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Categoría: Tecnología

Uber, la competencia pura y perfecta se sitúa en el mundo real

uberizacionHace unos años, recogíamos que en Internet se daban las condiciones para que se produjese la competencia pura y perfecta. Esta afirmación se centraba en los medios de comunicación y la facilidad a la hora de publicar un sitio web, el bajo coste de su mantenimiento y la sencillez a la hora de acceder a la competencia. ¿Es posible que esa competencia pura y perfecta se esté trasladando más allá de la información hacia el sector servicios? ¿Es la uberización de la industria la demostración de la hipótesis teórica de Leon Walras?

Sharing economy

Los sistemas de intercambio de bienes y servicios entre particulares han encontrado en Internet la vía para su crecimiento, ya que facilitan las conexiones entre iguales que desean compartir sus posesiones. Haciendo que el compartir sea mucho más sencillo.

El crecimiento de la “economía de la colaboración” podría llegar a suponer una amenaza a distintas industrias ya establecidas. Por lo que las empresas deberían entender y posicionarse dentro de ese marco competitivo, adaptándose y obteniendo nuevas fuentes de ingresos.

Existe una tendencia en la que los consumidores en vez de comprar y poseer productos, están cada vez más interesados en alquilarlos y compartirlos. La filosofía o el modo de vida que se encuentra detrás de la economía colaborativa es el ahorro de recursos creando un modo más eficiente y responsable de consumo. Esto es lo que se ha denominado como consumo colaborativo y las empresas tratan de desarrollar nuevos productos servicios centrándose en esa tendencia.

Los tipos de economía colaborativa pueden ser divididos en tres grupos, según Rachel Botsman y Roo Rogers. El primero de los grupos se fundamenta en los sistemas de producto o servicios que permite a los miembros que pertenecen a él compartir distintos productos que pertenecen a empresas o personas privadas. La segunda tipología se centra en mercados redistribuidos que permite que varios miembros puedan ser copartícipes de la propiedad de un bien. El tercero de ellos son los estilos de vida colaborativos en los que se comparten bienes no tangibles como el tiempo, los conocimientos o espacio y se encuentran apoyados por plataformas tecnológicas.

Existen seis maneras en las que las empresas pueden responder ante el aumento de la economía colaborativa:

  1. Promocionando el uso de un producto más que su posesión.
  2. Apoyando a los usuarios que deseen revender sus productos.
  3. Explotando los recursos y las capacidades infrautilizadas.
  4. Ofertando servicios de mantenimiento y reparación.
  5. Usando el consumo colaborativo para atraer a nuevos clientes.
  6. Desarrollando nuevos modelos de negocio basados en el consumo colaborativo.

Uber, la paradoja de la economía de la colaboración

Uber Inc. es una empresa californiana que desarrolla, gestiona y opera aplicaciones móviles para la gestión de redes de transporte. Básicamente lo que facilita es que un usuario que dispone de un coche particular pueda transportar a otro que no lo tiene en un punto geográfico concreto desde un punto A al B gracias a una transacción económica. Uber no vende tecnología, oferta un servicio basado en tecnología estableciendo una red de transporte propia, lo que corrobora la tendencia de que el software se está revolucionando al mundo. Cada vez más empresas se basan en el software para ofertar sus servicios online, desde películas, a la agricultura a la defensa nacional. En Estados Unidos, muchas empresas de Silicon Valley están provocando disrupciones en cada vez más sectores industriales.

Uber es un mero intermediario haciendo que la demanda y la oferta de transportes urbanos se conecten. Sin embargo, la irrupción de Uber en el sector del transporte no ha estado exenta de polémica siendo los taxistas los mayores damnificados por la aparición de esta plataforma además de otras. Pero, introducirse en un mercado altamente regulado como el del transporte, tratando de ajustar precios y sin someterse a las mismas reglas de mercado y tributarias que el sector tradicional del taxi, ha significado para Uber ser prohibido en distintos países y tener que pleitear en distintos tribunales para que se les permitan operar.

