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El Documentalista Enredado Entradas

Anuario ThinkEPI 2008 – Análisis y tendencias en información y documentación

El sitio web de ThinkEPI, o más bien su Repositorio, el cual ya criticamos hace un tiempo ante el aparente cierre de sus contenidos, funciona como una especie de blog asíncrono, algo que llama poderosamente la atención, puesto que lo hace al contrario que el resto de la Web. Así, cuando el mundo de la blogosfera se muestra como un lugar para la comunicación tremendamente acelerado y con apenas espacio para la cautela y la reflexión, los profesionales de la información proponen una metodología de la comunicación y de la reflexión que va a contrapié del resto de la Red.

El planteamiento a la hora de crear contenidos también es bastante novedoso respecto a lo que se está haciendo en la blogosfera. En vez de crear una comunidad en torno a un blog, aprovechan una ya creada sobre el eje de una lista de distribución por correo electrónico, Iwetel, para la creación y recolección de opinión. De este modo, un grupo de profesionales e investigadores de la Biblioteconomía y Documentación hispana proponen con cierta cadencia una serie de temas a la comunidad para su ponderación y enriquecimiento. Después de cierto tiempo, y cuando el debate ya ha finalizado, las opiniones vertidas que hayan resultado interesantes o de relevancia pasan a formar parte del repositorio tras su estructuración para su mejor comprensión como testigo de esos debates.

La iniciativa, que esperemos que se prolongue en el tiempo, tuvo su primera recopilación el pasado año (2007) en forma de anuario. Lo cierto es que me sorprendió que se reuniesen en forma de libro aquellas aportaciones, sin embargo, me pareció muy atrayente el hecho que los debates digitales acabasen negro sobre blanco más allá de las pantallas. Por supuesto que este año ThinkEPI nos ofrece una segunda tanda de los debates desarrollados durante el año pasado y, visto lo que tenemos en nuestras manos, podemos afirmar que la propuesta ha madurado.

El Anuario es un digno complemento a una de las publicaciones periódicas más importantes de la Biblioteconomía y Documentación española, El Profesional de la Información. La herencia respecto a la revista es completamente perceptible nada más abrir el tomo de 295 páginas, ya que utiliza su mismo diseño gráfico para abordar de forma más amena, directa y menos academicista temáticas que se encuentran en su punto de ebullición en el momento de su propuesta y que no pueden esperar a repasos bibliográficos y revisiones entre pares para su discusión. Por lo tanto, nos encontremos ante textos mucho más ágiles y enriquecedores, puesto que son los propios profesionales los que contestan, corrigen y puntualizan las consideraciones tanto del autor como de otros comentarios realizados a tenor de lo expuesto. Asimismo, los editores han huido de la pesadez de publicar los documentos tal cual se produjeron (A través del correo electrónico apenas se pueden dar apoyos al texto), añadiendo elementos para reforzar la información que se nos provee y facilitando sobremanera la lectura del mismo.

Además, no contentos en encerrarse en su Repositorio, el equipo ThinkEPI hace un esfuerzo para cubrir otros grupos de discusión presentes en Internet. En esta edición, los editores se han centrado en la lista de distribución Iwetel, anteriormente citada, y el servicio de promoción de noticias social DocuMenea. De este modo, se han recogido, en un impulso loable, aquellas noticias y debates que han causado mayor impacto, extractando y resumiendo lo más destacado de cada una de ellas. Sin embargo, debemos señalar que puede que lo más censurable sea el resumen dedicado a DocuMenea por su completa inconsistencia y la falta de enlaces entre temas, a pesar del hecho de que se tenga el afán de agrupar las noticias temáticamente.

En definitiva, este Anuario nos ofrece una pequeña ventana a las investigaciones que se van a realizar en un futuro cercano dentro de nuestro ámbito profesional, de la forma que lo haría la misma blogosfera, y que se recogerán en publicaciones y libros, aunque se hiciera premonitoriamente y como punto de partida dentro de sus mismas páginas.

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Folksonomías, marcado social y filtrado social de noticias

Sinceramente, espero que los contenidos os resulten de interés.

