El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

Documentalistas, ¿equivocamos nuestra formación?

La precariedad laboral en el campo de la Biblioteconomía y la Documentación, nuestra invisibilidad profesional, el intrusismo, las corrientes más o menos tecnófilas o tecnófobas entre nuestras filas, el desconocimiento de nuestras posibilidades laborales en trabajos diferentes a los tradicionales… son temas que, como profesionales de la información, de tanto en tanto nos rondan por la cabeza.

Éstas y muchas otras reflexiones similares las hemos vertido en múltiples ocasiones en este blog, intentando ofrecer un panorama profesional lo más amplio posible. Enlazar cada una de ellas sería demasiado tedioso, pero baste recordar cualquier encuentro entre un par de bibliotecarios/documentalistas –ya sea en reuniones informales entre amigos, cuando coincidimos en oposiciones o eventos varios, o en muchos mensajes en IWETEL-, para evocar los temas de los que hablo.

El reencuentro con viejos compañeros de estudio, de trabajo, con amigos -y el conocimiento de otros nuevos-, que supuso nuestra asistencia al 3rd International LIS-EPI Meeting ha hecho que me replantee de nuevo muchos de estos temas. Y más aún tras la lectura del reciente post de Álvaro Cabezas, en el que se recogía la vertiginosa caída de alumnos en las titulaciones de Biblioteconomía y Documentación en las universidades españolas, me ha hecho pensar si después de todo los que queremos dedicarnos a la Documentación en su vertiente más tecnológica o menos tradicional, de plano, nos equivocamos al escoger esta carrera.

En dicho post y los posteriores comentarios se barajaban varias explicaciones para esta caída de estudiantes en Biblioteconomía y Documentación: la pareja caída de la biblioteca como fuente de información universal, el escaso interés por las carreras documentales, la mala orientación vocacional, la sobreoferta formativa universitaria… Pero en conclusión, creo que el problema deriva mayormente de la propia formación que se nos ofrece en estas titulaciones (la Diplomatura y la Licenciatura).

Claro está que no se puede hacer un saco común: cada universidad sigue un programa curricular distinto, y desde que finalicé mis estudios en ambas titulaciones -en las dos universidades que las imparten en Valencia- seguramente habrá cambiado mucho el plan de estudios; pero poco se asemejaba la formación que recibí, a las necesidades formativas reales que me he ido encontrando a lo largo de mi desarrollo profesional.

Reconozco que como seguramente la mayoría de los futuros estudiantes universitarios no asistí en su momento a ninguna reunión informativa sobre la titulación, ni miré el plan de estudios de la carrera que había escogido; aunque viniendo de un módulo profesional en Biblioteconomía y Documentación sabía más o menos con qué podía encontrarme. Y si mi objetivo se hubiera limitado a preparar una oposición a alguna biblioteca municipal o universitaria, como es el caso de muchos de mis compañeros -y creo que casi la única salida que son capaces de visionar los estudiantes primerizos-, la formación que se me ofreció podría considerarse suficiente. Pero, cuando alguna asignatura, algún profesor, algún conferenciante, te deja entrever el mundo que hay más allá de la catalogación y de las bibliotecas tradicionales, las nuevas puertas profesionales que puedes cruzar con la base fundamental de nuestra profesión, la gestión de la información, ¿cómo no explorarlas?

Pero la realidad laboral es la que entonces nos cierra esas mismas puertas: los titulados en Biblioteconomía y Documentación no somos bienvenidos para desempeñar tareas más tecnológicas. La tradición de nuestra profesión, la visión que la sociedad tiene del mundo bibliotecario, de su obsolescencia frente a Internet, resultan un lastre. Poco importa que nuestra marcada formación interdisciplinar pueda servir como punto de apoyo a muchos otros profesionales (“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, Arquímedes); que nuestra capacitación para estructurar la información puedan completar, por ejemplo, la labor de un informático a la hora de crear o definir conceptualmente una base de datos, una Intranet, una página web; o que nuestra especialización en el campo de las búsquedas documentales pueda respaldar las labores de investigación científica, -sólo por poner algunos ejemplos que conozco.

Llegado a este punto, y volviendo al tema del estudio de Álvaro Cabezas, es cuando yo y otros (y perdón por el orden de los sujetos) nos planteamos si no hubiera sido mejor que estudiáramos otra carrera más tecnológica para trabajar en lo que nos gusta, en Documentación.