Uber gestiona una red de transporte, sin embargo las barreras de entrada son bajas y la competencia bien puede arrancarle su fuerza de trabajo (trabajadores). De hecho, en EEUU, algunos conductores trabajan indistintamente con Lyft y Uber, por lo que estas empresas se diferencian únicamente en la extensión de la Red, la imagen de marca y el margen que obtienen con una u otra plataforma. Asimismo, los conductores uberizados no suelen dedicarse a tiempo completo al transporte de personas, si no es una manera de ganarse un extrasalarial.

Tal vez por ello, Uber también ha demostrado un lado oscuro más allá de los beneficios a la hora de mejorar la oferta de transporte urbano. En Estados Unidos, se considera que Uber funciona bastante bien, la aplicación no tiene bugs, los coches que ofrecen el servicio se encuentran limpios, los conductores son educados y llegan con relativa rapidez, sin embargo su comportamiento corporativo no ha sido tan limpio:

  • Coacciones a los conductores para que se incluyesen dentro del servicio low cost UberX que es menos rentable para ellos.
  • No ser sincero respecto a los beneficios económicos que se obtienen al conducir para ellos.
  • Extender rumores sobre la competencia cuando está en búsqueda de financiación (Lyft). Puede que la práctica sea común en EEUU, pero no se la considera ética.
  • Fijación de precios predatorias en las horas pico. En Nueva York, distintos conductores de UberX protestaron por la agresiva política de precios que hacía que los trayectos fuesen más baratos que los taxis, pero a costa del margen de los conductores.
  • No comprobar los antecedentes de sus conductores con la suficiente diligencia.
  • Ser poco permeable a las críticas. Un alto cargo sugirió la investigación y la publicación de la vida de los periodistas que los criticasen.

La Uberización de la economía

Uber es un ejemplo de la traslación del mundo interconectado de Internet con el mundo físico. Así como los medios tuvieron que enfrentarse a esa competencia pura y perfecta, cada vez más sectores se enfrentan a ese hecho. Uber es uno, aunque otras empresas como Airbnb también tienen que lidiar con la legislación y los grandes operadores ya establecidos en el sector.

Cuando sólo se necesitan plataformas para conectar oferta y demanda, cualquier actor puede introducirse en el mercado usando los terminales móviles. Amazon Home Services es uno de los ejemplos más significativos. Ofertado en 41 estados de EEUU, Amazon ofrece la opción de contratar un fontanero, un jardinero, un electricista, un limpiador o un profesor de refuerzo para los niños, de actividad extraescolar como guitarra o incluso profesor de gimnasio.

La uberización económica, término acuñado por Nassim Nicholas Taleb, supondrá la gradual desaparición de los tradicionales puestos de trabajo en tareas que serán asignadas a personas justo cuando sean necesitadas con salarios que se establecerán dependiendo de la oferta y la demanda, con el rendimiento de los trabajadores constantemente medidos, revisados y sometidos a la satisfacción del cliente final.

Todo será susceptible de ser uberizado. La cuestión será si se hace con la suficiente seguridad y en beneficio público y social. El mercado laboral, las relaciones entre oferta y demanda de empleo, entre empresario y trabajador se transformarán en algo completamente diferente en el que más formado o el que disponga de mayores recursos podrá trabajar.

Una imagen que no se aleja en exceso a esas camionetas que de madrugada se acercan a un punto determinado de las ciudades y que recogen a los temporeros dependiendo de su aspecto físico y salud para trabajar en el campo. La desintermediación y deshumanización de la fuerza laboral del siglo XIX en el XXI.

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Cuando Google fue bueno

crossroadsHubo un tiempo en el que lo denominábamos santo. “San Google” para diferenciarlo con otras compañías que aparentemente se encontraban mucho más centradas en el dinero, en los réditos y en los accionistas. Sus productos eran tan buenos que lo elevamos a los altares. Google proveía gratuitamente mientras otros pretendían pasar el plato. Don’t be evil era su eslogan y nosotros nos creímos su mantra.