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«Library 2.0 – A guide to participatory library service» de Michael Casey y Laura Savastinuk

“Es pasado el tiempo en que la biblioteca se parecía a un museo, en que el bibliotecario era una suerte de ratón entre húmedos libros y en que los visitantes miraban con ojos curiosos los antiguos tomos y los manuscritos. Es presente el tiempo en que la biblioteca es una escuela, en que el bibliotecario es en el más alto sentido un maestro y en que el visitante tiene la misma relación con los libros que el trabajador manual tiene con sus herramientas.”

Melvil Dewey (1851-1931)

Aunque la teoría dentro de la Biblioteconomía moderna que los usuarios de un centro de información deben ser considerados como clientes y los servicios que una biblioteca debe desarrollar tienen que estar enfocados siempre hacia ellos, además de tener presente sus necesidades, parece que los bibliotecarios han vivido dentro de una especie de burbuja donde se consideraban nada más ni nada menos que intocables donde lo que siempre se ha hecho es lo que funciona y lo nuevo ya se comprobará a lo largo del tiempo si es útil. La innovación y la apertura de las bibliotecas a la sociedad que sirven es algo que ha tardado mucho en calar dentro del colectivo bibliotecario en general y parece que esto no sólo es patrimonio español, sino que en los países anglosajones el cerrajón de las bibliotecas respecto a la sociedad a la que sirven siempre ha sido legendario.

Por ejemplo, en este mismo sitio recogimos la figura de Daniel Boorstin, un escritor que cuando llegó a la dirección de la Biblioteca del Congreso estadounidense decidió abrirla a la sociedad, y de forma paralela contemplamos a la polémica Rosa Regás como nuestra Daniel Boorstin particular, desarrollando iniciativas para acercar la institución que dirigía hacia la sociedad que la sostiene. Sin embargo, los bibliotecarios han descubierto de repente que aquello que consideraron exclusivamente de su competencia, la difusión de la cultura de una forma libre y gratuita, ha encontrado un competidor imbatible que se muestra de una forma completamente ubicua, pero terriblemente barata: Internet.

No vamos a entrar en el debate sobre la calidad de la información que se pueda ofrecer dentro de esta inmensa fuente de información, el hecho es que está presente, se usa de forma sencilla e intuitiva y la sociedad la va a usar cada vez más pese a quien pese. Así que los bibliotecarios, hasta ahora un tanto remolones respecto a la innovación y que se sentían cómodos con los libros de toda la vida, comienzan a descubrir de forma desagradable que la competencia amenaza sus trabajos. De hecho, hay quien ya ha situado la fecha de la defunción de las bibliotecas en la cercana fecha de 2019. Casey y Savastinuk son conscientes de ello y no dudan en abrir su libro describiendo con toda su crudeza lo que actualmente la bibliotecas están sufriendo:

  • Estamos perdiendo el interés de los usuarios.
  • No estamos ofreciendo los servicios que los usuarios demandan
  • Nos resistimos a cambiar los servicios que consideramos tradicionales o fundamentales para un servicio bibliotecario
  • Ya no nos encontramos en el primer lugar al cual acuden los usuarios cuando buscan información.

De una forma dura y simple, Casey nos advierte que estamos perdiendo clientes a un ritmo acelerado. Repentinamente, nos hallamos en la tesitura de comenzar a escuchar, a acercarnos a los ordenadores (Algo de lo que algunos bibliotecarios no gustan), a comenzar a descubrir buenas prácticas desarrolladas en otros centros de información, a acercarnos a conceptos como el benchmarking y, de una vez por todas, ser abiertos, hablar y escuchar. Entre nosotros, sí, pero también a establecer puentes comunicativos con los usuarios y tratar de atraer su atención para que se muestren dispuestos a desplazarse hasta una biblioteca y usarla. En el libro, tal y como indicábamos hace unos días, blogs, wikis o sindicación de contenidos son aspectos de la Web que se tratan de forma necesaria, porque es donde los internautas están actualmente trabajando ante las campañas de marketing desplegadas, aunque este aspecto se trata de forma tangencial puesto que la esencia de la Biblioteca 2.0 no es la traslación de servicios desarrollados en Internet bajo el sufijo 2.0 y convertirlos en servicios bibliotecarios, sino el cambio continuo.

