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Categoría: Biblioteconomía

Servicio de Documentación del Diario «El País», por dentro

Hoy celebra el diario El País su número 10.000 y para celebrarlo ha preparado un extenso Suplemento Especial, además abrir los contenidos de su web de forma gratuita hasta las 0h de hoy.

El objetivo de este post es para recomendaros el extenso artículo descargable 24 horas de vida en papel dentro de la sección El País por dentro en la que aparecen nuestros compañeros Documentalistas del periódico.

Si alguien llega tarde, y no puede descargárselo, que no dude en solicitármelo.

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Cuando la información le desborde… ponga un documentalista en su organización

He de decir que me ha sorprendido gratamente el artículo Cuando la información nos desborda, publicado en el Diario Levante-EMV del 10 de octubre de 2004 (2ª Página), de Santiago Ferris de la empresa Omnia Auditora, puesto que apunta ciertos aspectos de la Gestión de la Información en las Organizaciones que ya apuntó Alfons Cornellá en su libro Infonomía.com y, anteriormente, Los recursos de la información. Teniendo en cuenta que este artículo se publica dentro de un medio de comunicación regional y, a su vez, dentro de una sección que se publica semanalmente, el regocijo debe de ser doble.

En el citado artículo, y no me voy a extender puesto que habla por sí mismo, se señalan varios aspectos clave:

  1. Los directivos, los estrategas del marketing e, incluso, aquellos más ligados a la prestación de servicios o a la producción de bienes, simplemente están desbordados por la cantidad de información disponible.
  • Y no sólo estamos desbordados por la información procedente del exterior. La información interior también ha crecido de forma espectacular, simplemente porque los negocios se han hecho mucho más complejos de gestionar y su operativa involucra a más partes: empresas de externalización de la formación, prevención de riesgos laborales, limpieza de locales y oficinas, transporte y distribución, ciertas partes o piezas en la cadena de montaje… los ejemplos son innumerables.
  • Estos problemas son extensibles tanto para las pymes como para las grandes empresas.
  • Ante esto, las empresas pueden:

    Todas las empresas, sin excepción, deben gestionar de alguna manera esta complejidad. Necesitan de sistemas de información que les faciliten sus flujos de trabajo: la creación, revisión y aprobación de sus procedimientos y el uso de formularios electrónicos y sistemas de mensajería interna y externa que agilicen sus procesos de prestación de servicio a los clientes.

    Y lo mejor de todo:

    Pero no nos engañemos, ninguna herramienta tecnológica, por sofisticada que sea, puede garantizar por sí misma la solución de un problema de gestión. Es preciso tener en cuenta la variable humana: los usuarios. En el éxito de la implantación será clave la realización de los procesos de formación y habituación necesarios para producir un cambio cultural en la organización. Será también necesario realizar un análisis previo crítico por parte de la dirección de la empresa y de los consultores especializados en gestión documental y del conocimiento.

    Lo que surge tras esto es la cuestión: ¿a qué estamos esperando los documentalistas?

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    Documentalistas, ¿principales culpables del fracaso de algunas series de TV?

    Hoy, el diario El País se hace eco de la eliminación de la parrilla televisiva de Telecinco de la serie venida a menos Los 80. El diario independiente de la mañana recoge que la serie de televisión se toma un descanso hasta enero de 2005 cuando supuestamente retornará tratando de eliminar el tono dramático que había ido mostrando desde su estreno el 8 de septiembre. Obviamente, esto no tiene ningún interés para nosotros; sin embargo, el diario realiza un despiece en el que trata de analizar el porqué de una serie que se ha ido desinflando en audiencia según se han ido emitiendo los capítulos.

    Para ello, recoge algunas de las opiniones de los protagonistas de la Movida como Jaime Urrutia (Gabinete Caligari) o Loquillo. Sólo voy a transcribir aquí, por su interés, una de las opiniones, la que corresponde a Enrique Sierra (Radio Futura) en la que afirma:

    «Un día me llamaron y me dijeron que pusiera la tele. Entonces vi a unos chavales tocando Enamorado de la moda juvenil, y la verdad es que me pareció ridículo. Era como si los documentalistas no se hubiesen mirado ni un vídeo de los ochenta. Es todo un problema de falta de interés.»

    De esta opinión, que no voy a criticar, podemos desglosar dos cosas:

    1. La profesión está asentada, lo suficiente, para que alguien crea que el puesto laboral que debería existir en toda serie histórica lo desempeña alguien que no ha hecho bien su trabajo.
    2. Es un tanto ingenuo creer que siempre se va a hacer caso a los documentalistas que realizan su trabajo con los medios que ponen a su alcance la producción de las series.

    Por mi experiencia, sé que no siempre la realidad se ajusta a lo que los guionistas y/o los directores quieren desarrollar en las tramas de los capítulos. Muchas veces la realidad es más cruda de lo que se está dispuesto a enseñar o no es exactamente igual a lo que los responsables de realización recuerdan. Si a los protagonistas de la Movida les parece ridícula la serie, ¿qué podrá opinar el documentalista, si es que en realidad lo hay, de Los 80 al cual pasan por la lavadora su trabajo?

