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Categoría: Literatura

Bibliotecarios: los nuevos protagonistas

Hasta hace poco, en la cultura española, el mundo de las bibliotecas y las “bibliotecarias”, ya que aquí siempre eran mujeres, ha pasado desapercibido para la sociedad en general y para los escritores en particular. Al parecer, la sociedad española visitaba tan poco las bibliotecas que ninguna trama interesante podía desarrollarse en ellas y, si pasaba, no importaría a nadie. Ahora mismo sólo recuerdo una historia protagonizada por bibliotecarios en una novela española, uno de los relatos que componen la novela de Quim Monzó El porqué de las cosas, que describía la relación amorosa de una bibliotecaria y su compañero.

En la cultura anglosajona, en cambio, la biblioteca sí que ha sido telón de fondo de múltiples historias en novelas y películas. Por poner sólo un par de ejemplos, las historias que mi compañero Marcos ha comentado en este mismo blog, la película Indiana Jones y la última cruzada y un relato de Stephen King.

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«El policía de la Biblioteca», extracto

Bibliotecaria

[…] Desde que vivía en Junction City, Sam había pasado frente a la Biblioteca cientos de veces, pero ésta era la primera que la miraba de verdad, y al hacerlo descubrió una cosa sorprendente: odiaba el lugar a primera vista.

La Biblioteca Pública de Junction City estaba en la esquina de la calle State y la avenida Miller, y era una caja cuadrada de granito con ventanas tan estrechas que parecían troneras. Un tejado de pizarra sobresalía por los cuatro lados del edificio, y cuando uno se aproximaba desde el frente, la combinación de las ventas estrechas y la línea de sombra creada pro el tejado, hacía que el edificio pareciera la cara ceñuda de un robot de piedra.

Era un estilo bastante común en la arquitectura de Iowa, lo bastante común para que Sam Peebles, que hacía casi veinte años que vendía propiedades, la hubiera puesto un nombre: Fealdad del Medio Oeste. Durante la primavera, el verano y el otoño, el aspecto imponente del edificio quedaba suavizado por los arces que lo rodeaban formando una especie de bosquecillo, pero ahora, al final de un duro invierno, los arces estaban desnudo y la Biblioteca parecía una cripta gigantesca. […]

Si alguien quiere más…

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«El policía de la Biblioteca», terror bibliotecario de la mano de Stephen King

En realidad, me encontré este relato, o puede que novela corta, de casualidad; rebuscando mis libros en busca de otra historia de similares características que se desarrollaba dentro de una biblioteca. Claro que no siempre se encuentra lo que uno busca, pero siempre se pueden hallar cosas interesantes sin que uno se lo llegue a plantear. Así pues, me encontré de sopetón con una historia que a buen seguro interesará a mis compañeros de profesión. Ahora podemos añadir un elemento más a nuestra mala fama, y es que si no devuelves los materiales que te llevaste prestados de la biblioteca alguien irá a buscarlos por las buenas o por las malas. En este caso por las malas me temo.

Lo que os adjunto es uno de los comentarios que Stephen King da en su libro Después de medianoche, de donde está extractado este texto. Se trata de un pequeño prólogo que muestra de dónde le surgen las ideas para ponerse a escribir, concretamente, este relato. No creo que sea una historia recomendable, desde un punto de vista literario, puesto que yo ni lo recordaba; sin embargo, como anécdota, puede pasar.

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La muerte de los libros ¿o la del pensamiento?

Mirando noticias sobre el mundo de las bibliotecas y la documentación, he encontrado una sobre la publicación en México del libro «Historia universal de la destrucción de los libros» de Fernando Báez, y que fue editado en España recientemente, como ya se informó en El Documentalista Enredado.

La noticia comienza con la siguiente reflexión:

De las formas diversas que puede adoptar la muerte, la destrucción de los libros es una de las más constantes en la historia universal.

