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Podríamos decir que se trata de una ley de Murphy informacional que ya recogimos la semana pasada, siempre se encuentra lo que no se busca, o podríamos considerar que se trata de la Serendipia que ya nos estuvo definiendo David hace unos meses. El caso es que, una cosa u otra, estaba buscando otro texto entre los añejos microfilms del Diario Levante, cuando me topé con un artículo de opinión sobre la Biblioteca Nacional de hace más de 80 años.
Obviamente, como blogger, no podía dejarlo pasar por alto y, tal como se publicó, os lo transcribo. Disfrutadlo que no tiene pérdida.
En las I Jornadas sobre Gestión del Conocimiento en los Centros de Documentación, recientemente celebradas en Valencia, tuve ocasión de asistir a la ponencia de Eduardo Manchón titulada «El usuario como generador de Arquitecturas de Información».
Manchón proclamaba que, en la actualidad, no existe un sistema de búsqueda capaz de competir con Google en cuanto a la eficacia de sus resultados ya que la estrategia de búsqueda «site«, que restringe la búsqueda al sitio web en cuestión, ofrece mejores resultados que cualquier sistema de búsqueda propio. Para ilustrar este hecho, comentaba el sistema de búsqueda PubMed (proyecto desarrollado por la National Center for Biotechnology Information (NCBI) en la National Library of Medicine (NLM) y que permite el acceso a bases de datos bibliográficas biomédicas compiladas por la NLM), que no era capaz de alcanzar la eficacia de Google en la localización de sus propios documentos.
Como siempre nos recuerdan, Biblioteconomía y Documentación dispone de un amplio abanico de salidas profesionales, pero en realidad la más socorrida y deseada es la de las oposiciones. Por suerte, uno de los aspectos en los que se ha mejorado en los últimos años a la hora de optar a las pocas plazas de empleo público en Archivos, Bibliotecas y Centros de Documentación que se ofertan, es la inclusión de los titulados en Biblioteconomía y Documentación dentro de sus bases. Aunque pueda parecer obvio ya que dichos titulados son los realmente especializados en estas materias, hasta no hace mucho estas plazas eran ofertadas exclusivamente para licenciados en otras carreras como Historia, Geografía, Filología o Filosofía. Ahora, sin embargo, son los Diplomados en Biblioteconomía y Documentación y los Licenciados en Documentación los que realmente tienen más posibilidades de conseguirlas.
Personalmente, nunca me había presentado a unas oposiciones pero, dado el panorama profesional poco halagüeño al que me enfrento, he decidido tratar de presentarme al mayor número posible de ellas. Todos conocemos lo complejo que resulta ser adjudicatario de una plaza, no es algo que se consiga a la primera, sino que es más bien una cuestión de paciencia y perseverancia. Para esta primera vez, la paciencia y la dedicación era lo único que me faltaba, puesto que mi mente se encontraba en otros proyectos. Así que me planteé una meta realista: adquirir cierta experiencia en el mundillo del opositor e intentar, dentro de lo posible, entrar en la bolsa de trabajo.
Nadie podrá negar que el modelo económico en España está evolucionando desde los distintos sectores económicos (Agricultura, industria y servicios) debido a la Globalización de los mercados. Los retos a los que nos enfrentamos pasarán por ser traumáticos en algunos de estos sectores debido a que no se ha fomentado convenientemente la transición económica ante el brutal cambio industrial que se avecina. Las grandes inversiones que están realizando algunas compañías nacionales e internacionales en territorio asiático, sumada a la gran capacidad competitiva de estos países (no entramos en consideraciones), que seguramente realizarán su revolución económica durante este siglo XXI; nos abocan sin remedio a una transformación esencial dentro del marco económico en el que vivimos. Ya escribí en otro artículo sobre la necesidad del cambio, que la economía española debía encarar de una vez la transición de la Sociedad Industrial desde la que partimos hacia la Sociedad del Conocimiento. No cabe duda de que si se quiere sobrevivir la transición debe comenzar sin demora y podemos estar seguro que la economía de España puede hacerlo sobre todo porque tiene mano de obra lo suficientemente bien formada para mostrar sus capacidades a la hora de asumir este reto. Pero, debemos de reconocer que lo que se echa en falta son infraestructuras y capacidades materiales para ello.
