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El Documentalista Enredado Entradas

Y ahora algo completamente diferente…

And Now for Something Completely Different
Monty Python’s Flying Circus

Estoy convencido que este año 2009, año temido por los economistas, estadistas y gente de apié en general, nos va a deparar muchas sorpresas. Por el momento, desde mi punto de vista de bloguer, comienzo el año con la cabeza completamente vacía, sin nada en el tintero para escribir, aunque si bien en otro momento hubiese supuesto pánico y frustración, en esta ocasión lo veo como algo positivo, territorio inexplorado que vamos a ir descubriendo poco a poco sin prisas pero sin pausas, sin tiempo quizá para recrearnos en el camino.

Pero no me cabe la menor duda que, este año sí, comprobaremos si podemos dar a la Biblioblogosfera por finiquitada, como fue entendida en un principio, tras más de un lustro de actividad, mientras otros elementos de la Web 2.0 ocupaban su espacio. Pero hay que tener presente que la Web 2.0, o al menos algunos de sus proyectos, también pueden fracasar sin remedio, así como ejemplo podremos analizar si los Wikis en Biblioteconomía y Documentación funcionan o son proyectos condenados a languidecer a lo largo del tiempo. Pero, también podremos comprobar si otros proyectos más maduros, como Documenea, tendrán su consolidación durante este 2009.

Es éste el año en el que nos planteamos seriamente la verdadera utilidad de las Redes Sociales, no importa cuál abordemos Facebook o Tuenti, aunque también tendremos ocasión de experimentar con sus posibilidades o, al menos, tratar de expandir la experiencia de nuestros sitios web entorno a nuestras amistades y lectores. Sin embargo, es en esta época de crisis donde se va a comprobar realmente el valor de realizar este networking digital y si realmente funciona a la hora de buscar trabajo o partners para proyectos.

No hace falta resaltar que en época de estrecheces no le podremos quitar el ojo a Google, el Gran Hermano del siglo XXI, donde comprobará cómo su situación de dominio y el desarrollo de sus negocios dentro y fuera de la Red le dejan en una posición cada vez más comprometida cara a la Sociedad, los medios de comunicación, los editores e incluso los gobiernos ante su creciente poderío.

También es posible que asistamos al asalto definitivo hacia la transición al libro digital, tratando de acabar con el soporte papel, algo que algunas revistas y publicaciones oficiales ya realizan, aunque claro siempre habrá inmigrantes digitales que disfruten visitando de vez en cuando una librería, echando un ojo dentro de ella, en la búsqueda de ese libro perdido que aguarda la oportunidad de ser encontrado.

En fin, y ahora algo completamente diferente…

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Números 2008

Un año más, os ofrecemos algunos datos de lo acontecido en este blog durante el año 2008 – También podéis consultar los datos de 2005, 2006 y 2007-. Como hecho más remarcable, podemos deciros que en 2007 Google nos penalizó rebajándonos el Pagerank a 4, lo que supuso una bajada muy significativa de las visitas durante la última media parte del año, pero este año hemos sido, por así decirlo, rehabilitados ascendiendo en un primer momento a 5 hasta alcanzar el 6 que es la situación en la que nos hallamos actualmente.

Además, este año, al fin, podemos establecer una comparativa fiable puesto que el sistema de medición de nuestros visitantes se ha mantenido estable utilizando Google Analytics para el tráfico en la web, mientras que para la sindicación de contenidos hemos utilizado Feedburner. Sin más dilación, os dejamos con nuestras gráficas.

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Otra vez, la Larga Cola (Long Tail) cuestionada

Chris Anderson, editor de la revista Wired, proponía en su libro La economía Long Tail un nuevo modelo económico según el cual gracias a la Web y a las nuevas tecnologías la distribución comercial se estaba alargando, pudiendo ser representada en un gráfico denominado la Larga Cola, fundamentado sobre la accesibilidad por distintos puntos a un catálogo comercial y a la recomendación de productos por los gustos del cliente. De esta manera, la Red y las nuevas tecnologías desarrolladas a partir de ella fomentaban y catalizaban la creación de nichos de mercado específicos, además del mainstream, de tal manera que cualquier producto, fuese el que fuese, encontraría su comprador dentro del universo de la Web.

Hay que señalar que no es la primera vez que esta teoría trata de ser rebatida, puesto que al comienzo de su difusión y planteamiento ya recibió algunos reproches, sin embargo es una de las primeras en la que se ofrecen datos en su intento de ser discutida. The Times y The Registrer recogían el estudio de Will Page y Andrew Bud en el que analizan el número de ventas por canciones y álbumes de la música digital durante el año 2007 y concluyen que de 10 millones sobre un total de 13 millones no encontraron comprador, que 52.000 de estas canciones obtuvieron el 80% de las ventas, mientras que de 1,23 millones de álbumes disponibles tan sólo se vendieron 173.000. Hay que indicar que la crítica proviene de una institución MCPS-PRS Alliance (Mechanical Copyright Protection Society and the Performing Right Society) dedicada a la defensa de los derechos de autor, por lo que obviamente dispondrá de sus retractores.

