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Etiqueta: Libros

Forges, libros y tecnología

Poco a poco, hemos ido relajando las buenas costumbres como nuestra tira mensual de Bibliohumor. En esta ocasión, cuando se espera que uno de los regalos estrella estas Navidades sean los libros electrónicos (y los debates sobre la conveniencia de estos aparatos y sus formatos se prolonguen), os dejamos una tira publicada por Forges en abril de 2006, esperando que sea de vuestro agrado.

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Dementia Novella

Recientemente, os comentaba que iniciaba, posteriormente me percaté de que reiniciaba, la lectura de la novela La Gran Pesquisa de Tom Sharpe. Sin haber finalizado este libro por segunda vez, os puedo comentar que la trama aborda el mundo editorial anglosajón desde un punto de vista completamente irónico, como no podría ser de otra forma teniendo presente este autor, y uno de sus personajes principales, Fresnic un agente literario, en un determinado momento dado define la Dementia Novella o Bibliomanía como la necesidad imperiosa que tiene una persona por ver su trabajo publicado. Por supuesto que Sharpe se medio inventa el término, cruzándolo con la bibliomanía, siendo consciente de que muchos autores que todavía no han publicado sus historias lo único que desean es comprobar cómo su obra es finalmente impresa, aunque obviamente el criterio de los agentes literarios y de las propias editoriales choquen de manera frontal con las aspiraciones de los autores.

La Gran Pesquisa data de mediados de los años 70 del siglo pasado, así que Sharpe puede que hubiese cambiado la trama si escribiese su novela hoy en día. Las nuevas tecnologías favorecen que esa Dementia, si se quiere así, se vea reducida en primer lugar porque existen distintas herramientas de publicación on-line que favorecen una publicación sencilla y barata. Por otro lado, los autores siempre que dispongan un poco de constancia pueden conseguir alcanzar un público que aunque limitado pueda colmar sus necesidades.

También hay que señalar que los propios escritores publicados contemplan esta posibilidad destinada a autores menores o gente sin apenas nada que aportar, una visión un tanto injusta porque al fin y al cabo no todo el mundo puede llegar a ser accesible a un público generalista – incluso el nacimiento de la Web 2.0 y los blogs se la denominó como la “Revolución de los Idiotas”-, sin embargo los propios editores buscan llenar su fondo con títulos que a pesar de que vendan poco puedan aportar calidad a su catálogo.

Me gustaría saber cuál es la opinión de los escritores sobre la autoedición, ahora tan sencilla a través de la Web a través de Lulu o Bubok, cuando una persona disponiendo de un simple editor de textos (dejemos a un lado el software de maquetación QuarkXpress o Indesign) y un poco de paciencia puede maquetar su obra y poder contemplarla en papel, repartirla entre sus allegados, si se quiere, o incluso simplemente darse una satisfacción tras un “pequeño” esfuerzo del que se siente orgulloso.

Son muchos los aprendices de escritor que se enfrentan día a día a la hoja en blanco digital o rellenan sus libretas y toman apuntes constantemente cuando la musa los visita; muchos los que aspiran al sí quiero de sus editores, pero como todo son muy pocos los escritores que conseguirán subsistir con su creaciones. Sin embargo, el negocio del aprendizaje narrativo subsiste, al igual que nos encontramos escritores noveles a cada rincón, también podemos hallar cursos y libros que se publican para favorecer la búsqueda de las mejores técnicas de redacción. De hecho, los propios escritores tratan de ayudar a los aprendices dándoles consejos o explicando sus técnicas, Juan José Millás los retaba cada semana en el programa La Ventana en la Cadena Ser proponiendo la composición de cuentos; publicando libros sobre su técnica, Stephen King es uno de los escritores que conozco que más lo hace; o simplemente los libros sin finalizar nos dan muchas pistas de la composición literaria, El Último Magnate de F. Scott Fitzgerald es un buen ejemplo de ello.

Dementia Novella? Puede ser que sí, pero al igual que la novela murió desde hace años, la necesidad de comunicar e imaginar del ser humano no se ha reducido ni un ápice a lo largo de la historia. Soñar es gratis y escribir, de momento, también.

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Los libros perdidos de mis estanterías

Ayer terminé de leer un libro de aquellos que mis compañeras de trabajo sólo creerían que podría habérmelo comprado yo. Pero no os preocupéis sobre esta incógnita porque tiene merecida una reseña y en breve me dispondré a redactarla, por lo que el misterio durará bien poco. El hecho es que en mi intento de sortear mis lecturas de profesión, si se quiere, con las de placer, que cada vez me tocan menos, me lancé hacia mis estanterías, donde se agrupan en batiburrillo los libros leídos junto aquellos adquiridos que aguardan su suerte.