Y justo hoy, he terminado de releer por enésima vez una de mis novelas favoritas, «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury. En ella se refleja un sobrio futuro, donde los bomberos, en vez de apagar fuegos, los provocan para quemar libros, porque en ese país está prohibido leer, porque leer obliga a pensar, porque leer impide ser ingenuamente feliz…

Al ver esta noticia sobre la destrucción de libros a lo largo de la historia, como la “puntilla” para la completa aniquilación de un pueblo, de su memoria, de su pensamiento, de su cultura…, veo que, tristemente, la novela de Ray Bradbury, a pesar de ser de ciencia-ficción, tiene menos de ficción de lo que me gustaría.

En ella, Ray Bradbury refleja la importancia de los libros, su fuerza… Y yo no puedo expresar tan bien como él por qué son temidos, por qué se destruyen…, por lo que permitidme utilizar sus palabras para expresar algunas de las ideas que han pasado por mi cabeza al leer esta noticia y que Bradbury puso en boca de sus personajes:

¿Sabe por qué los libros como éste son tan importantes? Porque tienen calidad. Y, ¿qué significa la palabra calidad? Para mí significa textura. Este libro tiene poros, tiene facciones. Este libro puede colocarse bajo el microscopio. A través de la lente, encontraría vida, huellas del pasado en infinita profusión. Cuantos más poros, más detalles de la vida verídicamente registrados puede obtener de cada hoja de papel, cuanto más “literario” se sea. En todo caso, esa es mi definición. […] ¿Se da cuenta, ahora, de por qué los libros son odiados y temidos? Muestran los poros del rostro de la vida. La gente comodona sólo desea caras de luna llena, sin poros, sin pelo, inexpresivas.

Faber, profesor

A la gente de color no le gusta El pequeño Sambo. A quemarlo. La gente blanca se siente incómoda con La cabaña del tío Tom. A quemarlo. ¿Alguien escribe un libro sobre el tabaco y el cáncer de pulmón? ¿Los fabricantes de tabaco se lamentan? A quemar el libro. […] Quemémoslo todo, absolutamente todo. El fuego es brillante y limpio.

Beatty, capitán de bomberos

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«El Último Catón», una novela documentada

Lo primero es reconocer que puedo ser uno de los pocos lectores compulsivos que no haya leído todavía El Código Da Vinci de Dan Brown. Uno de los bombazos editoriales de este año. La verdad es que adquirí la novela, aunque no para mí, sino para mi hermana que no salía de la imaginería de Harry Potter y Tolkien haciendo un bucle que yo no llegaba a entender. Así pues, buscando que al menos refrescase sus lecturas compré el libro en julio para que leyese las 600 páginas que lo componen. Simplemente, lo devoró. Posteriormente, otra de mis hermanas, después de acabar sus viajes por media España, regresó a casa en Agosto y como entre sus pobres estanterías no hallaba nada de su interés, procedió a leerse el Código dos veces seguidas produciéndole, para qué negarlo, una total incredulidad. Pero, ¿será verdad lo que cuenta? Preguntaba completamente sorprendida.

Y aunque estamos en octubre y todavía no haya comenzado a leer el segundo libro de Dan Brown, el primero, Ángeles y Demonios, lo acaban de editar en España; tampoco tengo excesiva prisa. Parece que ha surgido un interés notorio en la sociedad sobre las sociedades secretas antiguas que se prolongan hasta hoy en día y tras el Código Da Vinci se han publicado varias obras paralelas para desentrañar los secretos del libro, para refutarlos, para ridiculizar sus errores o simplemente a rebufo del éxito, la publicación de obras similares y afines. Claro, que en el país galo, este éxito aumentará las visitas al Louvre y otros lugares de París. Sinceramente, el Código da Vinci es una novela y el autor puede deformar la realidad para tratar de ajustarla dentro de una trama que es ficción, persiguiendo tener un impacto mayor sobre el lector.

