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El Documentalista Enredado Entradas

Qué pena de los libros… Poemas por los libros (y 6)

¡Qué pena de los libros
que nos llenan las manos
de rosas y de estrellas
y lentamente pasan!

Federico García Lorca

Nosotros
los poetas
caminantes
exploramos
el mundo,
participamos
en la lucha terrestre.
¿Cuál fue nuestra victoria?
Un libro,
sin soledad,
con hombres y herramientas,
es la victoria.

Pablo Neruda

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Asesinatos en la abadía por un libro

Habiendo llegado al final de mi vida de pobre pecador, con el pelo ya canoso, me dispongo a dejar constancia sobre este pergamino de los hechos asombrosos y terribles que me fue dado presenciar en mi juventud hacia finales del año del Señor de 1327.

Que Dios me conceda sabiduría y gracia para ser fiel narrador de los sucesos que tuvieron lugar en una remota abadía en el recóndito norte de Italia. Una abadía cuyo nombre parece más prudente y piadoso omitir.

Adso de Melk

Al inicio de la película El nombre de la rosa, el monje franciscano Adso de Melk se dispone a relatarnos los hechos acaecidos en una desconocida abadía benedictina con una introducción calmada y misteriosa. La imagen pasa del negro a un fundido mostrándonos unos parajes secos y aparentemente baldíos que la rodean aportando un punto de soledad y abandono muy inquietantes.

Debo de señalar, antes de proseguir, que, en este texto, me voy a ceñir a lo que es estrictamente la película El nombre de la rosa rodada en 1986 por Jean-Jacques Annaud y que desde luego no desmerece la sorprendente novela de Umberto Eco sobre la que se basa. Como ya sabéis, en este blog, hemos recogido ya varios textos dedicados a la novela que tratan de acercarnos a su historia y su significado, una historia que a veces esconde lo que realmente quiere transmitir. Esta vez no vamos a entrar en disertaciones sobre los distintos misterios que la rodean, para ello, tenéis a vuestra disposición los textos: ¿Mentiras en ‘El nombre de la rosa’?, ‘El Nombre de la Rosa’ y su título bien valen un libro y Naturalmente, ‘El nombre de la rosa’, así que sólo abordaremos la trama.

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La información y las bibliotecas en la cultura de masas

Uno de los aspectos que más me gusta desarrollar dentro de El Documentalista Enredado es la tarea de ir recopilando poco a poco algunos retazos de cómo se abordan las tareas de los profesionales de la información  través de los distintos medios de comunicación y la cultura de masas. Así, por ejemplo, tenemos nuestra sección de Bibliohumor en la que vamos recogiendo lentamente algunos chistes gráficos relacionados con el mundo del libro y las bibliotecas, pero es que además, al no tener suficiente con eso, en nuestras secciones de Literatura y Cine, vamos agregando algunos textos o secuencias en las que los bibliotecarios/archiveros y/o sus respectivos centros de información tienen un papel relevante. Sí, obviamente sería como mantener una pequeña sección de la Imagen Social del Bibliotecario, pero sin llegar a convertir a esta bitácora en monotemática, puesto que este sitio web trata de abarcar además otros muchos aspectos que nos tocan de cerca como profesionales.

Hoy, quiero hacer referencia al libro que nos sirve de baluarte a la hora de mantener vivas estas secciones y que nos sirvió (sirve) de inspiración para seguir añadiendo contenidos. Se trata del libro La información y las bibliotecas en la cultura de masas [ISBN: 84-482-2952-5], editado por la Biblioteca Valenciana, en la que comparten textos José A. Gómez Hernández, Plácido Guardiola Jiménez, Manuel Hernández Pedreño y Tomás Saorín Pérez. Por supuesto que este libro va más allá de la tarea que hemos podido desarrollar dentro de esta bitácora, ya que nosotros tan sólo contamos los encuentros accidentales con este tipo de materiales, sino que también abarca el tratamiento que las bibliotecas han tenido en otros medios de comunicación como la publicidad o la prensa impresa y la digital. Por otro lado, hay que señalar que este documento llega a terrenos donde nosotros no nos atrevemos ni a cruzar que es recopilar estos tratamientos, realizar su análisis y tratar de ofrecer conclusiones.

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Bibliofagia, comiendo libros

Antes de comenzar, tal vez deberíamos hacer una diferenciación clara para que no nos equivoquemos. Vaya por delante que bibliófagos hay muchos y de distintas categorías, no importa mucho si devoran a Eric Hobsbawm o a Orson Scott Card por poner dos extremos, son personas que simplemente tienen un libro entre manos y lo devoran sin miramientos. Son insaciables, uno detrás de otro, sin importar la cantidad ni cuántos han consumido anteriormente, sin considerar si deberían darse un respiro para tratar de asimilar todo lo anterior o simplemente descansar la mente.

Pero la bibliofagia bien entendida, esa que significa literalmente comer papel en forma de libro, es bastante infrecuente, incluso en la literatura. Seguramente, todo puede deberse a que el papel, compuesto de celulosa, no puede ser digerido por los seres humanos, como entra sale, además de secar la lengua y dejar un sabor un tanto peculiar que hasta el momento el papel tiene.