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    Seamos realistas, pidamos lo imposible

    1. Que los jóvenes tengamos un sueldo digno.
    2. Que los nuevos documentalistas en formación se percaten de todo el trabajo que tiene por delante.
    3. Que nos demos cuenta de que un título universitario no aporta automáticamente el derecho a un puesto de trabajo digno.
    4. Que la mayoría de los estudiantes de Biblioteconomía y Documentación aparten su pensamiento durante un instante de convertirse en funcionarios y traten de mirar más allá.
    5. Que los bibliotecarios / documentalistas / archiveros sean conscientes de su peso social.
    6. Que las bibliotecas no lleguen jamás a pagar el canon por el préstamo bibliotecario.
    7. Que nos escuchen y que aprendamos a escuchar
    8. Que abandonemos los discursos y debates valdíos sobre el intrusismo y comencemos a trabajar por la calidad en los centros de información.
    9. Que las empresas despierten ante lo que les pueden ofrecer los nuevos profesionales de la información.
    10. Colegio, colegio, colegio.
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    La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (y 5)

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    Después de la tormenta, la calma. Nuestro objetivo es la denuncia, poner la situación que conocemos sobre la mesa. No deseamos acongojar a los nuevos estudiantes que van a comenzar el curso en octubre, ni a las personas que se van a iniciar en el mundo de la Documentación, ni a los que ya están inmersos en ella. Estos textos tan sólo pueden describir y circunscribirse a la situación existente hoy.

    Seguramente, una vez detallados y analizados los distintos hechos, se podrán añadir muchos más, positivos y negativos, pero no es éste el mejor lugar para realizar una recopilación de todos ellos. Los profesionales de la información debemos realizar una reflexión profunda hacia dónde queremos dirigirnos. Podemos seguir ladrando en las esquinas, como dijo alguien no hace tanto tiempo, lamentándonos por lo que debería ser y no es, o podemos comenzar a realizar acciones efectivas.

    Desde mi punto de vista y es justo lo que he tratado de transmitir aquí, es necesario un debate profundo hacia dónde se quiere marchar y en qué marco se desea hacerlo. Las asociaciones profesionales, que reunen a bibliotecarios, documentalistas y archiveros, se instrumentalizaron como herramientas útiles para el aglutinamiento de profesionales que hasta ese momento provenían de formaciones muy distintas y necesitaban compartir experiencias para mejorar. Hoy en día, se debe revisar el modelo de comunicación que se quiere otorgar a la Documentación, se debe evaluar completamente lo que se imparte en las universidades y los contenidos que atañen a esta profesión, se debe producir un acercamiento desde todos los sectores implicados en la gestión de la información hacia la sociedad y reindinvicar el trabajo que se ha realizado desde la Documentación y la Biblioteconomía durante los últimos años.

    Desde mi convencimiento de que es una necesidad de los bibliotecarios y de los documentalistas el planteamiento en distintos ámbitos geográficos y administrativos de la conveniencia, por su efectividad y posible desarrollo por su beneficio, de la creación de distintos Colegios Profesionales. Estos reunirían a los distintos profesionales de la información, velarían por sus derechos, vigilarían sus deberes y observarían el cumplimiento de los parámetros en los distintos centros informativos.

    Por otro lado, las universidades ya han comenzando a virar hacia la integración de contenidos. Se han creado y se ofertan nuevas titulaciones duales, tal y como se recogió en su momento en El Documentalista Enredado, como Documentación – Derecho o Documentación – Informática. Puede que dentro de unos años la carrera retorne a convertirse en una especialidad, puede que nunca debería haber abandonado ese campo. ¿Quién sabe?

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    La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (4)

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    Una plaza de funcionario puede sugerir la panacea para una persona que ha estado estudiando a lo largo de 3, 5 o 6 años. De hecho, muchos titulados prolongan sus estudios intentando obtener una de estas plazas e incluso el objetivo último de algunos de ellos a lo largo de su estancia en la universidad es precisamente un puesto en la Administración Pública. Claro que si la situación laboral es deprimente, ¿qué decir de la opositora?

    Las oposiciones en España son, cómo definirlo, un mundo a parte. Algunos estudios independientes denuncian que la temporalidad en los puestos de la Administración en España es demasiado elevada, es decir, que el grado de interinidad es excesivo y que debería ser corregido. Esto nos devuelve a lo que decíamos en el envío anterior de la temporalidad laboral y los contratos basura que además contagian a la Administración. Pero, si incluso se convoca una oposición para una plaza de empleo público, la odisea está servida.

    Puedo afirmar que las denuncias que se realizan a los foros de los profesionales de la Documentación en España respecto a distintas convocatorias ya pecan de aburridas, no porque no sean acciones censurables la manipulación de procesos selectivos, sino porque son constantes. La adjudicación de una sola plaza pública siempre puede provocar polémica, sin embargo el aumento de la demanda de estas plazas hace que las oposiciones sean concurridas y las sombras de duda se multipliquen frente a favoritismos a determinadas personas.