Así pues, dejando el best-seller americano a un lado, me he dispuesto después de terminar Berlín, la caída de Anthony Beevor, a leer El Último Catón de Matilde Asensi. Ayer lo comencé a leer y hoy estoy escribiendo un post. Pero ¿no se merece un apunte en este blog lo siguiente?:

«En segundo lugar a José Miguel Baeza por su inestimable auxilio en las traducciones de griego y latín y por ser el mejor documentalista del mundo: es capaz de encontrar el dato más extraño en el libro más extraño.»

Aunque es probable que nadie se lea los apartados de agradecimientos de los libros, al menos, un documentalista ha recibido una definición por parte de una periodista: «es capaz de encontrar el dato más extraño en el libro más extraño». Además, os aseguro que el libro promete. Cuando lo acabe, ya hablaremos.

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El bibliotecario detective

Normalmente, en todos los libros y películas, los bibliotecari@s son unos personajes secundarios sin vida propia, generalmente amargados, frustrados o solitarios. Incluso se puede dar el caso de que lo sean todo a la vez. Sin embargo, en esta ocasión es el bibliotecario el que se sitúa como protagonista del relato El último lector y nos resultará interesante saber como lo representa David Toscana, el autor. Podremos comprobar si finalmente recae en los tópicos o consigue desembarazarse de ellos.

Si alguien se hace con el libro, que nos comente cómo fue su experiencia. De momento, recogemos la noticia.

El último lector, nuevo libro de David Toscana

Esta historia inicia en Icamole, un lugar al norte del país, ahí donde el agua y la esperanza han sido negadas a sus habitantes, excepto a Lucio, el bibliotecario del pueblo quien en medio del desierto vive batallas campales, romances prohibidos e historias prosperas con tan sólo cambiar de página.

Así transcurren días, semanas y años, hasta que el anuncio de la desaparición de una niña modifica la pasividad de Icamole y da rienda suelta a todas las vivencias adquiridas en los libros, al encontrarse en ellos las respuestas. De la pluma de David Toscana llega El último lector, libro que intenta rebasar los límites de la lectura.

“Se pierde esta línea entre realidad y ficción, que malamente llamamos a lo que está puesto en las novelas, que tiene que ver con lo que está en la realidad o que incluso podemos decir es otra realidad”, expresó el escritor. Un libro que de acuerdo a David Toscana cuestiona el consumo de la literatura, ya que para él una mala o buena lectura puede cambiar el alma.

“Un buen libro hace que una vez que lo cerramos y salimos a la calle a esa realidad, la vamos a ver de modo diferente”, dijo Toscana.

Visión que será transmitida por los personajes que transita entre largos viajes en tren, el rostro de una niña llamada Babbette y el aroma a tierra mojada.

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La bibliotecaria de Hogwarts

[…]

Bajaron la voz al entrar en la envolvente quietud de la biblioteca.
La señora Pince, la bibliotecaria, era una mujer delgada e irascible que parecía un buitre mal alimentado.

– ¿Moste Potente Potions? – repitió recelosa, tratando de coger la nota de Hermione. Pero Hermione no la soltaba.
– Desearía poder guardarla – dijo la chica, aguantando la respiración.
– Venga – dijo Ron, arrancándole la nota y entregándola a la señora Pince -. Te conseguiremos otro autógrafo. Lockhart firmará cualquier cosa que se esté quieta el tiempo suficiente.

La señora Pince levantó el papel a la luz, como dispuesta a detectar una posible falsificación, pero la nota pasó la prueba. Caminó orgullosamente por entre las elevadas estanterías y regresó unos minutos después llevando con ella un libro grande de aspecto mohoso. Hermione se lo metió en la bolsa con mucho cuidado, e intentó no caminar demasiado rápido ni parecer demasiado culpable.

[…]

ROWLING, J.K. Harry Potter y la Cámara Secreta. Barcelona: Salamandra, 2000. Pág. 144

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