El Documentalista Enredado

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Wikileaks: Incluso el emperador está desnudo

El portal Wikileaks anda estos días sacudiéndole a la mayor potencia militar del mundo con sus secretos a través de los cables diplomáticos utilizados a través de su red de comunicaciones (SPIRNet), mientras los medios de comunicación babean, literalmente, por la calidad y cantidad de los secretos revelados. Aunque algunos periodistas consideran que la mayoría son meras anécdotas, por ejemplo que Gaddafi sea tan aficionado al Botox o que Hillary Clinton solicite una evaluación psicológica de la presidenta de Argentina, lo cierto es que andan sorprendidos por el torrente de informaciones que les deja sin respiro a ellos y a sus lectores.

Algunos consideran que tal es la cantidad de información que se está filtrando lentamente, o acelerádamente según se mire, que se puede caer en la infoxicación, que no podamos digerir ni ellos ni nosotros. En este Cablegate, como se ha denominado a esta filtración informativa, nos encontramos con dos planos a la hora de percatarnos de lo vasto de lo publicado, por un lado toda la avalancha informativa y de datos cada cual más sorprendente o indignate; y por el otro que la gravedad de lo publicado quede en nada aparentemente, aunque soterradamente el sistema de información diplomático se vea sacudido en sus cimientos.

La crítica hacia Wikileaks, más allá de poner al descubierto cómo se trabaja en el ámbito diplomático o la cierta connivencia de ciertos poderes públicos con la superpotencia, se centra en el modo que en esta ocasión la Web ha decidido filtrar la información. En una de las filtraciones anteriores, como la documentación sobre la guerra de Iraq del Pentágono, el portal simplemente liberó la documentación. En esta ocasión, su modus operandi ha cambiado, seleccionando cinco medios de comunicación publicar lentamente esta filtración en esta ocasión, coordinándose y filtrando qué es lo publicable y qué no lo es, qué puede ser dado a conocer a la luz pública y qué no.

El Periodismo Ciudadano puede verse puesto en solfa en esta ocasión, ya que son los medios los que digieren la documentación que la fuente les ofrece y la ponen en contexto. Es decir, la difusión de la información filtrada ha evolucionado conscientes de que de esta manera el impacto mediático será mayor y no tan atribulado como en anteriores ocasiones. Y, mientras los medios de comunicación tradicionales reencuentran su sitio en un mundo globalizado en el que cualquiera puede publicar sus opiniones y conocimientos y obtener reconocimiento precisamente por el nivel de sus aportaciones, lo que queda de las cenizas de este Cablegate es quizá un mundo más transparente.

Mientras en las pasadas décadas, las filtraciones los documentos se tenían que robar uno a uno (fax a fax, fotocopia a fotocopia), el volumen del mismo era casi despreciable. Sin embargo, actualmente el volumen de los documentos robados puede ser ingente y gigante sin apenas ocupar sitio en el bolsillo (Un CD-Rom, un pendrive). Tal es la cantidad y su calado que cada cual debería preguntarse si es ético para el sistema democrático actual que se quede completamente desnudo.

Curiosa situación en la que son los propios estados los que quedan desnudos por el propio sistema que han creado, al igual que nosotros en las redes sociales o en los mismos aeropuertos. Una paradoja o una ventaja de los tiempos que corren.

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