Sin embargo, en esta ocasión me he percatado de algo que hasta ahora no me había sucedido. Es justo comentaros que hace tiempo que no adquiero libros de forma compulsiva, es decir, no visito una librería ni dejo que mi mirada se pasee por las cubiertas de los libros, casi siempre, de bolsillo expuestos. La economía apremia ahora y también lo hacía entonces, cuando dejé esa costumbre tan sana, de tal modo que el último libro que compré considerando que sería el único en mucho tiempo fue Las uvas de la ira del que ya he dado cuenta. Ahora me percato de que tal vez el futuro me hacía un guiño.

Así pues, al mismo tiempo que he ido apartándome de las lecturas relajadas y del género de la novela, me alejé también de las librerías e inconscientemente de mis estanterías hasta que volví a ellas y parece que dos años hayan resultado dos décadas. Repasando los títulos que atesoran, me he percatado de que muchos de los volúmenes que desfilan sobre ellas son unos desconocidos para mi… O puede ser que no. Es decir, me he encontrado frente a una situación que hasta ahora no había encarado, el momento que no recuerdas si un libro lo has leído ya o simplemente te está esperando a que lo hagas.

Por supuesto que no sucede con todos, algunos sé que ya están leídos, otros que merecerían una segunda lectura, pero ese gran conjunto de páginas de Tom Wolfe, por cierto tengo tres títulos de este autor incluyendo La hoguera de las vanidades, no sé si ya fue leído cierto verano o si fue comenzado y abandonado con la misma rapidez. Porque soy de la condición de los que creen que no hay necesidad de engullir todo lo que redacte un escritor por mucho que los críticos literarios insistan sobre ello.

Finalmente, me he decidido por La gran pesquisa de Tom Sharpe sin saber a ciencia cierta si ya lo leí, aunque las aventuras de Blott soy consciente de que ya las viví. En cualquier caso, esta situación que me da un toque de atención sobre mi madurez, aunque podría haber sido peor. Podría haber comprado un libro que ya había leído, que tenía en casa y que no me gustó. Pero eso lo dejo para, tal vez, dentro de diez años más y puede que para entonces os pueda detallar el título del libro que me compré dos veces.

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“Libros (2)” de Mario Benedetti

Quiero quedarme en medio de los libros
vibrar con Roque Dalton con Vallejo y Quiroga
ser una de sus páginas
la más inolvidable
y desde allí juzgar al pobre mundo
no pretendo que nadie me encuaderne
quiero pensar en rústica
con las pupilas verdes de la memoria franca
en el breviario de la noche en vilo mi abecedario de los sentimientos
sabe posarse en mis queridos nombres
me siento cómodo entre tantas hojas
con adverbios que son revelaciones
sílabas que me piden un socorro
adjetivos que parecen juguetes
quiero quedarme en medio de los libros
en ellos he aprendido a dar mis pasos
a convivir con mañas y soplidos vitales
a comprender lo que crearon otros
y a ser por fin
este poco que soy.

En homenaje a uno de nuestros poetas favoritos.

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Libros y lectores 2.0

Tal y como os comentamos, la semana pasada en Valencia participamos en la mesa redonda celebrada en la Fnac, Libros y Lectores 2.0, a la que Javier Celaya tuvo a bien a invitarnos. Junto a Javier Leiva y Jorge Serrano, estuvimos hablando durante más de una hora sobre los posibles futuros del libro en una sala bastante repleta y que supo dar juego proponiendo diversos temas a debatir.

Imagino que, al igual que los asistentes, podemos resumir que el futuro del libro es bastante incierto y mucho más teniendo presentes los terribles cambios que a los que está siendo sometido el mundo editorial. Por un lado, es bastante probable que el libro impreso no desaparezca, pero que otros productos ligados al sector editorial, como serían los medios de comunicación impresos, evolucionen hacia un consumo a través de diversos dispositivos. Y es importante recalcar lo de diversos, puesto que el consumo del libro electrónico todavía está por definir. No está claro que sean los dispositivos e-books, junto a su tecnología de tinta electrónica, los que vayan a establecerse como medio para el consumo de estos productos. De hecho, es bastante probable que el futuro nos encontremos con híbridos a medio camino entre el libro electrónico y el ordenador portátil que vayan un poco más allá para facilitar la lectura. Así, por ejemplo, a los nuevos dispositivos se les añaden funciones de reproducción de MP3 o de agenda, por lo que no es descartable que un hardware tipo netbook pueda convertirse en el soporte de lectura.

