El Documentalista Enredado

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Los libros perdidos de mis estanterías

Ayer terminé de leer un libro de aquellos que mis compañeras de trabajo sólo creerían que podría habérmelo comprado yo. Pero no os preocupéis sobre esta incógnita porque tiene merecida una reseña y en breve me dispondré a redactarla, por lo que el misterio durará bien poco. El hecho es que en mi intento de sortear mis lecturas de profesión, si se quiere, con las de placer, que cada vez me tocan menos, me lancé hacia mis estanterías, donde se agrupan en batiburrillo los libros leídos junto aquellos adquiridos que aguardan su suerte.

Sin embargo, en esta ocasión me he percatado de algo que hasta ahora no me había sucedido. Es justo comentaros que hace tiempo que no adquiero libros de forma compulsiva, es decir, no visito una librería ni dejo que mi mirada se pasee por las cubiertas de los libros, casi siempre, de bolsillo expuestos. La economía apremia ahora y también lo hacía entonces, cuando dejé esa costumbre tan sana, de tal modo que el último libro que compré considerando que sería el único en mucho tiempo fue Las uvas de la ira del que ya he dado cuenta. Ahora me percato de que tal vez el futuro me hacía un guiño.

Así pues, al mismo tiempo que he ido apartándome de las lecturas relajadas y del género de la novela, me alejé también de las librerías e inconscientemente de mis estanterías hasta que volví a ellas y parece que dos años hayan resultado dos décadas. Repasando los títulos que atesoran, me he percatado de que muchos de los volúmenes que desfilan sobre ellas son unos desconocidos para mi… O puede ser que no. Es decir, me he encontrado frente a una situación que hasta ahora no había encarado, el momento que no recuerdas si un libro lo has leído ya o simplemente te está esperando a que lo hagas.

Por supuesto que no sucede con todos, algunos sé que ya están leídos, otros que merecerían una segunda lectura, pero ese gran conjunto de páginas de Tom Wolfe, por cierto tengo tres títulos de este autor incluyendo La hoguera de las vanidades, no sé si ya fue leído cierto verano o si fue comenzado y abandonado con la misma rapidez. Porque soy de la condición de los que creen que no hay necesidad de engullir todo lo que redacte un escritor por mucho que los críticos literarios insistan sobre ello.

Finalmente, me he decidido por La gran pesquisa de Tom Sharpe sin saber a ciencia cierta si ya lo leí, aunque las aventuras de Blott soy consciente de que ya las viví. En cualquier caso, esta situación que me da un toque de atención sobre mi madurez, aunque podría haber sido peor. Podría haber comprado un libro que ya había leído, que tenía en casa y que no me gustó. Pero eso lo dejo para, tal vez, dentro de diez años más y puede que para entonces os pueda detallar el título del libro que me compré dos veces.

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  • Carolus

    Miércoles, 20 de mayo de 2009 at 23:26 |

    Aquí os dejo abrir un e-libro muy útil para que lo miréis, se llama El Gran Juego, de C. Martín Pérez.

    http://www.personal.able.es/cm.perez/comentarioslibros.html
    http://www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_GRAN_JUEGO.pdf

    Se trata de un libro de estrategia, ya sea política, militar o de marketing, pues inclusive en la actualidad se dice que emplea en las carreras de empresariales o derecho. Con lo que veas se puede practicar mucho sobre estrategias, autocontrol, PNL, lenguaje verbal y corporal, liderazgo, seducción, manipulación, persuasión y lucha por el poder.

    Saludos.

  • Farándula

    Jueves, 4 de junio de 2009 at 18:47 |

    No sabes lo identificada que me he sentido. A mí eso me pasa constantemente con las películas y no suelo darme cuenta hasta pasada una hora.
    Con los libros me sucede más el ser consciente de que los leí, incluso tener grabado a fuego determinado pasaje y sensación, pero no recordar absolutamente nada en concreto de la trama.
    El otro día hablaba con un amigo de la famosa lista de libros que la gente dice haber leído cuando no es así, encabezada por 1984 de Orwell. Lo leí hace 10 años. Me preguntó ¿cómo se llaman los protagonistas y qué les pasa? Ni idea. Quedé como una mentirosa. Pero es que él no sabía qué era la neolengua (¡)

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