El Documentalista Enredado

Infonomía, Innovación, Análisis y Nuevas Tecnologías

Internet trata de subvertir la jerarquía democrática

La actualidad es desenfreno, las noticias se suceden atropelladamente en las portadas de los medios de comunicación y son rápidamente olvidadas como si el Presente no cupiese en el día a día. Demasiadas hechos, demasiados sucesos, demasiadas decisiones tomadas de forma presurosa. A la primavera árabe la sustituyó la catástrofe nuclear de Fukushima, a Fukushima la desplazaron las elecciones en España, las elecciones fueron fagocitadas por el 15M, el 15M fue barriod la crisis del pepino, pero a éste lo vuelve a sustituir el 15M y la constitución de ayuntamientos y parlamentos.

Todo se emborrona, parece superfluo, como si todo sólo se sostuviese por su propia levedad del acto material y, de repente, con la misma levedad desapareciese. Sin embargo, me da en la nariz que algo se está cociendo en Internet. La llamada Web Social está canalizando un cambio social que debería ser analizado con lupa y detenimiento por sociólogos, historiadores, periodistas y políticos. El movimiento español 15M cogió a muchos desprevenidos, entre los que me incluyo por supuesto. Sin embargo, antecedentes existían de que esta marejada que Internet está provocando y que cataliza muchos movimientos, está a punto de dar un salto cualitativo.

Wikileaks demostró que los gobiernos y sus gobernantes están desnudos, que la información, ese bien ingente para muchos, pero la decisiva reservada para gourmets, puede ser transmitida inmediatamente, sin costes hacia los medios de comunicación capaces de procesarla y distribuirla. Tras el jaque mate a Julian Assange, un colectivo se atrevió a desafiar los hilos ocultos del poder, el colectivo Anonymous vino a sustituir y a tratar de defender el acoso a Wikileaks y a encararse con la superpotencia americana y otros organismos internacionales. Desde Anonymous, la perspectiva de que afirmen que desarticulan cúpulas se aleja de la realidad, ya que en Internet casi todo funciona de forma horizontal y además existe mar gruesa.

Las revueltas en el mundo árabe fueron transmitida por los medios de comunicación como una necesaria apertura democrática de estos países. Las sociedades norteafricanas encaraban su futuro solicitando más libertades, pero tras el devenir de los días en algunos países los progresos democráticos se estancaron, en otros derivaron en enfrentamientos abiertos, en otros simplemente fueron reprendidos con fuego. Pero la mecha se encontraba prendida, latente, derivándose hacia otros lugares geográficos, dispuesta a hacer caer todo lo que conocemos hasta ahora.

La situación económica y política de España favoreciendo que una manifestación crítica con la actual jerarquía democrática catalizase un descontento invisible pero que aguardaba su espita. La desafección con el Estado, las reglas establecidas y sus estamentos es un sentimiento creciente dentro de la sociedad española que afirma que los políticos son uno de sus principales problemas. Vivimos en democracia, pero hay sectores de la sociedad que no se sienten identificada con ella. De momento, el sistema enquilosado funciona, todavía equilibrado, sin embargo la crítica persiste, se multiplica, crece, cambia y evoluciona.

Tony Judt consideraba que el mayor pecado del Mayo del 68 fue establecer el individualismo en la Sociedad. El fin de los sindicatos se contemplaba desde esta perspectiva, desde el punto de vista del crecimiento del individualismo, cuando el trabajador ya no se sintió integrado dentro de una clase obrera desmantelada. Hoy en día, los sindicatos son contemplados como dinosaurios condenados a extinguirse al fallarles su base social. A pesar de todo, ese individualismo está siendo barrido por un movimiento que no desea de interlocutores fijos, de cabezas visibles. La Red devuelve a horizontalizar a la Sociedad y ésta se encuentra insatisfecha con la participación ciudadana que el sistema le ofrece. Entiende de que el poder emana de ella y quiere sentirse, de nuevo, escuchada y poderosa.

“La diferencia es que nosotros queríamos derribar el sistema, el 15M quiere arreglarlo”, “sobra el debate emocional, falta el intelectual” claman los intelectuales que vivieron el 68. El 15M nace del corazón, de los debates de salón a través de Twitter o Facebook, pero gana fuerza presencialista en las asambleas y acampadas. Se redactan manifiestos, de forma abierta, colaborativa; pero al mismo tiempo se buscan referentes que puedan guiarlos. Los intelectuales más ancianos apoyan la corriente (Sampedro o Hessel), los de mediana edad, los asentados socialmente no la entienden.

Mientras el movimiento del 15M sorprendido de su propio éxito, trata de aprender, de tomar sus propias decisiones alejándose del corazón, decidiendo cuál es la mejor manera de expandirse, a través de los barrios, se encuentra plantando semillas, informando a las personas, transmitiendo su mensaje fuera de la Red. Ya no se trata de jóvenes informados y desafectos; las pataletas no se encuentran en el salón, si no que el mensaje se traslada fuera de Internet a la plaza de los barrios, captando apoyos. “No nos representan” les claman a los políticos que aceptaron dávidas y a aquellos que no las aceptaron, uniformando a un nuevo enemigo al que derribar. El problema es que si aquellos que deben de gestionar el patrimonio de todos son desautorizados para ello, ¿quién debe hacerlo?

De repente, nos percatamos que hemos envejecido muy rápido y no somos capaces de comprender a lo que nos enfrentamos. Los viejos esquemas no sirven, las comunicaciones son distintas, a las masas ya no se las arenga en los mítines, vienen con la lección aprendida. Saben lo que quieren, son conscientes de los medios que deben usar para ello y son capaces de autoorganizarse y aprender de sus errores. La Web, las tecnologías de la comunicación, ya definitivamente ubicua está rompiendo sus costuras, lo que se dice en la Red ya no se queda en la Red, está calando en la Sociedad, transmitiendo ideas y programando acciones específicas y concretas. Tal vez, Internet se encuentre en un punto en que sea capaz de subvertir los propios esquemas políticos nacidos de la Segunda Guerra Mundial. Como diría aquel: “Atentos”

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