En cualquier caso, para los autores del estudio, los datos les conducen a reconsiderar toda la teoría y centrarse en la revisión de los viejos modelos ya establecidos, principalmente en el teorizado por Robert Goodell Brown en 1956 sobre la distribución de las ventas (Statistical Forecasting For Inventory Control), y ante ellos tratan de remarcar que al final: Los nuevos teóricos se encontrarán con las viejas reglas.

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Las lectoras de Edward Hopper

Hace unos días, Marcos recordaba una de nuestras aficiones favoritas y que, lamentablemente, estabamos descuidando: mostrar como el mundo de los libros, las bibliotecas y los bibliotecarios quedaba reflejado en el cine. Otro tanto hemos hecho en ocasiones en la literatura o en el comic, principalmente en la sección bibliohumor, y más de una vez nos hemos planteado ver también cómo se refleja nuestro mundo bibliófilo en el arte.

Como cada nuevo año, todos empezamos con buenos y nuevos propósitos que raramente llevamos a buen puerto; pero quizá, mostrar como la lectura y los libros han inspirado a grandes pintores, no sea una meta tan inalcanzable. Y para empezar con buen pie, he escogido a uno de mis pintores favoritos del pasado siglo, Edward Hopper.

Cuando Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 – Nueva York, 15 de mayo de 1967) pinta en sus cuadros la América que conoció: las grandes ciudades, las pequeñas ciudades provincianas, los campos cortados por postes de telégrafos y vías de tren, los faros frente a mares que no podemos vislumbrar; éstos reflejan una soledad que golpea con su crudeza la mirada del espectador.

Los escasos personajes que aparecen en sus cuadros habitan en su propio mundo solitario, mudos, aislados, sin comunicarse entre ellos; pero las múltiples lectoras que pueblan sus cuadros no me dan la sensacion de que su soledad sea tan terrible, ya que su mundo interior se expande con la lectura de un libro en la privacidad de su habitación, una revista en un largo viaje, un periódico mientras descansan en su lugar de trabajo o, incluso, un folleto publicitario o el programa de una obra de teatro mientras espera que comience la representación.

A pesar de la impersonalidad de una habitación de hotel, de rodearse de extraños en su vestíbulo, o de lo efímero de un viaje en tren, sus lecturas las acompañan y las enriquecen ampliando su horizonte.

Chair Car (1965)
Chair Car (1965)
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Como todo nuevo año, nuestras mejores intenciones: Leer

Como viene siendo ya tradición en este pequeño blog, deseamos nuestros mejores deseos para nuestros lectores en este nuevo año con una tira cómica. Y como el año pasado, saludamos a este 2009 con uno de nuestros humoristas gráficos preferidos, Forges.

Mucha suerte y mucha felicidad para los próximos 365 días que nos vienen.

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El caos ‘Facebook’

Según me voy adentrando dentro del universo Facebook, más me parece un caos completo, relleno de notas lanzadas al azar sin ton ni son, de fotografías de personas que no conozco, mientras que me encuentro con otras cosas que no debería hallar o que me localizan sin que yo lo haya deseado.

Porque no podemos sustraernos a ser cazados dentro de esta Red Social, condenados a descubrirnos en nuestros deslices, por los errores de otros o, más torpemente, de los nuestros. Hay personas que huyen de añadir a su Facebook a sus hermanos o hermanas, como si ese acto consciente evitase lo inevitable, que agregando a sus primos o amigos comunes, tiendan un puente para que el hermano negado descubra la atareada vida social que su hermano trata de ocultar.

Y qué decir de aquel conocido del que no queremos profundizar en su vida, huyendo de él como de la peste ante su antipatía, o los viejos amigos que dejaron de serlo por nuestro azaroso destino y que siguen conectados a nosotros por un pequeño enlace a otro amigo de toda la vida. Por supuesto que un capítulo aparte merecerían nuestras compañeras sentimentales, unidos a nosotros y a nuestras vidas (o viceversa) por el hilo fino de esta web que nos condena a cargar con nuestro pasado como si fuésemos Sísifo, cuando anteriormente «pasar página» era tarea de unos cuentos días sin saber los unos de los otros.

Somos emperadores desnudos, inconscientes en la mayoría de los casos, que ejercemos un lento striptease emocional y personal, haciéndonos fans de actores, series, películas, personajes, músicos, artistas, instituciones, diarios, páginas webs, fenómenos y «fenomenas» a los que invitamos a otros a unirse con la mera publicación en nuestro perfil. Al fin y al cabo, todo es un engaño porque no tiene más valor declararse fan de Supercoco que de Mafalda, de El Padrino, o el más escatológico Tony Montana «Scarface», que de House M.D. Todas nuestras aficiones centralizadas en un mismo sitio web, expuestos quizá al escrutinio y reprobación de nuestros amigos, familiares y conocidos; declarándonos culpables sin quererlo o aparentando justo lo que no somos conscientemente.