Quizá los nuevos estudiantes, más avispados que nosotros, hayan sabido ver que nuestro futuro laboral en este terreno no nos lo va a proporcionar una carrera como Biblioteconomía y Documentación. Consideran, al igual que la sociedad o que nuestros compañeros bibliotecarios más más tradicionales (y la redundancia es intencionada), que las nuevas tecnologías están alejadas de las bibliotecas y del anacronismo que transmiten.

Mucho se ha hablado de la muerte del libro y de las bibliotecas, no se trata de un tema nuevo. Así que, cuándo aprenderemos de una buena vez, cuándo aprenderán nuestros formadores, que tenemos que dar el salto de continente a contenido, de libros a información, de entidad física a virtual; que las nuevas tecnologías están ahí para ayudarnos y para quedarse y que no tenemos que temerlas.

Quizá la biblioteca 2.0 pueda lavar la cara a la imagen tradicionalista que arrastramos, pero mientras tanto esa imagen seguirá siendo un escollo en nuestra incursión en un mundo profesional más amplio y más tecnológico.

Más elucubraciones… en la próxima reunión.

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  • álvaro cabezas

    Martes, 30 de septiembre de 2008 at 21:06 |

    Hola,

    supongo que este post generará bastantes comentarios, así que sólo un par de notas.

    Creo que debemos vernos no como los tipos que complementamos al informático, sino que el informático debe complementar o implementar lo que nosotros diseñemos. Si son proyectos que giran alrededor de la gestión de información, debe dirigirlos un experto en gestión de la información (y me da igual si hizo la carrera de ByD o es un médico metido a documentalista). Es decir, debemos valorarnos más nosotros mismos, como decía creo Leiva en la entrevista a recbib y aspirar a buenos puestos de trabajo y dejar de quejarnos porque para una plaza de auxiliar de biblioteca de pueblo no piden la titulación.

    Sobre la formación tecnológica, creo que hay universidades que sí le dan bastante importancia. El caso es que se especialicen cada una en lo que pueda, y así si me interesa Archivistica me voy a Salamanca y si quiero Bibliometría, pues a Granada,…creo que ahora con el EEES esto se fomentará algo, aunque sea en los postgrados y se fomente la movilidad en detrimento de los localismos… y bueno, siempre está la formación continua para seguir aprendiendo, ¿no?

    Ah, una aclaración, el estudio no es mío, yo sólo recojo los datos 🙂

    bueno, a ver qué opinan los demás

    un saludo

  • Maria Elena Mateo

    Martes, 30 de septiembre de 2008 at 22:08 |

    Gracias Álvaro por tu intervención y por aportar los datos de ese estudio.

    Quizá al referirme al papel complementario que podemos hacer con los informáticos en ciertos proyectos, me he dejado llevar también por el hecho de que directamente se les atribuya a ellos estas funciones. Evidentemente, más que complementar su trabajo un experto en gestión de la información tiene que dirigirlo, pero falta mucho camino para que la realidad refleje esto.

    Respecto a la tendencia curricular que tiene cada universidad y que podría llegar a crear especializaciones dentro de nuestra profesión, podría resultar muy interesante. Pero en España estoy convencida de que casi la totalidad de los estudiantes estudian una carrera por su disponibilidad en la universidad más cercana, más que acudir a una universidad específica a cursarla porque le guste el plan de estudios. El propio sistema de matriculación en universidades públicas prima los estudios en tu propia universidad, según creo recordar, aunque ya existan programas como el Seneca que potencian la movilidad a nivel nacional.

    Queda mucho por andar.

