios hacer que todo esté arreglado archivísticamente. Si no, los historiadores dirán que lo que no aparece lo hemos ocultado".

Tras la entrevista, Pagano accede a la petición, humilde por supuesto, de una somera visita a las salas de consulta del Archivo Secreto. El Archivo en sí, los fondos, se encuentra repartido en varios espacios de almacenamiento, entre ellos los locales subterráneos inaugurados en 1980 bajo el Cortile de la Pigna, sobre los que se desplazan cada día miles de turistas camino de los Museos Vaticanos. De las dos salas de estudio una está dedicada a la consulta informática -un acceso lleva hasta donde se encuentra el monumental índice- y la otra es donde los investigadores reciben los legajos en unas mesas de madera con atriles. El momento culminante del acceso al exclusivo Archivo es un anticlímax. El lugar, muy poco impresionante pese a todo, mezcla la funcionalidad con una cierta atmósfera monacal que seguramente haría felices a Borges o a Guillermo de Baskerville. Al entrar discretamente, los estudiosos alzan la cabeza y vuelven en seguida a lo suyo. La sala no está llena ni mucho menos.

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Extraído de: ANTÓN, Jacinto. En busca de los secretos vaticanos. En: Diario El País. Sábado, 30 de septiembre de 2006, Madrid.

Publicado en Visto/Leído

3 comentarios

  1. MABEL FERNANDEZ MABEL FERNANDEZ

    Me parece muy interesante el artículo ya que es sabido por todos, que la iglesia católica esconde algunos documentos para que el pueblo no se entere, debido al poder que ya no ejercen sobre la humanidad.

    a que tanto le temen a la verdad, o a la manipulacion de la información ??

  2. francisco francisco

    Soy católico, pero entiendo a los que recelan de esto. Quien tiene algo que ocultar es que no tiene la conciencia tranquila. Jesús nunca escondió su pensamiento. Me quedo con el catolicismo de la madre Teresa de Calcuta(q. e. p. d.), y de tantos y tantos otros que dedican y han dedicado su vida a los demás. Eso es lo más importante de esta fe

  3. Lilia Paz Lilia Paz

    Solo conociendo el pasado podremos tener un presente más digno, y de ese modo, mirar esperanzados el futuro.
    Nuestra iglesia no debería tener secretos, ya que solo alimentan el imaginario y crean desconfianza entre los feligreses.

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