Google dispone de muchos productos exitosos, también de fracasos que atienden a la gran cultura innovadora americana. Aunque Google parece haberse convertido en una empresa gris en cuanto a servicios de web se refiere.

El correo web de Google, Gmail, sacudió Internet cuando fue creado en 2004 y completamente abierto en 2007. Ofrecía un gigabyte de espacio, algo que hasta aquel momento era completamente inaudito. Hubo que armarse de paciencia para conseguir una invitación, aunque la larga espera mereció la pena. Llegó un punto en que tener una cuenta en Gmail era estar in, mientras que tenerla en Hotmail era estar out. Finalmente, puede que su mala imagen provocó que Microsoft cerrase el servicio en agosto de 2008 y prefirió que su correo quedase ligado completamente a Outlook, su software de gestión del correo.

Gmail nació como un servicio en Beta. Puede que mantuviese esa etiqueta en consonancia a la Web 2.0, la filosofía de la innovación constante y de los productos que nunca pueden darse por cerrados. Esa etiqueta no la abandonó hasta 2009. Por supuesto que generaba controversia. A diferencia de otros, incluía publicidad contextual lo que implicaba que Google necesariamente tenía que leer los correos que sus usuarios enviaban y recibían. Gmail ofrecía pequeñas innovaciones de vez en cuando bajo la denominación Gmail Labs y era el propio usuario el que debía activarlas, aunque algunas se incorporaron completamente al servicio de correo. Una de estas innovaciones fue Google Buzz, anunciada en 2010, en un movimiento reactivo contra Twitter. Fue un completo fracaso, estropeando la experiencia de usuario de Gmail y saltarse la privacidad de los usuarios ya que se activó automáticamente. Cerró un año después.

Otro de los movimientos de Google para atajar la competencia y, en este caso Facebook, fue Google+, la esperada red o capa social de Google. Tras el rediseño de su página principal, la red social de la compañía de Mountain View demostró que tal vez no sabía ser social a pesar de haber entendido el gran sistema democrático que se había fundamentado Internet.

Google Wave fue otra de las grandes cosas que la empresa tecnológica estaba cocinando. Iba a ser un servicio completamente disruptivo, su particular revolución en correo electrónico y los entornos colaborativos. Sin embargo, nadie excepto los ingenieros de Google llegaron a entenderlo. Finalmente, tuvo que cerrarlo en 2010 tras un año en funcionamiento. Actualmente, el concepto sobrevive bajo la denominación de Apache Wave.

Sin embargo, Google también dispuso de éxitos como Google Maps fue otro de los servicios que nos cambió la manera de movernos. Simplemente nos cambió la vida. Adquirido en 2004 por Google, su inclusión como servicio de mapas por defecto en el iPhone barrió a compañías que comercializaban productos de geolocalización como TomTom. A posteriori, Apple decidió desligar su teléfono móvil al servicio de Google y lanzó, en su momento, la calamitosa Apple Maps. Las razones de Apple eran obvias. Un móvil y el servicio de Google Maps era una mina de información para la compañía de Cupertino y Mountain View. Sólo la consulta del historial guardado por Google da un poco de miedo.

Google Reader que se erigió como el Rey de los lectores de RSS tras destronar a otros que llegaron primero como Bloglines. Quedó abandonado y cerrado porque según se argumentó entonces no tenía una base suficiente de usuarios. Fue sólo entonces cuando los internautas descubrieron horrorizados que ese Google ya no era el suyo, que había cambiado, aunque señales no faltaron nunca. Esto fue en 2013.

Internet había cambiado para entonces, el navegador ya no era la principal fuente de interacción con ella. Android, impulsada por la compañía de Palo Alto, se había situado como una de las plataformas más importantes de telecomunicaciones y Google parecía querer centrarse más en los gadgets como Google Glass, wearables y medios de transporte.