Lo que en este libro se nos propone es, primero, convencernos de que la sociedad está cambiando de una forma completamente acelerada y que los profesionales de la información no hemos sido capaces de movernos con ella y, segundo, ante esto nos ofrece una metodología para adentrarnos en el cambio continuo, en la formación continua y en la conversación abierta mediante la implantación de equipos que tratarían de proponer, desarrollar, evaluar y mantener nuevos servicios y nuevos productos dentro de una sociedad cambiante.

Library 2.0 nos ofrece el panorama que hasta ahora no habíamos contemplado, donde súbitamente, los procesos tan cacareados para sobrevivir dentro de la globalización dentro del ámbito empresarial que ser aplicados obligatoriamente dentro de las bilbiotecas. Conceptos que, desde los años 80, se están desarrollando dentro de este marco y que los bibliotecarios deben comenzar a aprehenderlos más que obcecarse en la catalogación o la clasificación. El fin y al cabo es cuestión de simple supervivencia.

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El blog y su discontinuidad

A aquellos que hemos estudiado la lengua inglesa, los profesores nos suelen advertir de la existencia de determinadas palabras que pueden ser consideradas false friends (falsos amigos) o cognates (cognados) y son términos que por escribirse de la misma forma (o parecida) en español son confundidas, pero que en realidad en inglés significan otra cosa, y que nos pueden llevar a disgusto cuando realizamos un examen.

To discontinue es una de ellas y últimamente me la encuentro sobre todo cuando los blogs hacen referencia a servicios o programas que las empresas desarrolladoras abandonan. Según la Real Academia de la Lengua Española, discontinuo significa “interrumpido, intermitente o no continuo”, dejando la puerta abierta al restablecimiento de aquello que ha perdido su continuidad. Sin embargo, To discontinue significa "Interrumpir o suspender" de forma literal lo que no priva a los bloguers a trasladar el término a sus textos sin tener en cuenta el cognado.

Así, por ejemplo, una persona que haya leído las últimas noticias sobre Microsoft le habrá parecido que últimamente se encuentra en un estado completamente discontinuo, ya que además de abandonar su servicio de digitalización y consulta de libros, Live Search Books, también interrumpe el servicio de distribución de música digital, MSN Music, dejando a más de uno con cara de pardillo porque las canciones que compró a Redmond, tienen fecha de caducidad.

Hecha esta aclaración, anunciaros que los blogs también disponen de períodos de discontinuidad, en ocasiones por la propia incomparecencia de sus autores o simplemente por la dejadez de los alojamientos donde se hallan. Qué decir cuando un bloguer trata de publicar un texto intentando acceder a su bitácora pero ésta se encuentra caída aumentando su frustración. Dependiendo del hosting, esto puede ser usual o muy extraño, pero a todos se nos pasa por la cabeza la desazón sobre cuál habrá sido la suerte de la bitácora o, peor y posible, de la empresa que lo aloja (Que de todo hay).

En la mayoría de las ocasiones, no se suele pasar a mayores y el servicio se reestablece tras unas horas, sin embargo no hay mayor frustración para un bloguer que un post interruptus, cuando lo tienes todo listo para publicar pero por una razón u otra, no puedes hacerlo o pierdes todo tu texto. En nuestro caso, a veces, aunque cada vez menos, nuestro blog ha llegado a estar inaccesible durante horas, o incluso durante fines de semana completos, lo cual nos molesta soberanamente puesto que pagamos por que se nos ofrezca un servicio, aunque las comodidades sean muchas y las incomodidades discontinuas.

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¿Documentalistas científicos o científicos documentalistas?

Cómo la eterna discusión sobre qué fue antes si la gallina o el huevo, desde mi iniciación en la Biblioteconomía y Documentación he oído o leído más de una vez la eterna discusión sobre si es más eficaz un documentalista científico o un científico documentalista.