    No vamos a realizar un listado de los rumores y de las denuncias que hemos recibido, puesto que para ello están los archivos de Iwetel y no es el objetivo de este artículo el hacerlo. Pero debemos indicar que si tenemos en cuenta que a este tipo de plazas, tal y como hemos comentado anteriormente, no sólo acuden los diplomados en Documentación y los licenciados, sino que además debemos añadir a los licenciados en otras áreas de Humanidades y Tecnológicas; podemos percatarnos que la demanda aumenta más que en cualquier otro sector que se exija una mayor especialización, por así decirlo, curricular. A esto debemos de añadir que la mayoría de exámenes se preparan siendo conscientes de que es imposible abarcar todo el temario y, por lo tanto, se profundiza en algunos temas más que otros, confiando que la fortuna nos sonría o, tal vez, seamos conscientes de que no nos haga realmente falta.

    Continuará el martes, 24 de agosto

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    La ¿crisis? de la profesión del Documentalista / Bibliotecario en España (3)

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    Como ya señalamos anteriormente, la profesión del Documentalista/Bibliotecario se redefine una y otra vez, como lo ha hecho a lo largo de su historia, según avanza el desarrollo de la gestión de la información y la aplicación de las nuevas tecnologías. Pero, a pesar del esfuerzo realizado por reconvertirse sobre sus viejas estructuras, el profesional se encuentra ante la dura realidad social sobre la que nos encontramos.

    Los titulados que acaban sus carreras universitarias, preparados (¿o pre-parados?) y conscientes de su rol social, comienzan a reclamar como suyas, puesto que para ello poseen un título aprobado por la Administración, las plazas en bibliotecas y centros de información que hasta entonces habían nutrido licenciados en Geografía, Historia, Filosofía, Filología y de otras ramas. El conflicto, y el debate, les asalta a estos profesionales recién formados dentro del término intrusismo que consiste en el acceso a esas plazas de personas o bien que no posee el título o bien que han realizado un cursillo sobre Biblioteconomía, según afirman ellos mismos. Personalmente, creo que en ocasiones se ha ninguneado erróneamente desde algunos sectores el trabajo realizado por verdaderos profesionales que, si bien tenían una formación deficiente, se preocuparon por ofrecer el mejor servicio posible a sus usuarios y aumentar la calidad de éstos.

    Otro de los lastres que sulfura a los nuevos profesionales es la incapacidad de adaptación de la Administración pública que todavía hoy convoca plazas de empleo público para centros de información dirigidas para licenciados en casi todo, exceptuando la diplomatura en Biblioteconomía o la licenciatura en Documentación. Además, y desgraciadamente, en algunos pequeños municipios las plazas de bibliotecarios son consideradas para o bien ofrecer a un familiar no especializado un trabajo o bien ejercer mobbing (malos tratos psicológicos en el trabajo) a un funcionario no afín al partido político gobernante o bien la jubilación dorada de algún bedel.

    Afortunadamente, estos dos hechos comienzan a ser transformados lentamente gracias en gran parte al trabajo sobresaliente, ilusionado e ilusionante que realizan las nuevas promociones de licenciados dentro de los puestos de trabajo a los que acceden, añadidas a las reclamaciones que se hacen desde los sectores profesionales de Biblioteconomía. Sin embargo, este gran esfuerzo que se está realizando no puede superar la realidad que vivimos hoy en día.

    El primer hecho consiste en la deficiente calidad laboral en la que se encuentra inmersa España. Los trabajos son temporales y deficientemente remunerados, la renovación de contratos después de la finalización de una beca o una práctica en ocasiones se hace bajo la figura del falso autónomo, incluso por propia iniciativa la Administración, con los costes que debe soportar el trabajador. Además, aunque esto no es exclusivo de los Documentalistas, gracias a su formación, muchos nuevos profesionales se encuentran en la situación de que poseen mayores y renovados conocimientos que sus superiores y, sin embargo, no encuentran ni la complicidad ni la comprensión ni el apoyo necesarios para poder mejorar un servicio o desarrollar otro.

    Para añadir un peldaño más al esfuerzo del nuevo documentalista, nos hallamos en un momento en el que existe un completo desconocimiento social de las funciones que un profesional de la información puede realizar dentro del ámbito empresarial. La sola mención de la carrera de ¿bibliotecoqué? provoca más de una carcajada, para pasar a la pregunta de: ¿Para eso hay que estudiar?

    Esto nos debe trasladar al ámbito universitario, puesto que toda preparación que se pueda recibir se convierte en recursos financieros y humanos desperdiciados si se preparan a personas que posteriormente no encuentran demanda en la sociedad. Esto puede deberse por diversos factores, o bien porque no existe un vínculo entre la universidad y la empresa o bien vínculo porque la balanza oferta-demanda del mercado está desequilibrada. Ante esta situación, el nuevo documentalista tan sólo le restan realizar dos acciones: Sobrevivir con los contratos en precario que puedan surgir y/o bien prepararse oposiciones.

    Continuará el martes, 10 de agosto

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