Durante tantas batallas, en las que intentó pasar el rodillo con mayor o menor fortuna, Google podría haber descuidado su servicio estrella, su buscador. Pareció olvidar que su posición predominante en el mercado de las búsquedas no es eterno, pero no lo ha hecho. La Fundación Mozilla decidió toserle y arrebatar a Google el privilegio de ser su buscador preconfigurado para mejorar su posición competitiva en el mercado de los buscadores, se lo cedió a Yahoo, lo que ha tenido sus consecuencias, y está dispuesta a hacer valer su posición de privilegio otra vez. Sigilosamente, fue investigada por manipular los resultados de las búsquedas, amenazar a distintas web de excluirlas de su índice si no les permitía usar su contenido, y que casi ha derivado en un juicio que hubiese tenido unas consecuencias imprevistas.

Google fue santo, pero ya va siendo hora de bajarlo del pedestal.

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El RSS ha muerto… ¿Lo podemos enterrar ya?

Son las 7.30 de la mañana. Mientras espero en la parada del Metro, me uno al ritual de los pasajeros que aguardan la llegada del próximo tren. Deberíamos llamarnos “los cabizbajos”, la inmesa mayoría tenemos la mirada clavada en el teléfono móvil. Absortos, ajenos a lo que pasa alrededor.

Es posible que mis próximos compañeros de viaje no sigan ni de lejos mi dieta informativa, más preocupados por otros menesteres seguramente más interesantes como Whatsapps y Facebooks. Personalmente, primero, me dirijo al diario El País, posteriormente a mi lector de RSS –Feedly tras la muerte de Google Reader- y posteriormente me paseo por Twitter.

Al RSS se le ha matado tantas veces que parece destinado a desaparecer sólo por insistencia. Desde el anuncio de cierre de Bloglines en 2010, aunque al final no sucedió y fue rescatado in extremis, ya se preconizaba la muerte de ese sistema de difusión de la información. Han pasado cuatro años y las hecatombes sobre el RSS se han ido sucediendo. Desde el abandono del sistema publicitario de Feedburner por parte de Google (en realidad una lenta agonía puesto que no recibe una actualización desde hace años), la ocultación que hace Twitter de sus RSS, el ya comentado cierre de Google Reader que supuso todo un terremoto dentro de la Web y el surgimiento de otras alternativas como Feedly que han tratado con relativo éxito y algún que otro problema rellenar el hueco dejado por Google.

Pero no nos dejemos engañar. Al RSS cada vez le amartillan más clavos en el ataúd. Los propios sitios web más interesados en las visitas que en la influencia que puedan llegar a tener -¡ay!, las métricas- y Google que lentamente va cerrando puertas a su entorno vallado, por ejemplo en YouTube, (lo que es lícito claro). Admitámoslo, el RSS está destinado a las élites, a los profesionales que se encargan muy mucho de escoger lo que leen y cuándo lo leen. Desgraciadamente, nadie va a gastar recursos para un puñado de personas que saben lo que quieren y cuándo lo quieren, sin interferencias.

Habrá gente que asegura que cada vez acude menos a su lector de feeds, que prefiere otras vías de comunicación como Twitter o Facebook. Por supuesto, claro que sí. Es la manera de no sentirse culpable por no poder leerlo todo, de no sentirse infoxicado ante tal cantidad de información o simplemente porque se ahorra una preocupación menos. Twitter es más inmediato, más rápido, más social y más sencillo. Pero no es eso. No es lo que buscamos. No queremos dejar ser informados al azar, queremos saber y sólo pudiendo elegir las fuentes de información, filtrando esa información (ahora lo llaman curación) y también compartiéndola

Si vamos a matar al RSS hagámoslo, pero que parezca un accidente. Seguramente más de uno llorará por él.

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El dilema del innovador

Uno de los libros favoritos de Steve Jobs era The Innovator’s Dilemma de Clayton Christensen. En él, se ahonda en las posibles razones por las que empresas exitosas, que pueden aparentar que lo están haciendo bien, en realidad se estén abocando hacia un abismo provocado por su incapacidad de detectar o negar los cambios inminentes en el mercado que hasta entonces dominaban. Se podría recurrir como ejemplos a Nokia o a Blackberry, aunque es cierto que la propia Apple tuvo que enfrentarse a su propio dilema.