De todos es sabido que la formación de un bibliotecario/documentalista siempre ha sido multidisciplinar, aunque la titulación universitaria se enmarcara en un principio en el ámbito de las Ciencias Sociales y ahora en las Humanidades. Se nos suele considerar suficientemente formados para trabajar con eficacia en bibliotecas enfocadas al público en general, en las especializadas en disciplinas de estas dos áreas, así como en centros de documentación de los diversos medios de comunicación; pero a la hora de buscar un bibliotecario o documentalista que ejerza sus funciones en bibliotecas especializadas en Ciencias o más directamente en el ámbito científico -como apoyo a la investigación o la transferencia de tecnología-, la titulación en Biblioteconomía y Documentación no nos confiere precisamente ninguna ventaja.

Si miramos las ofertas de trabajo del ámbito científico en que podría encajar nuestro perfil documentalista -como expertos en recuperación y gestión de información-, nuestras posibilidades reales de ser seleccionados son ínfimas. La enumeración de requisitos suele incluir conocimientos sobre tareas tradicionamente documentales, a veces otras más "informáticas" como edición de páginas web o creación y gestión de bases de datos, así como la habitual exigencia de un alto nivel de inglés, que podremos superar dependiendo de la formación o experiencia de cada cual. Pero todo esto pasa a un segundo plano cuando de entrada no cumplimos el requisito primordial: poseer una licenciatura en Ciencias.

Reconozco mis limitaciones en campos como la Biología, la Química o las Ciencias de la Vida, que evidentemente coartarían el desempeño de mi trabajo como documentalista científica en estas áreas, pero ¿hasta qué punto es necesario un licenciado en estas titulaciones para realizar labores de documentalista? Y, ¿están éstos dispuestos a realizarlas?, porque entiendo que para un licenciado en Biología, por ejemplo, deben ser muy frustrantes tareas como catalogación e indización, búsquedas de información, gestión documental o cualquier otra similar, que cualquier documentalista realizaría alegremente. Pero, vistas las ofertas laborales, deduzco que sí están dispuestos.

Nadie vaya a creer que niego la importancia de una formación más que básica en el área científica concreta del centro de investigación, el conocimiento de su terminología y de los principios que la rigen; pero está claro que la precariedad laboral de nuestra profesión (como muchas otras), que nos lleva a pasar de una biblioteca médica, a una jurídica y luego a un centro de investigación especializado en Tecnología de Alimentos, por ejemplo, no nos permite especializarnos, ni se nos posibilita.

La otra cara de la moneda, en la que un licenciado en Ciencias ejerce funciones documentales, parece ser la opción más socorrida en este tipo de ofertas laborales. El no tener que formar al candidato en la disciplina científica concreta pesa sobre su mayor o menor capacidad como documentalista, que parece poder solventarse con cursos de apenas 20 horas. Además si, aplicando la economía del 2×1, a las tareas propiamente documentales se le añaden otras más científicas, como la redacción de informes científicos y técnicos, está claro que un conocimiento básico del tema no es suficiente.

Insisto. No niego la dificultad de trabajar en éstas áreas científicas y reconozco que es imprescindible adquirir unos conocimientos mínimos del tema, pero insisto igualmente en defender nuestras habilidades para desempeñar tareas para las que hemos sido especialmente formados.

No sé qué fue antes, si la gallina o el huevo, y tampoco si es más eficaz un documentalista científico o un científico documentalista; supongo que dependerá de cada puesto y cada profesional. Pero quizá la solución ideal sea, como en muchos otros casos, el trabajo en equipo entre documentalistas y científicos, en el que cada uno realice las funciones para las que mejor está preparado.

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Citas al libro /24

“Leer es el único acto soberano que nos queda”
Antonio Muñoz Molina

“Escribir es recordar, pero leer también es recordar”
François Mauriac

“No leas para contradecir o refutar ni para creer o dar por bueno, ni para buscar materia de conversación o de discurso, sino para considerar y ponderar lo que lees”
Francis Bacon

“Oír o leer sin reflexionar es una ocupación inútil”
Confuncio

“Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer”
Francis Bacon

“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”
Miguel de Cervantes

“Es casi imposible leer algo bello sin sentir deseos de hacer algo bello”
John Steinbeck

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