Sin embargo, la bibliofagia, aunque escasa en la literatura, puede ser recogida como un elemento destructor o para la adquisición del conocimiento. En el primer extremo, nos encontraríamos con un personaje de ficción que decide destruir un libro aunque suponga su muerte inmediata. Estamos hablando del venerable hermano Jorge de Burgos que aparece en el libro El Nombre de la Rosa y en el que decide ingerir el libro supuestamente perdido, además de envenenado, “La Estética” de Aristóteles para que su conocimiento no se propague más allá de la biblioteca de la abadía.

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Todos los libros del mundo… Poemas por los libros (5)

Todos los libros del mundo
no te dan felicidad
pero te conducen en secreto
hacia ti mismo.
Allí encuentras todo lo que necesitas,
el sol, las estrellas y la luna
pues la luz que tú buscas
habita en ti mismo.
La sabiduría que buscaste
en las librerías
reluce en cada página…
Y ahora es tuya.

Herman Hesse

POEMA DE LOS DONES

Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
A unos ojos sin luz, que sólo pueden
Leer en las bibliotecas de los sueños
Los insensatos párrafos que ceden

Las albas a su afán. En vano el día
Les prodiga sus libros infinitos,
Arduos como los arduos manuscritos
Que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
Muere un rey entre fuentes y jardines;
Yo fatigo sin rumbo los confines
De esa alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
Y el Occidente, siglos, dinastías,
Símbolos, cosmos y cosmogonías
Brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
Exploro con el báculo indeciso,
Yo, que me figuraba el Paraíso
Bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
Con la palabra azar, rige estas cosas;
Otro ya recibió en otras borrosas
Tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
Suelo sentir con vago horror sagrado
Que soy el otro, el muerto, que habrá dado
Los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
De un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
Mundo que se deforma y que se apaga
En una pálida ceniza vaga
Que se parece al sueño y al olvido.

Jorge Luis Borges

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¿El fin de los bibliotecarios?

Los foros de los profesionales de la información echan humo tras las declaraciones de Isabel Aguilera, directora de Google Ibérica, tras realizar la afirmación de que “nadie tendrá la necesidad de desplazarse a ellas (las bibliotecas) cuando las tenga en su ordenador”. Paso seguido sustenta esa afirmación señalando que el 10% de la información (imágenes, vídeos, libros, mapas, documentos, cuadernos de bitácoras, etc.) que se genera en el mundo se encuentra actualmente alojada en la Red y es previsible que esta cifra aumente a lo largo del tiempo.

Y no es sólo que las empresas y los particulares estén comenzando a volcar sus contenidos en la Red, es que Google está dispuesta a crear su propia biblioteca bajo el nombre de Google Books Search. Este proyecto de la empresa californiana tiene como finalidad la creación de una inmensa base de datos en la que figurarán desde incunables a libros con derechos de autor ya extinguidos. La previsión de Google pasa por escanear completamente el contenido de un total de 15 millones de títulos. Hoy en día, podemos prever lo que nos deparará el futuro cuando esta basa biblioteca esté disponible, ya que el buscador ha habilitado su pequeña biblioteca particular sobre William Shakespeare.  Aquí, además de visualiar gratuitamente las obras del dramaturgo inglés, por ejemplo The Dramatic Works of William Shakespeare, podemos adquirir las obras que nos resulten de interés en alguna de las tiendas electrónicas que Google dispone. Sin embargo, a este macroproyecto problemas no le han faltado desde que se hizo público.

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Megapoderes y micropotencias

[…] Este mismo modelo, el de las pequeñas micropotencias que están logrando hacer frente al dominio de los megapoderes tradicionales, se ve también en otro mercado mucho más intelectual, el de las enciclopedias. La fuente de información más antigua y respetada del mundo, The Encyclopaedia Britannica, ve su supervivencia amenazada por extraños recién llegados. Una de esas novedades, Wikipedia, que no tiene más que cinco años de edad, ya es 12 veces más extensa que la Britannica, cuya primera edición se publicó en 1768. Wikipedia es gratis, sólo existe en la Red, se puede leer en 229 idiomas y se amplía a diario gracias a la labor de voluntarios no remunerados. Un reciente estudio publicado en la revista Nature reveló que, a pesar de ser mucho más voluminosa, Wikipedia tenía 162 errores, frente a 123 de la Britannica.

La Britannica, por supuesto, no es la única empresa cuya supervivencia está amenazada por nuevos rivales que nadie podía imaginar. The New York Times, fundado en 1851, considera a Google, creado hace ocho años, como uno de sus competidores más serios. Todas las grandes compañías se sienten amenazadas y la tendencia se está acelerando. […]

La proliferación de nuevos micropoderes capaces de restringir la autonomía de sus gigantescos rivales tradicionales es una tendencia en aumento en todo el mundo. Estados Unidos se enfrenta a la coacción de los terroristas islámicos. Los bancos centrales viven bajo la amenaza de los fondos de protección. Existen grandes franjas de territorio, importantes organismos oficiales o actividades empresariales entre las más lucrativas de cada país, que se encuentran en manos de organizaciones criminales pertenecientes a redes mundiales imposibles de controlar. Grandes compañías de medios de comunicación sufren el acoso, el ridículo y, a veces, la paralización, debido a las anotaciones diarias de 40 millones de personas que escriben blogs. […]

Extraído de: NAIN, Moisés. Megapoderes y micropotencias. En: Diario El País. Lunes, 12 de junio de 2006. Pág. 19, Madrid

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