Como se ha citado anteriormente, los éxitos y las capacidades de las empresas pueden constituir un obstáculo, restando capacidad para adaptarse a mercados cambiantes y a nuevas tecnologías. El triunfo puede provocar un sesgo a la hora de evaluar la situación real del mercado. Christensen diferencia dos tipos de tecnologías: las tecnologías de sostenimiento o incrementales y las disruptivas. Las tecnologías incrementales sirven para mejorar un producto que ya se encuentra en el mercado, mientras que las disruptivas pueden dejar en evidencia a un producto que resulta peor en su uso frente a otros que pueden ser más baratos, simples, pequeños o más convenientes de usar. Por otro lado, las tecnologías disruptivas aparecen de forma infrecuente, pero pueden poner en serios aprietos a aquellas compañías que sólo están preparadas para tecnologías incrementales.

Tras su exilio forzado de Apple, Jobs describió el fracaso de John Sculley, su sucesor al frente de la compañía, como una transición desde la pasión de hacer productos hacia la búsqueda del beneficio de la empresa primero y los accionistas después. Apple se enfrentó al dilema de la innovación, empujando sus productos para llegar un objetivo concreto, la búsqueda de resultados económicos, para posteriormente caer en esa trampa.

Tras la vuelta de Jobs, Apple tuvo que hacer frente a una reconversión con ajustes y despidos, sin embargo el nuevo CEO la reenfocó hacia el desarrollo de productos que los consumidores amasen usar, olvidando los beneficios como leit motiv principal de la firma. Desde el punto de vista de la compañía de Cupertino, no hay que preguntar a los usuarios qué quieren y cómo lo quieren, sino resolver los problemas que los usuarios no saben que tienen con productos que no sabían que querían.

La capacidad de detectar tecnologías disruptoras de Jobs, que ya se demostró en los inicios de Apple con su concepción del Macintosh, se demostró con tres productos que o bien ya existían o ya se habían ensayado: el iPod, el iPhone y el iPad. Sin embargo, Jobs era un genio capaz de identificar, desarrollar y situar en el mercado productos disruptivos, creando un nuevo ecosistema o un mercado para ellos, de forma consecutiva sin preocuparse de los resultados económicos. Un ejemplo es el miedo de canibalización que hace el iPad del Mac o el iPhone respecto al iPod en una era denominada postPC.

Lo importante para Jobs era el usuario, el diseñar productos que los consumidores amasen. Sin embargo, tras la muerte de su fundador, Apple se enfrenta de nuevo al dilema del innovador, los expertos esperan mejoras incrementales, mientras esperan que saquen un nuevo conejo de la chistera con un nuevo producto completamente disruptor. Sin embargo, la detección de tecnologías disruptivas suponen todo un reto ya que los mercados que no existen no pueden ser analizados.

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De iPhone a un Android de gama media-baja… No importa

iphone-money

Apple está preocupada porque las ventas del iPhone se encuentran estancadas. Mientras comienzan los rumores sobre el tamaño de la pantalla, el grosor del terminal y el hardware del que dispondrá en nuevo iPhone 6; desde la compañía de Cupertino afirman que sus competidores han mejorado el hardware de sus dispositivos y el ecosistema de sus aplicaciones lo que ha laminado la ventaja competitiva de Apple. Además, consideran que los terminales de bajo coste pero con buenas especificaciones también les están arañando cuota de mercado frente a sus terminales baratos como el iPhone 4s.

Hace dos años y medio yo poseía un iPhone 4s. He hablado con muchos usuarios medios y lo consideraban como “lo mejor”, sin duda repeterían. Aunque algunos han tenido que acudir a la segunda mano para poder permitirse uno. En mi caso, tras dos años de uso intensivo, comencé a sentir que el smartphone comenzaba a quedárseme pequeño y desfasado.