Lo que no cabe duda es que el libro electrónico, ya se trate de complementar o de sustituir al tradicional, ha venido, esta vez sí, para quedarse. Es posible que después de diez años desde el lanzamiento de los primeros e-books comerciales, el libro haya encontrado por fin lo que le venía haciendo falta: Un distribuidor importante. Y ha sido la tienda virtual Amazon la ha apostado en situarse dentro del mercado ofreciendo, por un lado ser el distribuidor y, por otro, ofreciendo la tecnología necesaria para el consumo de estos libros digitales. También es interesante señalar que Amazon no se ha cerrado a otras alternativas como la utilización del iPhone para el consumo de sus fondos bibliográficos.

Sin embargo, no podemos olvidar al gran actor de los contenidos en la web: Google. El gigante de Mountain View se ha lanzado a digitalizar todo libro impreso y conservado dentro de las principales instituciones educativas de todo el mundo. Puede ser que cruzando la línea, derrotando a los grandes legisladores y a los políticos que comprueban que sus intentos a penas pueden hacer sombra al ímpetu del gigante de internet.

Por supuesto que lo ha hecho consciente del futuro, del acceso a través de dispositivos móviles y de la ubicuidad en la Red. Cuando los dispositivos evolucionen, cuando leer a través de un terminal informático no nos suponga un gran esfuerzo, Google ya estará posicionado, más allá de las editoriales tradicionales o de Amazon, ofreciendo contenidos y haberse movido en el tablero del futuro del libro sin que los editores ni los autores se percaten de que no controlan muy bien qué se hace con sus contenidos ni cómo se consumen.

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En la mesa redonda “Libros y lectores 2.0 ” en Valencia

El próximo 9 de marzo a las 19h estáis invitados a participar en la mesa redonda Libros y lectores 2.0 que se celebrará en la Fnac de Valencia en el marco de la presentación del libro publicado por Javier Celaya La empresa en la Web 2.0. Dentro de la mesa, se debatirán aspectos sobre el impacto de las nuevas tecnologías en el mundo del libro, su futuro (el impreso y el digital), los nuevos hábitos de lectura en pantallas, la transformación de las bibliotecas dentro del marco de la Web 2.0, el papel de las nuevas tecnologías en el fomento de la lectura, etc.

Los componentes de la mesa serán:

  • Javier Celaya, socio fundador de Dosdoce.com, que actuará como moderador de la mesa.
  • Jorge Serrano-Cobos, especialista en diseño de sistemas de información, usabilidad y accesibilidad y socio de Masmedios.com.
  • Javier Leiva, Profesor de Información y Documentación en la Universidad de Vic y socio fundador de Catorze.
  • Marcos Ros-Martín, coautor de este blog.

También podéis ampliar información en Facebook y apuntaros.

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Las lectoras de Edward Hopper

Hace unos días, Marcos recordaba una de nuestras aficiones favoritas y que, lamentablemente, estabamos descuidando: mostrar como el mundo de los libros, las bibliotecas y los bibliotecarios quedaba reflejado en el cine. Otro tanto hemos hecho en ocasiones en la literatura o en el comic, principalmente en la sección bibliohumor, y más de una vez nos hemos planteado ver también cómo se refleja nuestro mundo bibliófilo en el arte.

Como cada nuevo año, todos empezamos con buenos y nuevos propósitos que raramente llevamos a buen puerto; pero quizá, mostrar como la lectura y los libros han inspirado a grandes pintores, no sea una meta tan inalcanzable. Y para empezar con buen pie, he escogido a uno de mis pintores favoritos del pasado siglo, Edward Hopper.

Cuando Edward Hopper (Nyack, 22 de julio de 1882 – Nueva York, 15 de mayo de 1967) pinta en sus cuadros la América que conoció: las grandes ciudades, las pequeñas ciudades provincianas, los campos cortados por postes de telégrafos y vías de tren, los faros frente a mares que no podemos vislumbrar; éstos reflejan una soledad que golpea con su crudeza la mirada del espectador.

Los escasos personajes que aparecen en sus cuadros habitan en su propio mundo solitario, mudos, aislados, sin comunicarse entre ellos; pero las múltiples lectoras que pueblan sus cuadros no me dan la sensacion de que su soledad sea tan terrible, ya que su mundo interior se expande con la lectura de un libro en la privacidad de su habitación, una revista en un largo viaje, un periódico mientras descansan en su lugar de trabajo o, incluso, un folleto publicitario o el programa de una obra de teatro mientras espera que comience la representación.

A pesar de la impersonalidad de una habitación de hotel, de rodearse de extraños en su vestíbulo, o de lo efímero de un viaje en tren, sus lecturas las acompañan y las enriquecen ampliando su horizonte.

Chair Car (1965)
Chair Car (1965)
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