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Categoría: Visto/Leído

La biblioteca personal de Hannibal Lecter

El doctor Hannibal Lecter, Hannibal el Caníbal, es uno de los personajes más fascinantes que ha dado la cultura norteamericana recientemente. Clasificado como el villano más grande de todas las películas de Hollywood por el American Film Institute, no nació en ese medio, sino en novela. Thomas Harris lo presentó en “El Dragón Rojo (1981)” describiéndole como un asesino ya convicto que colaboraba con la policía, mientras daba un paseo atado por el patio interior del Hospital Psiquiátrico de Baltimore o en su celda. Sin embargo, no sería hasta “El Silencio de los Corderos” (novela y película), cuando Lecter alcanzaría su mayor popularidad y lo que le haría merecedor de películas y libros de continuación de diversa fortuna.

Recientemente, se acaba de emitir en EEUU la serie de TV “Hannibal” donde se nos muestra el inicio de la colaboración de Lecter con Jack Crawdford y el agente especial del FBI Will Graham y que finalizaría su detención y su reclusión. El doctor Lecter es un personaje cultivado, amante de la pintura, de la música y de la lectura como ya mostraría en la película “Hannibal” al convertirse en el responsable de la biblioteca Capponi. En la serie, sigue disponiendo de ese refinamiento, aunque en esta ocasión se nos amplía un poco más psique, mostrándonos sus artes culinarias y los platos que cocina especialmente a sus invitados. En esta ocasión, el personaje está mucho más contenido y frío en su forma de comportarse, aunque muestra pequeños destellos de lo que es realmente.

En la serie, se nos muestra a un Lecter que todavía ejerce, que recibe a sus pacientes en su consulta que se sitúa en un amplio e impresionante despacho donde podemos encontrar una biblioteca a la que se accede mediante una escalera y que rodea casi toda la habitación.

Biblioteca de Hannibal nº 2

Biblioteca de Hannibal nº 3

Biblioteca de Hannibal nº 1

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Google vs. Documentalistas

[…] Y, sin embargo, los periódicos y las grandes empresas de medios siguen preparando los mismos tipos de productos, de la misma forma. La única variación es que aprovechan Internet y sus fenómenos relacionados para recortar los costes de hacer lo mismo. Así, se reducen las caras corresponsalías en el extranjero para reemplazarlas por agencias de noticias y la lectura de periódicos y páginas web del país que se desea cubrir. Las suscripciones a agencias se reducen, y desciende la inversión en departamentos de documentación, reemplazados por búsquedas en Google. Los correctores son eliminados, sustituyéndolos por sistemas automáticos de ortografía; los redactores jefes y periodistas veteranos son eliminados, y su lugar es ocupado por jóvenes animosos, pero sin experiencia y mucho más baratos. El objetivo es recortar al máximo los costes de hacer el mismo producto que se ha hecho siempre: un periódico con las secciones típicas y compuesto de noticias. […]

CERVERA, Jose. Desindustrializar la prensa: una propuesta de supervivencia para los medios del próximo siglo. En: Perogrullo, 8 de junio de 2012 [On-line]

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Bibliotecas, esos cementerios de libros olvidados

En el libro de ficción “La sombra del viento” de Carlos Ruiz Zafón se describía un cementerio de libros olvidados que por su fuerza poética encandiló a todos los lectores de la novela. Sin embargo, a veces, nos olvidamos que la realidad supera la ficción y los cementerios de libros olvidados o que quieren ser olvidados por sus autores son, en realidad, las propias bibliotecas.

En el texto “El libro que Martin Amis no quiere que leas” se nos muestra uno de estos ejemplos que rescatamos aquí.

¿Quién no ha renegado alguna vez de su pasado? Martin Amis era joven -estaba en la treintena-, le gustaban los videojuegos y, probablemente, no le venían nada mal unos ingresos extras mientras terminaba Dinero, por eso escribió Invasion of the Space Invaders: An Addict’s Guide to Battle Tactics, Big Scores and the Best Machines, cuyo prólogo firma Steven Spielberg. Al parecer, el británico siempre ha sido reacio a hablar de esta obsesión de juventud por los videojuegos y el libro estaba descatalogado. Había rumores de su existencia pero, por lo demás, caso cerrado. Hasta ahora. El periodista Mark O’Connell descubrió un ejemplar en una biblioteca de Dublín y no ha escatimado en páginas escaneadas […] para a) despejar de una vez por todas las dudas de la existencia del libro y b) argumentar que en esa obra de juventud se pueden encontrar las claves para entender las posteriores novelas del autor de Campos de Londres. El desenlace da para varias moralejas y un desacierto: a Amis le falló el olfato cuando predijo que los días de Donkey Kong, el primer gran éxito de Shigeru Miyamoto, «tenía los días contados».

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¿Quién saquearía una librería?

Leo en P2, un estupendo panfletillo promocional que saca la editorial Turner, que las librerías fueron las únicas tiendas que se salvaron de los saqueos en las revueltas de Londres. Me gustaría creer que es una muestra de la consideración que la sociedad tiene por la cultura, un poco como si las librerías participaran de ese respeto antiguo y casi sagrado que han gozado las grandes bibliotecas de la Historia, centros neurálgicos del pensamiento del mundo. Y aquí podemos citar la biblioteca de Pérgamo, el Serapeo o la gran biblioteca de Alejandría, y entre unas cosas y otras el párrafo nos queda la mar de apañado.

Lo malo es que esta explicación resulta muy poco creíble. Me temo que, si no saquearon las librerías, fue porque los libros son los únicos bienes de consumo que realmente no constituyen un objeto de deseo popular. Para qué nos vamos a engañar: de todos es sabido que nadie se molesta en robar un libro. O sea, sí los roban de los anaqueles de las librerías, yo creo que más por cleptomanía y por divertimento que por otra cosa; pero, fuera de ahí, no se los lleva nadie. Tú puedes dejar un coche lleno de libros a la vista, en la barriada más peligrosa y debajo de una farola sin luz, y cuando regreses a la mañana siguiente, las ventanillas de todos los coches adyacentes estarán reventadas por los rateros, pero las tuyas no. Vamos, que yo creo que dejar diseminados puñados de libros por el asiento posterior de un vehículo puede ser incluso un estupendo sistema antirrobos. […]

MONTERO, Rosa. Haciendo amigos entre los internautas. En: El País Semanal, domingo 5 de febrero de 2012 [On-line] URL: http://www.elpais.com/articulo/portada/Haciendo/amigos/internautas/elpepusoceps/20120205elpepspor_16/Tes [Última visita: 7 de febrero de 2012]

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Las normas UNE aplicables en Biblioteconomía

A través de Belén Pons, llego a este simpático gráfico referente a las Normas UNE de aplicación dentro del ámbito bibliotecario en España. Haced clic para ampliar.

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BIBILIOTECA. UNE. La Revista de Aenor. Noviembre 2011. pp. 58-59

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