A finales del verano pasado, Apple estaba a punto de anunciar el nuevo iPhone 5s, mientras que se rumoreaba insistentemente sobre un nuevo iPhone barato, así que decidí esperar un poco hasta comprobar cuál era nuevo terminal de Apple. Sin embargo, un hecho se cruzó en mi camino antes de la presentación de la compañía de la manzana. Google rebajó el precio de sus Nexus 4 ante la inminencia de la salida del Nexus 5. No me lo pensé y adquirir uno como posible reemplazo de mi iPhone. Sin embargo, no tardaría en descubrir que Android todavía no estaba listo. A pesar de leer referencias de personas que habían pasado de un iPhone a un Nexus satisfactoriamente, no era mi caso. Guardé el Nexus en un cajón y esperé a que se presentase el nuevo iPhone. Lo hicieron y sentí cierta decepción ya que era un producto inalcanzable.

Modelo iPhone Precio modelo menor capacidad ($) Precio siguiente modelo ($)
Primera generación (2007) 499 (4 Gigabytes) 599 (8 Gb)
3G (2008) 499 (8 Gb) 599 (16 Gb)
3Gs (2009) 599 (16 GB) 699 (32 Gb)
4 (2010) 599 (16 GB) 699 (32 Gb)
4S (2011) 649 (16 GB) 749 (32 Gb)
5 (2012) 649 (16 GB) 749 (32 Gb)
5s (2013) 649 (16 GB) 749 (32 Gb)

En la tabla superior, se muestra la evolución del precio de venta al público de terminales libres en el momento de su lanzamiento. Los precios están en dólares, sin embargo, en Europa la conversión se hacía directamente a euros. Es decir, si un modelo se lanzaba en EEUU a un precio de $599, se vendía a €599. Esto obviamente molestaba a los usuarios europeos del iPhone, ya que los teléfonos adquiridos en el Viejo Continente eran más caros comparativamente que al otro lado del Atlántico. De hecho, si hoy en día quisiésemos adquirir un terminal iPhone 5s en la Apple Store deberíamos abonar €699 que al cambio a día de hoy son $958 (Hablamos de precio final con impuestos incluidos).

Tras el lanzamiento de los nuevos terminales de Apple, ni siquiera me pude contentar con adquirir un iPhone 5 ya que dejaron de comercializarlos y precisamente ese modelo fue sustituido por los terminales de plástico, pero de colorines, 5c que, desde luego, no eran para mí. Como modelo de la gama más baja se quedaba el iPhone 4s con un precio de €399. Además, el lanzamiento de iOS 7 apretó un poco más a mi vetusto terminal, lo que me hizo percatarme de que el cambio comenzaba a ser necesario. Para más inri, a mi iPhone se le estropeó la batería justo cuando cumplió dos años. Sentí que la tan cacareada obsolescencia programada me abrazaba.

Así pues, tenía en mis manos un terminal viejo y obsoleto que no podía cambiar puesto que me parecía obsceno el precio de un terminal nuevo iPhone. La subvención de terminales en España por parte de las compañías telefónicas desapareció y ni se le espera. Además, las alternativas Android no me satisfacían, mientras que el sistema operativo del Nexus me resultaba deficiente en comparación con iOS con cuelgues y ralentizaciones injustificables. Sin embargo, afortunadamente todo cambió con Android KitKat.

La actualización limpia de KitKat mejoró lo suficiente el comportamiento del terminal Nexus, por lo que empecé a percatarme de que el cambio era posible. Además, la batería me permitía usar el teléfono con una carga diaria lo que personalmente me parecía suficiente y que con el iPhone hacía meses que ya no podía realizar.

Para entonces, no había vuelta atrás. Desgraciadamente, el Nexus acabó roto por mi torpeza y no dudé en cambiarlo por un terminal mucho más barato, el Moto G que hasta ahora me ha funcionado impecablemente.