Los documentalistas somos conscientes que debemos tomar parte de una forma proactiva en este cambio, que seremos el vértice en esa transición, que la Sociedad del Conocimiento será un peldaño más hacia nuestro reconocimiento dentro de la Sociedad como profesionales capaces y útiles para su desarrollo. Sin embargo, todavía tenemos que derrocar algunas estructuras internas del pasado que permanecen, debemos de creer en nosotros y, sobre todo, ser capaces de asumir los retos que actualmente se nos presentan y superarlos.
Recientemente acudí al Hospital Universitario La Fe de Valencia para una revisión rutinaria. Como había cometido el grave error de no ir convenientemente pertrechada de algún libro para pasar el tiempo, mientras esperaba mi turno en la bien llamada “sala de espera” curioseaba a mi alrededor.
En un momento de la espera, aparecieron dos mujeres ataviadas con bata blanca que, teniendo en cuenta su vestuario, lo mismo podrían haber sido celadoras, auxiliares de cualquier tipo o jefas de cirugía: la bata blanca ni discrimina ni distingue de clases. Se acercaron a una consulta y, tras colgar un cartel junto a su puerta, depositaron sobre una mesa una bandeja con un montón de libros. ¡Libros!. Obviamente, no pude contener mi curiosidad y me acerqué presurosa para averiguar de qué se trataba. Estos libros eran volúmenes finos, de pocas páginas y pertenecientes a la colección Alianza Cien. El cartel rezaba
ESPERO LEYENDO
Los usuarios que entren a la biblioteca de Ciencias Sociales Gregorio Maians del Campus de Tarongers de la Universitat de València durante este mes de mayo se llevarán una desagradable sorpresa. En el mismo vestíbulo, se puede asistir a una exposición dantesca para lo que se supone que debería ser una biblioteca dentro de un país civilizado. No es la primera vez que se realiza una exposición de estas características, ni seguramente será la última, pero la muestra de ejemplares librarios maltratados por los propios usuarios, en este caso universitarios y profesores lo que es más censurable, es un ejemplo de educación hacia el usuario que todas las bibliotecas deberían comenzar a adoptar. Debemos de tener presente que algunos de estos ejemplares maltratados tienen decenas de años o se trata de ediciones agotadas y por ello imposibles conseguir de nuevo. Sobre su tipología es variada, tenemos ejemplos de manuales, catálogos, obras de referencia, atlas, revistas, resúmenes del BOE y del DOGV (Diari Oficial de la Generalitat Valenciana), repertorios de legislación y jurisprudencia.

En un primer momento, podríamos llegar a considerar que se trata de libros que han sido subrayados y marcados por los estudiantes universitarios, que se desprendiese algún dibujo o alguna frase apasionada, que tal vez les falte alguna hoja desgastada por el uso, pero la realidad siempre supera a la ficción. El deterioro se ha producido por actuaciones de diversa índole que, indeseables todas ellas, incluyen las anteriores y peores actuaciones. Podemos poner algunos ejemplos, como el robo descarado dejando en las estanterías tan sólo las tapas, el lanzamiento de los materiales a través de las ventanas de la biblioteca, algunos cayendo al foso del edificio, el segmentamiento de los libros arrancando escalonadamente capítulos para finalmente llevarse el libro…
Todos los años, la Universitat de València organiza unas sesiones informativas sobre las diferentes titulaciones que imparte para los alumnos de nuevo ingreso. Aunque en su momento alguno de nosotros ya acudió a una de estas sesiones, la perspectiva de poder comprobar cómo se explicaba la carrera de Biblioteconomía a gente que la desconocía nos resultaba tentadora.
Después de deambular por los pasillos y escaleras que conforman el edificio histórico La Nau, lugar primigenio de la Universitat de València a principios del siglo XV, localizamos finalmente la sala en que se haría la presentación de nuestra titulación. A quince minutos escasos para su inicio pudimos comprobar que, o bien por falta de interés, de pereza o de desconocimiento de la presentación, la afluencia de público era realmente escasa, tan sólo once personas entre las que nos contábamos nosotros dos. Esta cantidad contrastaba claramente con la veintena que escuchaba la presentación precedente sobre la Licenciatura en Filosofía.