Pero Facebook, cual Ariadna, va tejiendo nuestras redes, condenándonos a nuestros comentarios sobre el trabajo y nuestras aficiones, declarándonos «allí estuve yo e hice esto», como si nuestra vida expuesta fuese una necesidad en esta Web 2.0, ya que en la Internet ubicua, la transparencia personal, más allá de la empresarial, fuese más una obligación que una necesidad. Sin embargo, caemos en nuestra propia trampa, impulsados por nuestra necesidad de estar comunicados, unidos en comunidad con nuestras amistades y amigos, sintiéndonos una parte de algo como si nuestro perfil fuese nuestra vida y nuestra actividad dentro de él parte de nuestras relaciones sociales construidas como si un castillo de naipes se tratase, destinados a sucumbir sobre su propio peso.

A pesar de todo, esta Red Social creada por universitarios, construida como un tablón de comunicaciones personal hacia el mundo, también persigue otros fines como es el confundirnos para que utilicemos justo lo que ella desea. Es su fin e idiosincrasia después de todo, la rentabilización de su uso más allá del músculo del tráfico que le generamos y el ofrecerle nuestras vidas a cambio de muy poco. Las aplicaciones acceden a nuestros datos personales,  Facebook se reserva el derecho de uso de nuestras fotografías y vídeos, mientras nosotros lo deseamos tratando de alcanzar Eldorado de una nueva interacción social más expansiva o al menos graciosa. Al mismo tiempo, se nos invita a realizar un test sobre algo, tal vez nuestra inteligencia, y acabamos fuera de esta Red Social rellenando casillas hasta percatarnos que el test estaba en el extrarradio y que nos hemos desplazado a un sitio web que pagó a Facebook para engañarnos.

Sin embargo, los confundidos somos nosotros, expuestos e inocentes; aceptando la corriente de la cual no podemos huir pero en la que tal vez no debiésemos estar. Deconstruyendo nuestras vidas para encajarlas dentro del universo Facebook construido bajo el caos más absoluto que extrae nuestra información para ir completando nuestro perfil siendo ofrecido a técnicos de marketing. Tal vez seamos unos insensatos, ovejas en un rebaño que nos arrastra, para simplemente tratar de sacarnos los cuartos o, al menos, dejarnos comprometidos en un aprieto.

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Las bibliotecas en el cine

Una de las secciones que lamentablemente hemos tenido más olvidadas durante el 2008 que termina dentro de esta bitácora ha correspondido la sección dedicada a las las bibliotecas en el cine. Me sorprende mucho que esto haya sido así teniendo presente que era una de mis preferidas, aunque imagino que el esfuerzo que supone el mantenimiento de esta sección -el visionado de una película completa, más la extracción de un fotograma significativo (si es posible), más la redacción de un texto apropiado- constituya uno de los mayores obstáculos a la hora de su actualización a lo largo del tiempo (Además de otros problemas inherentes al ritmo de publicación de un blog). Sin embargo, los hechos nos indican que durante un año y medio no hemos publicado ninguna anotación, por lo que es de suponer que nuestro interés en la publicación de contenidos específicos ha decaído mucho.

Flaco favor nos hacemos, cuando consideramos presentar, dentro de esta publicación digital, cómo se nos contemplaba dentro de los medios de comunicación de masas a los bibliotecarios y documentalistas, así como al libro, y después nos olvidamos completamente de ello. Sin embargo, y de momento, dentro de nuestra filmoteca particular disponemos de 15 obras que confiamos ir ampliando a partir de 2009. En cualquier caso, hasta este momento, hemos hecho referencia a los títulos:

  1. El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein – 1974)
  2. Carrie (Carrie – 1976)
  3. El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring – 2001)
  4. Tesis (1996)
  5. El día de mañana (The Day After Tomorrow – 2004)
  6. El Nombre de la Rosa (Der Name der Rose – 1996)
  7. Los Cazafantasmas (Ghost Busters – 1984)
  8. Desayuno con Diamantes (Breakfast at Tiffany’s – 1961)
  9. Blade (1998)
  10. Harry Potter y la piedra filosofal (Harry Potter and the Sorcerer’s Stone – 2001)
  11. Hannibal (2001)
  12. Seven (Se7en – 1995)
  13. Un Día en las Carreras (A Day at the Races – 1937)
  14. Star wars: Episodio II – El Ataque de los clones (Star Wars: Episode II – Attack of the Clones – 2002)
  15. Miranda (2002)
  16. Indiana Jones y la Última Cruzada (Indiana Jones and the Last Crusade – 1989)
  17. El tren de Zhou Yu (Zhou Yu de huo che – 2002)
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