Actualmente, Apple tiene en España una cuota de mercado del 4,8%, una cifra que se considera baja atendiendo a la situación de países vecinos de la Unión Europea donde alcanza hasta el 10%. No es difícil verlos por las calles, sin embargo son en su mayoría modelos antiguos 4s o 5. Personalmente, no creo que Apple tenga fácil remontar las ventas en la situación económica en la que se encuentra el país, la política de precios de la que siempre ha hecho gala y mucho menos con las alternativas baratas y muy satisfactorias que se están lanzando últimamente. Claro que Apple no hace teléfonos basura, pero desdeñar la gama baja puede ser un error que les salga caro. Aunque, claro, Android es para los pobres.

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La nomofobia, el síndrome que ya padeces sin que seas consciente

Nexus con la pantalla rotaEn un cierto concurso televisivo, a unas chicas jóvenes se les devolvía su teléfono móvil del cual se les había desprovisto durante semanas con el efecto inmediato de que no podían contener las lágrimas entre gritos de “¡mi móvil!”. En aquel momento, contemplé la escena con cierta incredulidad e incluso con cierto desdén, considerándola simplemente ridícula. No podía creer que un dispositivo de unos 100 gramos pudiese producir tal efecto en las personas, aunque es posible que al haber crecido sin móvil (eran inaccesibles para la gente corriente) me provocase cierto sesgo. Puede que hoy en día el mayor castigo al que se le pueda someter a un adolescente es arrebatarle el teléfono móvil. Castigo actualizado de aquel “encerrado en tu cuarto” en una suerte de rechazo y aislamiento social ante actitudes punitivas. Sin embargo, no era consciente de que el desconsuelo de las adolescentes del concurso era un síndrome que todos sufrimos aunque no nos hayamos percatado de él.

Nomofobia (no-mobile-phone-phobia) es el término con el que se han preocupado para designar un síndrome de estos días: el miedo irracional sin salir de casa sin teléfono móvil. Sin embargo, yo trataría de extenderlo, como miedo irracional a no tener teléfono móvil, aunque las razones vayan más allá del no tener al usar.

Hace unos días sufrí un accidente mediante el cual perdí mi teléfono móvil. No lo perdí, realmente, simplemente quedó completamente inhábil. Estaba encendido, pero por el golpe no podía interactuar con él, la pantalla táctil estaba rota. No podía apagarlo, no podía responder llamadas, no podía extraer la información que se hallaba en él. Era un objeto completamente inane. Lo dejé en casa siendo consciente que no habría manera de repararlo en un breve período de tiempo y la tarde del día siguiente compré otro.

El día siguiente sucedió con normalidad, habiendo abandonado aquel teléfono completamente inútil en casa. No, no sufrí ni sudores ni espasmos fríos por esa ausencia en el bolsillo. Habiendo decidido qué tipo de teléfono quería comprar, acudí a una gran superficie y adquirí otro terminal. Lo curioso es que mientras esperaba el metro en la estación sentí la necesidad de sacarlo de la caja y guardarlo en el bolsillo. Era un sentimiento irracional ya que ese teléfono no tenía tarjeta SIM por lo que no podía usarlo, pero aún así lo guardé en el bolsillo donde solía colocar el estropeado. Durante todo el trayecto lo llevé apagado hasta llegar a mi casa donde ya allí pude colocarle la tarjeta SIM y usarlo. En aquel momento, consideré mi comportamiento completamente ridículo, pero simplemente no pude evitarlo.

Mi extrañeza me llevó a comentárselo a una de mis hermanas. Me quedé sorprendido por lo que me ella me contó. Mi hermana se había cambiado de compañía telefónica recientemente, pero con cierta torpeza de manera que estuvo hasta cinco días sin poder usar el teléfono móvil. Sin embargo, me confesó que durante ese período de tiempo había sentido la necesidad irracional de llevarse el teléfono, completamente inhábil, con ella en el bolsillo.

Cuáles son las razones últimas de llevar un dispositivo apagado en el bolsillo, sin poder utilizarlo es algo que no llego a entender. Dentro de la irracionalidad consciente del acto en sí, no supimos refrenarnos. Podría ser por sentirnos de alguna manera conectados a nuestros conocidos, aunque fuese literalmente imposible hacerlo. La nomofobia está en nuestras vidas y nunca llegamos a saberlo.