    • Clara Escobar

      Miércoles, 29 de octubre de 2008 at 23:20 |

      Hola!
      Tengo que hacerte un comentario sobre que el sistema de matriculación prima los estudios en tu propia universidad…
      Soy malagüeña, mi familia y mi casa están en Málaga y sin embargo como estudiante de último año de lic. en Documentación (Universidad de Granada) y dipl. en Biblioteconomía y Documentación (Universidad de Valencia) y actualmente alumna erasmus por el curso 2008/2009 en la University Collegue de Oslo (Noruega vamos)puedo decir que el sistema ayuda a la movilidad (excepto en el tema Erasmus que es un horror en cuanto a becas y tema económico).
      Resulta que por salir de tu comunidad autónoma ya tienes derecho a una beca de movilidad del MEC, no importa tus rentas (aunque no se yo que pasará si eres millonario 😉 es decir, la misma cantidad de dinero que puedes recibir por una beca Séneca. La verdad yo no he tenido que trabajar para mantenerme en mis 3 años en Valencia ni en Granada(aunque la familia tiene que ayudar hasta que te ingresan la beca de diciembre a febrero) Obviamente no te puedes permitir ir suspendiendo porque sino te quedas sin beca claro.
      Aparte es también paradójico en nuestros estudios decir que puedas tener problemas para ingresar en una universidad porque tienen preferencia los alumnos de esa comunidad autónoma, cuando todos sabemos que ni en la dipl. ni en la lic. se dan tortas por entrar y que tenemos las más bajas notas de corte.
      Vamos que ningún problema en ese aspecto.
      Por otro lado he de decir que tengo la sensación de que la mayoría de los alumnos no cogen estos estudios por su interés. Simplemente creen que es una carrera fácil y que pueden trabajar de funcionarios. Interés nulo en la profesión (da igual desde que punto de vista, archivística, bibliotecas, c. documentación…) así que la verdad luego no me extraña que se lleven chascos. Como la mayoría tampoco se informa, pues bueno pienso que es normal que crean que sus estudios no sirven para nada.
      Mi opinión: nos estamos minusvalorando…es una constante en todos sitios. No somos conscientes de nuestro potencial y de la relevancia que podemos llegar a alcanzar en el desarrollo de la “gestión de información” por llamarlo de alguna forma generalista.

      Yo he de decir que sabía perfectamente a lo que iba cuando decidí irme a Valencia a estudiar con 20 años. Me gustan mis estudios.

      Por otra parte es verdad que los diseños curriculares de nuestras carreras pecan a veces de ser de la edad de piedra 🙂 pero ahora que lo veo desde una perspectiva más avanzada creo que es necesario tener esas bases. Lo siento es lo que creo. Ayuda cuando quieres subir a otros niveles, ya no te asusta nada jaja.
      Es verdad que deberían incluirse asignaturas más prácticas y “modernas” en eso estoy de acuerdo y lo estoy viendo en las asignaturas que estoy haciendo en Oslo (DILL Digital Library Learning Master Erasmus Mundus) que sin duda están totalmente al día. Pero de todas formas puede haber cabida para todo.

      Pues nada besos desde Noruega.

      Clara

      • Maria Elena Mateo

        Jueves, 30 de octubre de 2008 at 14:41 |

        Hola

        Gracias por tu aclaración. La verdad es que conozco el sistema de becas nacionales más de oídas, que por experiencia propia o de alguien cercano. En mi caso, como estudié bastantes años después de dejar el instituto mis posibilidades de movilidad o de beca eran limitadas.

        Pero también tienes razón en que la mayoría de los estudiantes se dejan llevar por su idea de la “supuesta” facilidad de la carrera más que por vocación, aunque supongo que pasa en la mayoría de las carreras.

        Me alegro que en tu caso sea completamente vocacional y la variedad de tu formación haga que se complemente y se adapte a tus gustos y necesidades.

        ¡Mucha suerte!

      • Ana

        Lunes, 17 de noviembre de 2008 at 14:47 |

        ¿Y qué tal en Noruega? Yo estoy pensando en pedir una beca para acercarme a uno de estos países, pero la verdad es que me da un poco de miedo. Como veo que tú has viajado mucho, Clara, ¿cómo se lleva? ¿Es muy duro ir a un lugar en el que, a priori, hace frío y no puedes acercarte cuando quisieras? La verdad es que tengo que valorar mis relaciones personales, claro…. pero eso es otro asunto….¿Las asignaturas son lo que esperabas, es decir, es mejor el punto de vista desde la Universidad de Oslo o tenemos que seguir con lo que tú decías, con la idea de que es una carrera fácil que todos podemos sacar?¿Hay más especialización?

        Gracias y que lo pases bien.

  • Maria Elena Mateo

    Martes, 30 de septiembre de 2008 at 23:06 |

    Perdón, quería decir que se priman los estudios en la propia comunidad autónoma.

    En cualquier caso, aunque el ejercicio de la profesión se desarrolle en campos más clásicos como la archivística, eso no quita que la incursión de las nuevas tecnologías para apoyar nuestro trabajo no sea necesaria.

  • Marcos Ros-Martín

    Miércoles, 1 de octubre de 2008 at 08:37 |

    El hilo de la conversación sigue también:

    http://entreolasdeinformacion.blogspot.com/2008/09/con-el-agua-al-cuello.html

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