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“Aproximación a la Biblogsfera española” de Miguel Ángel Vera

Los blogs, aunque parezcan adustos y pasados de moda, aún despiertan interés para ser estudiados. La sociabilización de Internet que iniciaron los blogs ha traspasado muchos ámbitos y se han creado infinitas plataformas para intercambiar información, pero que todavía se produzcan trabajos cuyo eje central sean los blogs y los contenidos que estos generan no puede hacernos olvidar las funciones que estos todavía tienen para aquellos que utilizan la Red de forma intensiva.

Es bien sabido que el término Biblogsfera nunca fue de mi agrado. Siempre me pareció un tanto falto de semántica y el hecho de que en aquel momento ya existiese un término inglés Biblioblogosphere debería haber facilitado la consolidación de otros. Sin embargo, no ha sucedido así, parece que Biblogsfera se ha terminado imponiendo por su comodidad a la hora de ser usado, al ser más breve y alejado de los trabalenguas con los que lidiamos hace unos años.

Aproximación a la Biblogsfera española (2013), trabajo de fin de grado de Miguel Ángel Vera Barceta, realiza un esfuerzo para dar unas pinceladas respecto a la comunidad de blogs que abordan temáticas relacionadas con la Biblioteconomía y la Documentación (ByD). Vera Barceta define la Biblogsfera:

Red de blogs especializada, descentralizada, multidireccional e interactiva, agrupada de forma natural por el interés común de autores y usuarios en alguna de las áreas de la Biblioteconomía y la Documentación y cuyo contenido es producido y dirigido a profesionales de este ámbito.

El trabajo está realizado en tres fases y sus resultados no dejan de ser interesantes. Por un lado, se realiza una encuesta a distintos profesionales para detectar el interés que suscita la comunidad de blogs de ByD, para posteriormente realizar un análisis cuantitativo descriptivo y otro cualitativo tipológico. Desgraciadamente, el trabajo se centra más en la descripción de los datos que en la realización de un análisis más profundo de la realidad de la Biblogsfera actual. Es posible que debido a que se trataba de un trabajo de fin de carrera el autor considerase este primer trabajo como suficiente para iniciar una reflexión mucho más amplia en un futuro.

Vera Barceta descarta a los blogs abandonados, sin detallar el criterio por el que considera en qué momento un blog debe entrar dentro de esa consideración. Considero que ese descarte un error. Además, si bien considera que existen 123 blogs activos, no estudia cuál es la tasa de abandono, si ésta está subiendo o está bajando. Por otro lado, no se detiene a estudiar qué tipo de blogs se están creando y desde qué instituciones. También, mide la productividad de todos los blogs al mismo nivel, sin entrar a considerar el número de autores que éste posee (Lo que facilita su mantenimiento a lo largo del tiempo). Por ejemplo, RecBib, Infotecarios y Biblogtecarios, ambas comunidades lanzadas por Julián Marquina uno de los mayores dinamizadores del Social Media dentro del ámbito bibliotecario, disponen de una gran cantidad de autores y algunos de ellos han ido abandonando la publicación de contenidos. ¿Cuáles son sus razones? ¿Han decidido crear el suyo propio? Por supuesto que las plataformas de publicación también pueden ser interesantes, la utilización de dominios propios, la identificación del blog con el autor, etc.

En definitiva, el trabajo es extensivo en cuanto a los datos recopilados, un esfuerzo loable e impresionante, sin embargo peca de ser excesivamente descriptivo. Un análisis mucho más profundo podría hacerse partiendo de los datos publicados y, sin embargo, el autor se muestra tal vez conservador en espera probablemente de un trabajo más profundo teniendo presente que se reservó el dominio Biblogsfera.com.

Finalmente, señalar los blogs resaltados como imprescindibles dentro del estudio de este documento:

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